No le pidas peras al olmo

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Roberto Hernández Guerra

No hay por qué rasgarse las vestiduras por el hecho de que un nutrido grupo de legisladores, que a su vez representan a un nutrido grupo de ciudadanos, se encuentren más preocupados por el bienestar de las empresas extranjeras que por el de la seguridad energética del país. Pretextos aparte, como el de la preferencia por las energías “limpias”, lo que está en el fondo es  mantener un subsidio estimado en alrededor de 490 mil millones de pesos anuales, que a final de cuentas es cubierto con los impuestos de todos los mexicanos y que el diputado Miguel Torruco calificó como un nuevo Fobaproa.

Como parte de esa transferencia de recursos públicos a un limitado grupo de empresas privadas nacionales y extranjeras, está el llamado auto-abasto;  esto lo logran simulando sociedades con las empresas generadoras de energía y evitando el pago justo del porteo, o sea de la transmisión a través de las redes de la CFE. Pero de eso ya se ha hablado bastante y el ejemplo de los OXXOS es suficiente para ejemplificar el fraude legal, como ya  ha sido calificado  tal proceder.

Pero no se trata en esta colaboración de defender la Ley energética de AMLO, sino de tratar de entender el pensamiento “conservador”, que siempre mira hacia afuera y como dice el dicho “ve más verde el prado del vecino” del norte. Y ejemplos del pasado tenemos muchos, pero ahora traeremos a colación un episodio de la guerra de intervención que sufrió México en 1846, contienda que terminó en lo que se puede calificar como “el gran zarpazo”: la pérdida de más de la mitad del territorio nacional.

En momentos en que el Puerto de Veracruz era asediado por la armada del poderoso país del norte, se inició en la ciudad de México una rebelión de batallones formados por elementos “de la mejor sociedad”. Estos en principio, tenían motivos religiosos, se oponían a las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos; el resultado de su pronunciamiento fue, en el plano político la salida del poder del vice-presidente Valentín Gómez Farías y en el de la guerra el que los defensores del puerto jarocho no recibieran los refuerzos necesarios. A los integrantes de dichos batallones civiles a los que se les tildaba traidores a la patria por los efectos de su conducta, se les denominó Polkos por asociación de ideas con el nombre del presidente estadounidense James Polk, que fue el que ordenó la invasión. Cabe señalar, en descargo  de aquellos “conservadores” de antaño, que con posterioridad se portaron heroicamente defendiendo a la patria en las jornadas finales de la guerra, que a la postre terminó con la bandera de las barras y las estrellas ondeando en donde estuviera el antiguo palacio de Moctezuma.

Pero regresando al intento de explicar la conducta de quienes son omisos en la defensa del interés nacional, de aquellos para quienes el concepto de patria no es más que una idea romántica del pasado y se sienten ciudadanos del mundo, vale la pena recordar la opinión de Karl Marx en su análisis del capitalismo y de su primer componente, la transformación de los bienes que satisfacen necesidades en mercancía.  Nos dice en un comentario en el primer capítulo de El Capital: “La mercancía en sí y para sí está por sobre cualquier barrera religiosa, política, nacional y lingüística. Su idioma universal es el precio, y su comunidad el dinero. Pero, en la medida en que se desarrolla la moneda universal en oposición a la moneda nacional, el cosmopolitismo del poseedor de mercancías se convierte en creencia, en la razón práctica contrapuesta a los prejuicios tradicionales de la religión, de la nación, etc., que obstaculizan el intercambio material entre los hombres”.

Y no es que seamos pesimistas, pero esperar que los actuales “conservadores”  pongan por delante el interés nacional, es como “pedirles peras al olmo”; su Vaticano está en Wall Street y su deidad suprema es la “moneda universal” que es el dólar.