Mirando a la distancia a la tierra prometida

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Roberto Hernández Guerra

No deja de causar extrañeza el nivel de rechazo que ciertos sectores de la sociedad manifiestan a la 4 T y a su principal inspirador, Andrés Manuel López Obrador. A pesar de conocer los niveles de corrupción que se manifestaron en los últimos sexenios, tal parece que añoran un regreso a ese oscuro pasado. Aceptan sin  dudar, cualquier información que los medios tradicionales viertan,  siempre y cuando conlleve un ataque al político tabasqueño y a las acciones de su gobierno. En fin, no acabaríamos de reseñar esta conducta que va más allá de la razón y que está nublada por la emoción.

¿Cómo entender el modo de pensar de aquellos que no  fueron invitados al festín neoliberal, semejante al que nos narra el Antiguo Testamento que celebró el rey Baltasar con los vasos saqueados del templo de Jerusalén, pero que se contentan con mirar desde las puertas? De los que se beneficiaron con contratos, prebendas, elevados sueldos, exención de impuestos, de los que disfrutaron de las mieles del poder, es lógico esperar su oposición; pero los otros, la mayoría, es difícil entender las razones de su conducta.

Tratemos de encontrar explicaciones:

Cuando los estudiosos de la economía se preocupaban por la situación de los países que  mostraban un marcado retraso con respecto a Europa y a los Estados Unidos, se generalizó el concepto de “periferia”  y “centro”, para referirse respectivamente a los subdesarrollados y a los de exitoso desarrollo capitalista. Las categorías implicaban una relación de dependencia y subordinación de los primeros, así como marcadas ventajas de los segundos en el intercambio comercial.

Pero esta dicotomía, implicaba la existencia de diferentes niveles de desarrollo, modernidad, progreso e ingresos, que se manifestaban no solo en la comparación entre naciones, sino también al interior de las mismas; en el caso de los países dependientes se hablaba de la presencia de sectores integrados y sectores marginados de la modernidad. 

Esta teoría, consideraba que el núcleo «internacionalizado» de sectores favorecidos en los países atrasados, compartían con los de los  hegemónicos una cultura y un estilo de vida comunes, manifestada en la lectura de los mismos libros, en ver las mismas películas y programas de televisión, en seguir la misma moda en el vestir, en resumen, tener las mismas aspiraciones. Pero, desde luego, para sostener patrones de consumo similares, es evidente que se necesitan niveles de ingresos similares y aquí es donde radica el problema: los  promedios de ingreso per cápita de los países desarrollados son varias veces superiores a los de los subdesarrollados. De aquí surge la frustración de un sector “aspiracionista” de la clase media, que como el Moisés bíblico, vislumbraron desde la lejanía y sin poder llegar a ella, la tierra prometida.

De que otra forma podríamos explicarnos el resultado comparativo de las votaciones en el año 2021 para elegir legisladores federales, en dos distritos en la ciudad de México, el uno de clase media en la Delegación Benito Juárez y el otro de mayor riqueza económica en Las Lomas. En el primero, el de clase media, un desconocido panista de nombre Luis Mendoza obtuvo el 76 por ciento de la votación total; mientras que en el distrito donde se supone habitan los “fifís”, la señora Margarita Zavala triunfó con el 56 por ciento. Sin duda, respuesta emocional que refleja la frustración de un amplio sector de la sociedad, que no sabe de dónde viene ni a donde va.