ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

En el vecino país del norte, el sociólogo Robert K. Merton estableció un concepto fundamental para entender la conducta de los grupos humanos. Le llamó “profecía autocumplida”, consistente en alterar un resultado final debido a una creencia o expectativa incorrecta. A final de cuentas lo que nos quiere decir esta teoría es que si se define como real una situación, es real su consecuencia. Como ejemplo podemos señalar que si en una embarcación en alta mar sus pasajeros creen encontrarse en peligro y se agolpan todos en la proa, la consecuencia final es el hundimiento de la nave.

Entre los elementos que caracterizan estas “profecías que se cumplen por sí mismas”, el citado sociólogo consideró los siguientes aspectos: una definición falsa que genera una nueva conducta, la nueva conducta que convierte en verdadero el falso concepto y al cumplirse la profecía se perpetúa el error, pues sirve de prueba irrefutable.

Pero esto, que en casi cualquier país del mundo es resultado de una conducta colectiva, sin premeditación alguna, en México fue manipulado para obtener jugosas ganancias desde el poder público. Desde luego que no vino solo, Fue parte del “paquete” que nos trajo el modelo neoliberal.

Es ya conocido el elemento primario de dicho paquete que siguiendo las recomendaciones de Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), operadores ambos del llamado Consenso de Washington, fue privatizar las empresas públicas. Se privatizaron bancos, servicios telefónicos, fábricas de fertilizantes y cuanto se había acumulado como propiedad estatal. Pero había un escollo que no podían remontar, las dos empresas más grandes del país, PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que siendo apetitosos botines no podían ser entregadas a los amigos sin generar descontento social, A final de cuentas eran símbolos del nacionalismo que la lejana revolución mexicana sostuvo entre sus ideales.

Para lograr el objetivo de privatizar ambas megaempresas estatales, se fueron paso a paso, sin prisas pero sin pausas. La fórmula fue aplicar este concepto sociológico de “la profecía que se cumple por sí misma”: promovieron la idea entre la población de que las empresas de estado eran deficitarias y que su productividad no se comparaba con la de la empresa privada. No siendo esto real en sí mismo, si lo fue su consecuencia. Desde luego que ayudaron a través de políticas públicas que afectaron a las dos empresas  que estaban en la mira de los privatizadores.

En el caso de PEMEX la sangría fue por medio de los recursos que aportaba al presupuesto público a la par que con la corrupción en su administración. Basta recordar que en un año del gobierno de Vicente Fox, cuando el ingreso de la petrolera fue de 100 mil millones de dólares, los recursos que entregó a las arcas públicas rebasaron esa cantidad; desde luego que la empresa tuvo que recurrir a créditos para solventar sus obligaciones. El resultado de tantos años de expoliar a “la gallina de los huevos de oro”, fue una deuda de más de dos billones trecientos treinta y seis mil pesos para el año 2020; a la par de un abandono en las refinerías cuya producción cayó al 30 % de su capacidad y la disminución de la extracción de crudo por falta de inversión en dicha actividad.

La operación de desmantelamiento de la CFE, aunque se inició tiempo atrás, se aceleró con la presidencia de Peña Nieto y su reforma energética de 2013.

El camino tomado para “demostrar” la ineficiencia de la empresa fue a través de favorecer a sus competidores, generadores privados de energía y a grandes empresas con subsidios estratosféricos. La información al respecto ya ha sido hecha pública, por lo que solo señalaremos un “botón de muestra”. Las beneficiadas, BIMBO, Walmart y cadenas de tiendas OXXO, entre otras, pagan por kilowatt hora, un peso con veinte centavos; pero el consumidor con subsidio paga por ese mismo kilowatt dos pesos con treinta centavos  y el dueño de la “tienda de la esquina”, al igual que el pequeño empresario y el consumidor sin subsidio,  eroga tres pesos con diez centavos. El resultado es que CFE carga con una deuda cercana a los trecientos sesenta y cuatro mil millones de pesos.

¿Profecía que se cumple por si misma o desvergüenza de quienes gobernaron el país? O quizás ambas cosas a la vez.

 

Según Merton, en la profecía que se cumple a sí misma podemos observar los siguientes elementos:

  • Una definición falsa de la situación, la cual suscita una nueva conducta.
  • La nueva conducta que convierte en verdadero el concepto originariamente falso.
  • El cumplimiento de la profecía que perpetúa el error, pues el profeta citará el curso de los acontecimiento como prueba…

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