LIBROS DE LA SEMANA: BÁRBARA JACOBS, MILENA BUSQUETS…

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Sue Black. Todo lo que queda. Paidós. Trad. Ira Franco. 382 pp.

Sue Black es una de las científicas forenses más reconocidas del mundo y se enfrenta a la muerte todos los días: analiza restos mortales humanos en su laboratorio, en lugares de entierro y en escenas de violencia, asesinatos y desmembramiento criminal. Ahora revela los muchos rostros de la muerte que ha llegado a conocer, utilizando distintos casos clave y experiencias de su vida personal para explorar cómo se ha desarrollado la ciencia forense. ¿Esperamos que un texto sobre la muerte sea triste? ¿Macabro? Todo lo que queda no es ninguna de las dos cosas. A pesar de la tragedia, el humor impregna estas historias. Memorias, divulgación científica y una profunda meditación sobre el fin de la vida.

 

 

 

Milena Busquets. Gema. Anagrama. 176 pp.

La vida de una escritora de cuarenta y tantos años transcurre sin grandes sobresaltos, entre sus dos hijos y una relación que parece a punto de terminar. Pero esa existencia razonablemente plácida se ve sacudida por la reaparición de un fantasma del pasado en forma de repentino recuerdo: Gema, una compañera de colegio que murió de leucemia con quince años. La narradora española ofrece una obra sobre el pasado que creemos haber olvidado pero que nos persigue, sobre las pérdidas que nos marcan y la necesidad de despedirse. Pero también es una novela sobre las ganas de vivir y las pequeñas alegrías de lo cotidiano.

 

 

 

Bárbara Jacobs. Días de tu vida. Era/UANL. 184 pp.

Cuando la vida se va, es preciso llevar a cabo un ajuste de cuentas con ella. En sus últimas horas de vida, Patricia sostiene un largo monólogo en entrevista con una amiga reportera, quien registra cada una de sus palabras. Bárbara Jacobs consigue atrapar, hecho, la respiración, el tono y el ritmo de esa voz de la agonía en un lenguaje narrativo poco común.

 

 

 

Daniel Espartaco Sánchez. Los nombres de las constelaciones. Dharma Books. 131 pp.

Esta historia se desarrolla entre las antiguas salas de cine, los rollos fotográficos, viejas proyecciones de películas y el comienzo de Internet. Espartaco nos sume en una atmósfera de soledad, desamor, fatalidad, pérdida, incertidumbre y presagio. A partir del realismo, el autor nos sobrepone, desde una pluma realista, a la trivialidad, la cotidianidad con la que hablamos, actuamos y pensamos, y la banalidad bajo la que vivimos que puede no ser tan banal si ponemos atención para demostrar que de ilusiones también se vive, y que podemos empezar por mirar las constelaciones. (Aristegui Noticias)

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