Niños mantienen la tradición de la Pintadera del Carnaval

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En Campeche gozan el histórico juego-guerra de pintarse uno al otro

Héctor Cobá

Fotos: Archivos del blog Este es Campeche señores y de Héctor Cobá

Ni la pandemia del COVID-19 paró a los infantes de mantener la tradición en el carnaval de Campeche –con 461 celebraciones–, la pintadera. Sorprendidos ante la anuencia materna, que mancha sus caritas, permite que se mojen, reciban y den los trapazos con pintura en dos puntos de la ciudad capital campechana.

En los que imperó la organización ciudadana y de la comunidad para que haya pintadera, tras dos años (2021-2022) de no emitir el comité organizador convocatoria para la añeja feria de las flores y/o pintadera, acostumbrado cierre chusco del carnaval de los campechanos.

Rebasados los puntos de vista: “no hubo pintadera, no hubo carnaval”, “una tradición suspendida por la pandemia”, “este año tampoco hubo pintadera”, “¿cuál si aquí no hubo?, nada más en los pueblos”. “¿Pintadera? Aquí no hubo nada de nada”.

“La realidad de las cosas es que ya se están perdiendo las tradiciones, eso es lo que nos arraiga como campechanos, este año fue el peor, las calles y colonias apagadas, no hubo nada que nos alegrará ver, como aquellos tiempos cuando había alegría, vida”. Tiene razón esta voz, en pleno semáforo verde, sí armaron su pintadera en las orillas de la capital de Campeche, colonias conurbanas como Lerma y Samulá, en poblaciones rurales y en municipios como Calkiní –aquí se hizo el tradicional Baile de Los Osos, en la comunidad Nunkiní, ahí la gente se disfraza como si fueran osos con (las pitas o) costales de maíz, es una tradición de hace más de 100 años–, en el Camino Real (por el que pasó la emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano de Habsburgo): en Tenabo, Hecelchakán; Hopelchén, Carmen y Champotón. “El carnaval se vio casi extinguido este año, más que no hubo convocatoria de las autoridades, fue más bien organización ciudadana. Solo los casos consignados, que seguro fueron imprevistos”, opina otra persona.

IAS regala su viñeta del carnaval, de la pintadera. La tradición se resiste a morir: las madres de mi barrio (en el parquecito del fraccionamiento Las Flores, a unas 10 cuadras del primer parque citado) han llevado a sus hijos pequeños a jugar la pintadera. Unos 15 menores, niñas y niños, reunidos en el parquecito, reciben con asombro la autorización para ensuciarse todo lo que quieran con unos trapos embarrados de pintura.

Peor aún, estos cándidos carnavaleros se sorprenden de que sus mismas madres les manchen la cara (o lo que deja libre el cubreboca)… poco a poco se animan y, todavía con recelo, sueltan los primeros trapazos.

Se tiran agua con pintura, hasta que le encuentran el chiste a lo extraordinario de la situación y comienzan a reír a carcajadas y a perseguirse en el histórico juego-guerra de pintarnos unos a los otros…

El Toro Petate… volverán a instalarse los toldos y, más temprano que tarde, el carnaval recuperará su lugar destacado en nuestra agenda de festividades… su raíz sociocultural habrá de imponerse por encima de las adversidades…

Se agradece la generosidad del poeta (cuyos libros De Candela –personal–, y Levantar la voz –colectivo–), novelista en ciernes, exsecretario de turismo y de planeación, Inosente Alcudia Sánchez (IAS), su límpida prosa, y su observación puntual en el parquecito del fraccionamiento Las Flores.  

Por otra parte, un amigo relata: En Santa Ana, en la esquina de la avenida República con calle 45, en el parquecito techado, unos niños intentaron revivir la pintadera y se pintaron. Intentando hacer lo mismo con quienes convivían, pero respetando a quienes no querían. Quizás sea un preámbulo de su extinción por el COVID-19; el relator comentó que se le acercaron los niños, pero les dijo que no lo pintaran.

Los testimonios acumulados son de personas dedicadas a la gastronomía, trabajadores de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC), amigos reporteros, a todos se les agradece su consideración.

Entuerto

Quien ha vivido la pintadera sabe que es un día para mojarse, pintarse, correr, reír y hasta llorar por las franelas con pintura que hacían cimbrar de dolor en la piel. Quien firma, comete vituperio, eso sí vivió y disfrutó la pintadera del 2008, reseñada en el texto: “Diversión pintada”.Al ritmo de “el gusano se mata así, así, así, así…” y “qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se ensarta”, cerró la pintadera del Carnaval Campeche 2008 en la Concha Acústica, espacio que se convirtió en el salón más grande de baile del estado, al aire libre. Ahí se reunieron cinco mil personas, “armadas”, con el trapo y la pintura para dar la batalla de las flores, mejor conocida como pintadera.

El telón de esta actividad, para algunos, salvaje, y para otros, pretexto para danzar varios días e ingerir alcohol hasta que el hígado aguante. El martes de carnaval cierra con la pintadera, donde se conjugan baile, chupe, cerveza, licor, botanas, pescado frito, jícama y mango curtidos. Junta familiar, comunión colectiva que congrega niños, adolescentes y adultos, personas mayores unidas por la diversión matizada por infinidad de colores de pintura de agua, la permitida por la autoridad.

La libertad en exceso y abuso es el tenor dominante, pintados, pero con respeto al prójimo, cansados ya de cinco días de pachanga; aun así, se hace el último esfuerzo para mover el bote, sacudir la polilla, despedir al carnaval como debe ser: bailando.            

Fiesta natural en muchas colonias, calles, parques, fraccionamientos; algunos barrios tradicionales reviven los famosos toldos, incluso sin venta de alcohol, solo baile y música guapachosa.

Ahora hasta venden botellas de plástico de medio litro con pintura, ya no hay preocuparse por traerla desde casa.

Figuras infaltables son los trapos para dar trapazos en el enfrentamiento de la “batalla”, verdadera descarga de energía juvenil, en la que los cuerpos terminan con más de 10 colores, luciendo una imagen multicolor; el toro de petate, hace acto de presencia como cada año. Diversión sana al margen del modelo de consumo de la televisión.

Miles y miles de personas se aglutinan en la Concha Acústica, chela o trago en mano, y con mucho ritmo en hombros, caderas y pies, una violencia disfrazada, que se desahoga con el baile y el baño de pintura, donde es posible ver a niños de brazos, pintados, sus padres también, así como personas de la tercera edad, todos moviendo el esqueleto. “Anacleto mueve el esqueleto” de Los Reyes del Arpa, como un enorme grupo de baile integrado por miles de danzarines.

La edad no importa, la mezcla de generaciones demuestra que la pintadera, una diversión, una diversión pintada o una pintada diversión, una tradición campechana, se regenera y regenera, año con año, en un carnaval que se acerca a cumplir medio milenio, ya que hasta ahora lleva 450 celebraciones.

Twitter: @HctorCob / hectorcobácc@gmail.com / Facebook: Héctor Cobá