MÉXICO Y EL FRACASO DE SU MODELO EXPORTADOR

Roberto Hernández Guerra

Si consideramos que el objetivo de la economía es la satisfacción de las necesidades sociales, el fortalecimiento del mercado interno es el mejor indicador de éxito, y esto no depende de la cuantía del comercio exterior. Podemos ejemplificarlo con la comparación de las cifras de participación de las exportaciones con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) de tres países con distintos niveles de desarrollo; mientras que en el de mayor nivel, los Estados Unidos, es de 7.63%, en el de nivel medio, China, es 19.27% y en el de menor, México, es 38.18%, todas ellas para el año 2021. ¿Podemos considerar que existe una relación entre el comercio internacional de un país y su desarrollo interno? La respuesta es que sí, pero no es de carácter cuantitativo sino cualitativo y el caso de nuestro país nos puede servir de ejemplo.

¿Cuáles factores pueden explicar el bajo desempeño de la economía mexicana a partir de la implantación del modelo de globalización neoliberal? ¿Por qué la tasa de crecimiento del PIB que durante muchos años se había mantenido en un promedio de 6% anual se redujo al 2%, incluso hasta estos últimos cuatro años? El discurso oficial considera dos elementos, la corrupción y el debilitamiento del Estado como conductor de la economía. Sin embargo, estos no son suficientes para explicar por qué el país no sale de la trampa del subdesarrollo.

En México, agotado el modelo de sustitución de importaciones basado en el crecimiento del mercado interno, se dio una gran expansión del comercio exterior estableciéndose un nuevo patrón de especialización productiva basado en la maquila electrónica, automotriz y textil dirigida al mercado de los Estados Unidos. Su característica fue una creciente dependencia de los insumos intermedios importados y una baja capacidad de generar empleos e ingresos, En el proceso, las maquilas intensivas en mano de obra se volvieron predominantes y los sectores con mayor contenido tecnológico se hicieron dependientes de los insumos intermedios importados que crecieron a un mayor ritmo que las exportaciones, Esto es, que a pesar de un alto nivel de integración en las cadenas globales de valor, no se estableció una adecuada conexión entre el sector manufacturero exportador y la estructura productiva, por lo que no se generaron ingresos y empleos de mayor calificación, lo que debilitó el mercado interno.

Poco más de un año después de que México en el año 2000 se integrara al Tratado de Libre Comercio con Norteamérica (TLCAN), China ingresó a la Organización Mundial de Comercio (OMC) iniciando una transformación  que la ha llevado a ser la segunda economía a nivel global. ¿Cuál fue el camino que lo llevó a resultados diferentes a los de nuestro país?

A partir de su integración al comercio mundial, el país asiático aumentó su capacidad productiva con  el empleo de la mano de obra barata disponible pero sin olvidar el incremento de la inversión. Este último elemento explica el éxito de su modelo junto con la intervención del Estado y el progresivo aumento de los salarios, ya que el aumento de la formación de capital pasó del 29% del PIB en 1980 al 42% en 2010, manteniéndose esta tasa hasta la actualidad, permitiendo el aumento de la complejidad de su estructura económica y manteniendo tasas de dos dígitos de incremento de su PIB. Por el contrario, México ha tenido tasas de alrededor de 19% de formación de capital y de 2% de incremento anual del PIB, durante los 36 años en que sus gobernantes se apegaron al dogma del fundamentalismo de mercado, al igual que una pérdida constante del poder adquisitivo que limitó la demanda de mercado. La baja tasa de formación de capital, los reducidos ingresos de la población, el permanecer encerrado en la “jaula geo-estratégica” de la potencia del norte y la debilidad de su estructura productiva explican la situación actual. De no modificarse estos factores, las mejores intenciones de la 4T no servirán para nada.