Técnica del golpe blando de Estado

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Roberto Hernández Guerra

Desde luego que nada de lo que está sucediendo es casual. A la permanente campaña mediática en contra de la 4T, a la infiltración de provocadoras en las marchas feministas, a la violencia selectiva en contra de periodistas “de a pie”, ahora se abren nuevos frentes. Ya no es suficiente con la desinformación proveniente del New York Times, el Washington Post  y el Financial Times respecto a la situación del país, ahora se suman los que podríamos considerar “pesos pesados” al golpeteo mediático: el Secretario de Estado norteamericano Antony Blinken y el  parlamento Europeo.

Todo lo que está pasando tiene una asombrosa similitud con lo que el politólogo estadounidense y consultor de la CIA, Gene Sharp, autor del libro “De la Dictadura a la Democracia”, llama “golpe blando”, “golpe suave” o “golpe encubierto” y para los cuales recomienda 198 métodos.

Aquí haremos un paréntesis para recordar una obra del italiano Curzio Malaparte, escrita en 1931 con el título de “Técnica del golpe de Estado”, en la que estudiaba los que por comparación podemos llamar “golpes duros” basados en la acción armada.  El autor hace un recuento de las más significativas acciones para tomar el poder, unas exitosas y otras fallidas. Comienza con la de los bolcheviques en la Rusia  de 1917, con León Trotsky a la cabeza; rememora el primer golpe de estado en la edad moderna, protagonizado por Napoleón Bonaparte aquel 18 Brumario (9 de noviembre de 1799); reseña la exitoso “marcha sobre Roma” de Benito Mussolini en 1922 así como el fracasado Putsch de Munich de Adolf Hitler en 1931.

Bueno sería que alguien hiciera un recuento de los golpes de estado de carácter tradicional, esto es, con la participación de las fuerzas armadas, que se dieron en nuestra América en el siglo pasado. Podrían comenzar con la traición de Victoriano Huerta y el Pacto de la Embajada, la toma del poder por el sargento Batista en Cuba y la muerte heroica de Salvador Allende defendiendo el Palacio de la Moneda; material de estudio habría suficiente y coincidentemente, en todos ellos encontraríamos la influencia de nuestros buenos vecinos del norte.

Pero regresemos a Sharp y las cinco etapas que considera deben llevar al derrocamiento de un gobierno democrático sin asustar a las buenas conciencias, siendo su característica la apariencia de legalidad a partir del apoyo de sectores del poder judicial, de los medios de información, de organismos no gubernamentales y de la llamada sociedad civil.

La primera etapa, según este autor, es promover acciones no violentas que generen un clima de malestar social, tales como difundir rumores falsos, promover intrigas y denunciar actos de corrupción. La segunda etapa consiste en desarrollar campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos, acusando al gobierno de totalitarista. La tercera etapa se focaliza en la lucha por reivindicaciones políticas y sociales que conduzcan a manifestaciones violentas. La cuarta etapa se centra en promover una guerra psicológica para crear un clima de ingobernabilidad. La última etapa busca forzar la renuncia del Presidente mediante revueltas callejeras, se propicia una intervención militar, se genera una guerra civil y se busca el aislamiento internacional del país.

​Pero cuál sería razón de que se dejaran de estimular en Latinoamérica los “golpes” tradicionales  y se sustituyeran por los “blandos”. Podría pensarse que fue por no enfrentar la opinión pública internacional que los criticaba, pero hay una hipótesis más. En muchos lugares en que las fuerzas armadas tomaron el poder, asumieron posiciones nacionalistas que no correspondían a los intereses de los inspiradores. Ante tal riesgo, mejor era apoyarse en los sectores “conservadores” que en nuestros países abundan; si les preguntan cómo hay que llamarles, dirían: “mi nombre es legión, pues somos muchos” (Evangelio de San Marcos 5-9).