LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

Hace unos días y por motivos de trabajo, viaje a Quietiux, capital de Piensolandia, un pequeño país en el que sus habitantes veneran a sus árboles y platican con ellos.

Al descender del avión, se nos recordó que cada hora, los habitantes de Piensolandia realizan un Instantium, se trata de un reposo de cuatro minutos en el que detienen por completo sus actividades y se sientan o se recuestan para meditar sobre sus pensamientos; recapitulan y cuestionan si han sido honestos en sus intenciones y prudentes con los demás.

El primer Instantium ocurrió apenas salimos a la carretera, de pronto, el chofer frenó, orilló su autobús, descendió junto a la representante de los laboratorios que organizaron la Convención de Médicos Neurocirujanos; observé por la ventana que el chofer se sentó en una piedra y la representante se recostó en el pasto, cerraron sus ojos, y comenzaron a meditar.

A nuestro alrededor, decenas de carros también se habían estacionado, los conductores descendieron para sentarse a la orilla de la carretera y durante cuatro minutos reflexionaron sobre sus pensamientos.

Al reiniciar nuestra marcha, observamos a los piensomilenses subir en silencio a sus vehículos, se movían en cámara lenta, daban la impresión de que tenían conciencia de cada uno de sus movimientos.

Un amigo doctor chilango soltó una carcajada y luego gritó: ¡qué exagerados…! Regalándonos una amable sonrisa, la representante de los laboratorios tomó el micrófono y nos comentó que por la distancia entre el aeropuerto y Quietiux, antes de llegar a nuestro hotel, realizaríamos otra parada ya que se cumpliría el tiempo para otro Instantium. Nos invitó a acompañarlos en su ritual, comentó que ayudaba a mantenernos de buen humor.

Durante la cena, el Instantium se repitió en dos ocasiones y el doctor chilango se desesperó, indignado porque el servicio de los meseros se había interrumpido, gritó que estaba harto del Instantium… los extranjeros lo miramos desconcertados y los piensomilenses siguieron meditando.

Cuando al fin concluyeron su meditación, el maître del restaurante se acercó a nuestra mesa e invitó al doctor a degustar un licor de ciruelas selváticas en la terraza del restaurante; frente a ellos, dos pavos albinos se regodeaban mostrando su blanquísimo plumaje ¿cómo diferenciaría usted a la hembra del macho? Preguntó el maître al doctor chilango quien apresurado contestó: Pues… por su tamaño… estimado doctor, no es el tamaño sino la conducta lo que hace la diferencia en los pavos albinos ya que entre ellos no hay dimorfismo sexual; los seres humanos, nos distinguimos y diferenciamos por nuestros actos y por nuestras palabras, es por ello que para estar en armonía con nuestro entorno, nosotros reflexionamos cada hora y eso nos hace productivos y felices. El maître miró con firmeza al doctor quien no pudo sostenerle la mirada y giró su cabeza para ver a los pavos albinos, con nerviosismo encendió un cigarro, el maître no quitó la mirada del rostro del doctor chilango y prosiguió—: lo invito a experimentar la práctica del Instantium —a lo que el Dr. cuestionó—: ¿…pero por qué tiene que ser cada hora…? Sonriendo, el gerente le contestó: lo trascendente es hacerlo doctor, hacerlo… disfrute su licor, debo atender a unos clientes que van llegando, se levantó y caminó hacia la entrada del restaurante.

Después de dos días, el asunto del Instantium seguía perturbando al doctor chilango ya que las conferencias tuvieron cada hora sus respectivas pausas. Una mañana que tuvimos libre, el Dr. me pidió acompañarlo a la Universidad Autónoma de Piensolandia… “esto del Instantium es una aberración —me dijo—; he contactado al célebre lingüista Parolaciano Pensantis, tengo una cita con él y quiero que vengas conmigo, necesito que me ayudes a comprender el trasfondo de este descarrío…

Acepté gustoso, ya que el lingüista Parolaciano Pensantis es una eminencia internacional y no podía dejar pasar la oportunidad de conocerlo. Nos recibió sonriente en el cubículo de la Universidad. Al contrario de lo que me imaginaba, Pensantis es un tipo de baja estatura y enorme barba, un poco calvo y usa lentes redondos; siéntense, nos dijo ¡pero no había dónde hacerlo! Su cubículo estaba repleto de alteros de libros y decenas de revistas en las sillas, seguimos de pie y después de una breve plática sobre el poder hipnótico de la palabra, el doctor chilango espetó: ¿de dónde surgió la alucinante y estúpida tradición del Instantium? Pensantis lo miró fijamente y sin hacer propio el insulto a su tradición, respondió con voz pausada: no está inscrito en piedra estimado doctor, pero una antigua tradición oral indica que el emperador Hun Huan, un día se enojó muchísimo y tomó una decisión de Estado que provocó la pérdida de la mitad de nuestro territorio, un sabio de la montaña lo visitó, le recomendó practicar el Instantium y tiempo después decretó que todos los habitantes del antiguo reino deberían practicarlo. Fue así como en poco tiempo, el país estuvo en paz con sus vecinos y después de unos años, Hun Huan decidió retirarse a meditar en una cabaña del bosque, decretó desaparecer al Imperio para convertirnos en Piensolandia y, antes de elegir a los gobernantes, nuestros ancestros meditaron sobre quiénes pudieran ser los mejores ciudadanos para constituir el consejo de gobierno. En dos generaciones, nos convertimos en un país de ciencia y cultura, nuestra economía mejoró notablemente, se erradicó la criminalidad y la pobreza mental; dicen las estadísticas que somos el país más feliz del mundo…

En ese momento, el profesor alzó su mirada al reloj de pared, se disculpó y se acurrucó junto a un altero de libros para realizar el ritual de reflexión sobre sus pensamientos… mi amigo doctor chilango enfureció con la respuesta y salió del cubículo azotando la puerta… decidí no seguirlo y esperé pacientemente a que se cumplieran los cuatro minutos del Instantium. Pensantis abrió los ojos y me vió con serena mirada, sonrió y se puso de pie.

Después de un breve silencio, me comentó: los niños juegan a ser adultos y su poderosa fantasía evita que se ofendan cuando la historia que inventan se torna en contra de ellos, en Piensolandia, los adultos jugamos a ser niños y jugando hemos descubierto que el enojo, es el resultado de un proceso emocional en el que se da por cierto que las palabras de las personas atentan contra la construcción imaginaria de nuestro Yo… esa errónea percepción de la realidad, genera sensaciones que automáticamente desencadenan emociones que producen pensamientos incontrolables, los que a su vez, generan portazos y la pérdida de nuestros territorios, tanto físicos como existenciales…

 

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Literatura y Mundo Maya

Claudio Obregón Clairin / Investigador Independiente

 

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