LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

Uno se para delante a una cascada como ante la vida. El agua se sorprende cuando cae al vacío y en ese vértigo habitan diferentes ritmos; cuando se observa el torrente en su conjunto, se manifiesta la impersonalidad; viendo al agua fragmentada, se sabe uno impermanente, y al caer en las rocas, se siente dolor

De la parte más alta tomé un fragmento de agua sorprendida, lo vi caer lentamente y a destiempo, se perdió por un instante entre las rocas y apareció alegre por la corriente. Se acercó a mí, me vi reflejado en su frescura, me arrodillé para beber de su esencia y al levantarme, estaba del otro lado del reflejo

Viré sobre mi derecha y caminé por un erial con fondo rojo. Caminé y luego caminé hasta llegar a un abismo y me lancé al vacío girando sin control, mi cabeza penetró mi estómago y mis pies giraron detrás de mi cabeza. Caí rodando sobre una planicie fría, cuando se acabó el impulso, quedé inmóvil junto a unas piedras que sabían lo que yo sentía, luego pasó un viento que me llevó consigo, me desdoblé para convertirme en hoja seca, volé y volé para incrustarme en una rama, me volví verde y bebí del rocío, ya cansado, recorrí el tronco hasta ser semilla germinada

Una fuerza azul me colocó en el pico de un pájaro, más tarde se acercaron cinco aves, me miraron, sentían lo que yo sabía y reían conmigo. Sigo sin entender el motivo por el cual me abandonaron junto a una roca, luego me descubrí con sed, me dirigí hacia un arroyo y me vi reflejado en la claridad del agua; bebí un poco de su esencia y al levantarme, estaba del otro lado del reflejo

Una voz que me nombraba me hizo girar a mi izquierda… “Ven rápido, ven rápido” —gritaba— llegué corriendo al pie de un árbol de caoba, una turista estaba desmayada en el suelo, la rodeaba mucha gente y su marido le abría la boca con sus manos y le soplaba como quien atiza un fuego

La mujer estaba inerte, yo veía mucha angustia y próximo el fracaso. Un taxista se ofreció a llevarla al pueblo más cercano, la metimos al carro en calidad de bulto, camino al hospital, su marido le propinaba severas bofetadas a buen ritmo y después le preguntaba ¿Qué día es hoy? ¿Qué día es hoy?

—mmmhh  mmaaartes— respondía la turista

Al llegar al hospital el doctor le inyectó lo necesario y luego nos avisó que se había recuperado

En otra ocasión estaba parado junto a unos turistas delante a la caída de agua y les pregunté: ¿Qué les parece La Cascada de Misol-Ha?

—¡Ninguna comparación con Las Cascadas de Canadá!

—¡El año pasado en Marruecos vimos una igual pero más grande!

—!Nuestras próximas vacaciones vamos ir a las cascadas de Brasil!

Me alejé de las voces hasta que se convirtieron en un murmullo de monólogos entrelazados, llegué a la orilla del río, intenté muchas veces pasar al otro lado de mi reflejo y nada, no sucedió nada.

Me levanté satisfecho de dejar ahí todo mi esfuerzo y me resigné a seguir haciendo  tangible lo evidente a los turistas; de pronto, escuché una voz femenina que me nombraba, giré a mi derecha y descubrí a una mujer casi desnuda que emergía del agua, la vi como suelen ver los enamorados y me fui por el brillo de sus ojos

Una tarde desperté abrazándola, su cuerpo olía a bosque recién imaginado

—¿Qué día es hoy? — pregunté

Con voz pausada y dulce, me contestó:

—¿Hoy? Es hoy

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí