Nuevas historias del coronavirus

Enfrentados personalmente –y, por supuesto, sin desearlo– de cara al virus que cambió al mundo, un médico especialista, una sobreviviente y la hermana de una víctima mortal del COVID-19 narran a El Despertador de Quintana Roo sus experiencias, y hacen un llamado común a seguir extremando precauciones para cuidar la salud y la vida

JENNIFER AGUILERA

El COVID-19 dejará huellas imperecederas en todo el mundo, que jamás volverá a ser el mismo después de esta pandemia; en estos momentos, cuando se reinician las actividades en 324 municipios del país a partir de este lunes 18 de mayo, en medio de la incertidumbre por las dudosas cifras en torno a las afectaciones reales que sigue sufriendo la población, las capacidades del Estado mexicano para enfrentar este flagelo que ha puesto de rodillas a las naciones más poderosas, y los riesgos que representa el retorno a esta “nueva normalidad”, continúan multiplicándose de forma imparable los casos de quienes se han visto de cara con esta temible enfermedad, enfrentados a dolorosas experiencias que nunca se imaginaron vivir. Presentamos tres más de estas historias, desde enfoques diferentes, pero todas ellas con el común denominador de representar una cicatriz indeleble, de recuerdo cruel y doloroso para sus protagonistas.

Alejandro Carlos Ortega Aguilar, médico anestesiólogo:

se siente mucha impotencia al no poder salvar a todos”

Desde que se presentaron los primeros casos de coronavirus (COVID-19) en Cancún los empecé a tratar en terapia intensiva, tanto en el Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSS), como en el Hospital General “Jesús Kumate Rodríguez”, y puedo asegurar que esta travesía me ha traído una lluvia de conocimiento, enriquecimiento científico, búsqueda de medicamentos y tratamientos, crecimiento emocional y sumo desgaste en todas las áreas de mi vida personal, dijo a El Despertador de Quintana Roo Alejandro Carlos Ortega Aguilar, anestesiólogo adscrito al área COVID en el IMSS.

Alejandro Carlos Ortega Aguilar

Recordó que él y una compañera empezaron a tratar a los primeros pacientes con COVID-19 en Cancún en el Hospital General, en el área de terapia intensiva “pero desconocíamos la magnitud del problema, del virus y sus manifestaciones”; conforme paso el tiempo fueron comprendiendo lo que venía a sus vidas y lo difícil que iba a ser, por lo que desde el principio se propuso ayudar a los pacientes enfermos del COVID-19.

Señaló que de lunes a viernes está adscrito al área COVID en el IMSS y los fines de semana es el responsable de todos los pisos del Hospital General en el área COVID, y de manera especifica ayuda en el área de terapia intensiva en el IMSS ve a los pacientes que tienen deficiencia respiratoria y tienen que ser intubados, todos esos pacientes son declarados en estado crítico.

Aseveró que está consciente de que estar en esa área es un desafío de todos los días, tanto de conocimiento como de impotencia por no poder ayudar a todos, ya que de cada 10 pacientes intubados sólo dos o tres van a sobrevivir, y aún se desconoce que secuelas puedan tener en su salud esas personas que lograron recuperarse, pues es muy pronto para decirlo.

Explicó que la ventilación mecánica se realiza cuando un paciente tiene fallas multiorgánicas, entre ellas dificultad para respirar, por lo que es necesario estabilizarlo para que no fallezca. Sin embargo, ha sido una gran tarea ya que muchos de los enfermos que llegan a terapia intensiva por COVID-19 tienen padecimientos crónicos degenerativos, así como obesidad mórbida y cuellos muy cortos, lo que representa un reto para todos los médicos especialistas en vías aéreas en México, a diferencia de otras partes del mundo.

Destacó que todo el personal médico del área COVID busca la recuperación de los pacientes manejando los tratamientos adecuados y en busca de alternativas que les puedan ayudar a recuperarse pronto con el fin de ayudarlos a mejorar su salud, y evitar a toda costa que sean candidatos a ser intubados.

Comentó que tiene la especialidad como anestesiólogo desde hace 11 años, la estudió en el Centro Médico 20 de Noviembre y es egresado de la escuela de medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN); “con el paso del COVID-19 me la paso inmerso en la literatura médica, investigando qué tratamientos han funcionado y cómo lo están resolviendo en otros países con el fin de lograr salvar más vidas y aprender mucho más de la pandemia; de hecho he detectado buenos resultados con un fármaco que se usa en el IMSS”, narra.

Entre las cosas que aprendido del virus es que es muy pesado como para vivir en el aire y sí se transmite por las secreciones, como la saliva que cae en las cosas que tocamos, así que una forma de prevenir la enfermedad es el lavado constante de manos, es una precaución indispensable que debemos realizar cada vez que nos sea posible”.

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De cada diez pacientes intubados, sólo dos o tres van a sobrevivir”

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Alicia, paciente de COVID-19

En el INEGI se deslindaron de mí cuando enfermé”

De la noche a la mañana dejé de ser Alicia para convertirme en un número más de los casos positivos de coronavirus, el COVID-200424-228188, y es que a pesar de estar consciente de los riesgos entré en la disyuntiva de seguir la recomendación de quedarme en casa o continuar asistiendo a laborar y llevar alimentos a la familia”.

El INEGI abandonó a su suerte a su personal enfermo

Trabajadora del INEGI, relató que al concluir el Censo de Población 2020 en marzo, le fue solicitado entregar cartas de agradecimiento a todas aquellas instituciones que les habían apoyado de diferentes formas, por lo que tanto tuvo contacto con un funcionario público de nivel federal que dio positivo al coronavirus (COVID-19).

Recalcó que fue lamentable el actuar de sus superiores, ya que a pesar de encontrarse en fase 2 y 3 de la emergencia sanitaria, solicitaron entregar esos reconocimientos a todos los enlaces de concertación, ya que “era una actividad obligatoria, una orden que había que acatar y punto”.

Señaló que también se volvió en un número más de sus compañeros del INEGI contagiados de COVID-19; de hecho, algunos de ellos fueron hospitalizados y otros más aislados en sus domicilios, “y es que en la institución pensaron que con darnos 200 pesos como gasto de campo para comprar cubrebocas y gel antibacterial iban a salvarnos y pues no; en realidad fuimos enviados, como se dice, a la guerra sin fusil.

Lo más devastador de ser un número más es que puedes ocasionar que tus seres queridos, tu familia, amigos y todos aquellos que estuvieron en contacto con alguien positivo a COVID, se pueden convertir en otro caso más por tu culpa, por haberlos puesto en riesgo.

De manera lamentable la institución se deslindó y ni mis superiores como seres humanos se tomaron la molestia en hacerme una llamada y preguntar cómo me encuentro. En cambio, a muchos de mis compañeros la enfermedad nos unió y todos en aislamiento desde nuestros propios hogares nos platicábamos los síntomas que estábamos viviendo, nos motivábamos e investigaba cada quien por su cuenta qué podíamos hacer para lograr recuperarnos pronto y solo así logré disminuir tanto mi dolor corporal, como mis angustias y miedos”.

Alicia dijo que hoy da muchas gracias a Dios, porque después de 14 días en aislamiento logró sobreponerse y podría decirse que fue asintomática ya que sólo se le pusieron los ojos rojos, sufrió algo de cansancio y muy poca fiebre, a diferencia de algunos de sus compañeros, quienes sí manifestaron tos, temperatura de alrededor de 40 grados y mucha fatiga.

Declaró que el pasado 15 de mayo terminó su contrato con la institución y la lección que ha aprendido es que “ningún empleo es más importante que mi salud y la de mi familia”, de hecho agradece a su “familia muégano” que siempre le manifestaron su amor y cariño, por medio de la comida que le enviaban y mensajes de aliento.

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Lo más devastador es saber que puedes poner en riesgo a tus seres queridos”

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María, hermana de un fallecido por COVID-19

Ni siquiera me pude despedir de él”

María es hermana de Mauricio; recuerda que una tarde él regresó del trabajo diciendo que se sentía muy mal; “tenía mucha fiebre y nada lograba bajársela, se negaba a ir a la clínica, pero cuando comenzó a tener dificultad para respirar él mismo me pidió que lo ayudara a ir al Hospital General de Cancún”.

Comentó que esa misma madrugada fue ingresado al área de urgencias y entonces ella tuvo que buscar a una prima para que le ayudara a cuidar de sus hijos, mientras permanecía las 24 horas del día en la sala de espera de urgencias.

Declaró que solo salía unos minutos a comer, en otros momentos se iba a su casa a ver a sus hijos un rato, descansar, bañarse, ponerse ropa limpia e ir a comprar paquetes de cubrebocas y gel antibacterial ya que de no contar con eso no se puede ingresar a la sala de espera.

Aseveró que de manera continua se acercaba a la puerta de urgencias para tener en busca de información sobre la salud de su hermano, cada día que su hermano pasaba internado le resultaba más agonizante y preocupante, platicaba con la gente a su alrededor y llegó a ver a muchos pacientes retirarse con sus familiares y en otras ocasiones escuchar llantos desencajados al enterarse del fallecimiento de un ser querido.

De manera lamentable, finalmente a ella misma le llegó esa noticia que nadie desea escuchar, su hermano falleció por COVID-19. El cuerpo no se le puede entregar, tampoco se puede despedir de él, ni verlo, sólo se entrega un acta de defunción, lo cual incrementó su dolor. Jamás se imaginó que su hermano menor iba a morir antes que ella, quien además llegó a Cancún en busca de un futuro mejor tanto para él como para la familia que dejó en su tierra natal.

Indicó que su dolor es muy grande y desde que su hermano enfermó y luego falleció, ella no ha logrado descansar, continúa llorando y sabe que la vida sigue por sus hijos, pero el no haber podido ni siquiera despedirse de él la tiene muy frustrada y acongojada.

María le pide a la gente cuidarse lo más posible, seguir las indicaciones de los médicos y del gobierno sobre quedarse en casa y aplicar las medidas de higiene, para que nadie tenga que padecer ese dolor tan grande por el que ella sigue pasando.

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Jamás me imaginé que mi hermano menor moriría antes que yo”

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