REALIDAD VIRTUAL Y REALIDAD AUMENTADA

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ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

El exitoso empresario Elon Musk, al que usted podrá relacionar con las empresas Tesla y SpaceX, entre las más conocidas de su propiedad, sorprendió a todos con la pregunta de que si lo que estamos viendo es real o simplemente una simulación de computadora; algo así como lo que nos cuentan en la película Matrix. Y no es que este innovador de origen sudafricano y nacionalizado norteamericano y canadiense haya visitado a Vicente Fox y consumido cannabis de la que el ex presidente promueve, sino que está influido por los desarrollos de robótica que sus corporativos manejan.

Entre las ideas que Musk expone y que si vinieran de cualquier mortal pocos tomarían en serio, está la posibilidad de que en algún momento de la evolución tecnológica de una avanzada civilización se halla llegado al punto de que los gráficos sean tan reales como la misma realidad que se puede tocar y experimentar. A final de cuentas que fuéramos partícipes de un video-juego de inteligencias superiores. Desde luego que se “cura en salud” al considerar que es una posibilidad entre millones el que se dé esta situación, no fuera que afectaran a sus negocios estas elucubraciones.

Pero no tenemos que ir tan lejos para descubrir eventos de realidad virtual en nuestro entorno; no hay que viajar a otras galaxias en los vehículos de SpaceX. En el México de los treinta y seis años dorados del  neoliberalismo, desde La Madrid  hasta Peña Nieto, vivimos en un mundo de esa naturaleza, con la única diferencia de que las imágenes que nos  hacían pasar como reales  eran diametralmente opuestas a las del mundo cotidiano; en eso se diferenciaban de las que nos habla Elon Musk.

Podemos mencionar algunos ejemplos de esta realidad virtual mexicana, misma que alguna gente añora en la actualidad. Cientos de miles de trabajadores cuya contratación era “simulada” mediante el “outsorcing”; empresas que “simulaban” el pago de sus impuestos empleando en ocasiones a las llamadas “factureras” o recurriendo a la condonación por instrucciones superiores; reforma energética que “simulaba” bajar el precio de la energía y de los combustibles, cuando estos en realidad aumentaban; salarios mínimos que “simulaban” cubrir la canasta básica de las familias. A final de cuentas la lista de este tipo de eventos es interminable pero si podemos agregar, que en lo que no había simulación era en la corrupción, que llegó a niveles tan elevados de descaro que no se podía ocultar; esta era de un nivel superior, podemos decir que era una “realidad aumentada”.

En este remedo del mundo de Matrix, sus creadores no emplearon tecnologías de avanzada, computadoras cuánticas o lentes especiales; les bastaba repartir entre medios de información, intelectuales orgánicos, jueces y legisladores parte del botín obtenido con el extenso programa de “simulación” que habían desarrollado; como prueba de lo anterior están las confesiones de Emilio Lozoya sobre los sobornos de Odebrecht, la compra de “agronitrogenados” y algunas otras linduras de la misma naturaleza.

¿Pero es posible que las cosas cambien y que desterremos los males del pasado? ¿Se puede lograr que de ahora en adelante vivamos en un mundo donde las cosas se nombren por lo que son? Desde luego que es posible, aún a pesar de  los que nos quieren regresar a aquellos tiempo en los que, dicho coloquialmente, nos hacían “comulgar con ruedas de molino” y que ahora se promocionan como diferentes a lo que son.

 

 

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