Los Rollos del Mar Tuerto

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Claudio Obregón Clairin

Nuestros ancestros paleolíticos sufrieron la inenarrable angustia de sentirse constantemente observados por voraces depredadores como los tigres dientes de sable, las ideas fijas y las envidias. También debió ser muy desagradable vivir condicionado a un irascible cielo que de pronto se mostraba rumoroso, húmedo, tórrido o violento.

Algunos siglos más tarde y con la peregrina intención de controlar al «terror» que les producía lo incomprensible, los pensadores griegos se concentraron en «las causas» y descubrieron el «concepto de verdad» que obtuvo gran aceptación; sin embargo, después de un tiempo, resultó meloso, entonces los helénicos dramatizaron a las tragedias.

La Democracia es otro de los descabellados mitos inventados por los atenienses que tiene la finalidad de simular la búsqueda de la equidad, manipulando voluntades y esperanzas.

Las sociedades de cazadores y recolectores, han sido las únicas sociedades igualitarias… en aquellos lejanos soles paleolíticos, nuestros ancestros estuvieron en «igualdad de condiciones y con las mismas oportunidades… para diferenciarse.”

La equidad no compagina con el talante caníbal del universo, por ello se torna una aspiración humana que se busca como cuando deseamos alcanzar el horizonte, conforme nos acercamos, se aleja.

Rollo reflejado en obsidiana…

El astrónomo y filósofo Emiliano me comentó el otro día:

“…observa lo que tienes enfrente, en cada situación de tu vida, “siempre observa lo que tienes enfrente…” delante a tu vista está el mar, en el interior de sus aguas habitan los peces que representan a tus emociones; sin embargo, como no las ves directamente, pareciera como si estuvieran ocultas pero ahí están, te nutres de ellas, se mueven, se multiplican y mueren; luego están los seres de la superficie, ellos representan a tu cuerpo y a todo lo que ves apenas amanece, con tu cuerpo creas tu mundo de relación y pareciera que es lo único que existe pero recuerda que debajo del agua también hay vida, luego está el cielo con las aves y las nubes, ese nivel representa a tu mente a todo aquello que te permite soñar, volar y fertilizar, tu mente tiene la capacidad de ver más allá de tu cuerpo y volar a lugares distantes… bien, ahora cierra los ojos, respira profundamente, por un momento deja de pensar en ti mismo y en lo que te acabo de explicar; abre tu conciencia y observa que los huesos de los peces así como los huesos de quienes viven en la tierra y en el aire, están formados del mismo material estelar que se generó hace millones de años como consecuencia de una tremenda explosión de una supernova; lo de arriba está abajo como lo de abajo está arriba porque en realidad arriba y abajo son una ilusión… respira, así, profundamente, cada vez más lento y profundo, más profundo…

Rollo tallado en jadeita…

Pudiéramos pensar en la posibilidad de sujetar a los pensamientos que deambulan sin control por nuestra mente y descubrir que son esos pensamientos los que forman a un pensador. Consecuentemente, podríamos cuestionarnos si ese pensador que habita nuestra mente es realmente nuestro yo o la imagen distorsionada de nosotros mismos que circula en grado extremo de ebriedad emocional por la única vida que tenemos.

Desde la infancia, recibimos indicaciones y restricciones que paulatinamente van minando nuestros deseos con la finalidad de someter nuestra interpretación del mundo a un orden que existe únicamente en los enunciados.

La contradicción entre lo que se especifica como correcto y los actos humanos, nos conduce a ser cómplices de la simulación.

Cuando sujetamos nuestros pensamientos, descubrimos que algunos de ellos están enredados y obsesivamente luchan por acaparar nuestra atención; son recurrentes, se estacionan por años en nuestra voluntad y, como chapulines trapecistas en un circo de tres pistas, reclaman toda nuestra atención.

Si pienso y luego eximo a mi pasado de toda información simulada, los pensamientos se desenredan y dejan de ser obsesivos. Con este ejercicio de control y por lo tanto, de Poder, la vacuidad se torna en una amable consejera.

El distanciamiento con las contradicciones del mundo que creamos dentro del mundo, permite una comprensión cercana a la “compasión budista” ya que regresamos a nuestro centro emocional; inmediatamente después, la relatividad de las creencias sociales y los acuerdos con la simulación, se desvanecen delante a una mirada firme y sin parpadeos, respiramos libertad.