AGENCIAS

NAIPYDÓ.- Decenas de miles de personas tomaron las calles de varias ciudades de Birmania el lunes para denunciar, una vez más, el golpe de Estado, desafiando a la junta, que advirtió que los participantes en las protestas se arriesgan a morir.

Tres semanas  después del golpe del 1 de febrero, la movilización prodemocracia se mantiene viva, con protestas diarias y una campaña de desobediencia civil que perturba el funcionamiento del Estado y la economía.

La preocupación a nivel internacional siguió en aumento y el secretario general de Naciones Unidas condenó la “fuerza bruta” empleada por los militares, en tanto la Unión Europea anunció que estaba dispuesta a imponer sanciones contra la junta.

El domingo por la noche, las autoridades advirtieron que “los manifestantes están incitando a la gente, sobre todo a los adolescentes y jóvenes exaltados a lanzarse sobre la vía de la confrontación en la que morirán”, en un comunicado en birmano leído en la cadena de televisión pública MRTV, con subtítulos en inglés. El texto advertía a los manifestantes contra la tentación de “enfrentamientos y anarquía”.

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