Libros de la semana

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Ursula K. Le Guin. Lo real y lo irreal. Minotauro. Trad. Juan Pascual Martínez Fernández, Ana Quijada y Manuel Manzano. 726 pp.

Las historias de Ursula K. Le Guin han dado forma al modo en que muchos lectores perciben el mundo. Han ayudado a dar voz a los que no la tienen, a otorgar esperanza a los marginados y a decirle la verdad al poder. Manteniendo siempre su independencia y sentido del humor, ha demostrado ser una de nuestras mejores escritoras de todos los tiempos. Esta esperada selección de relatos deleitará, divertirá y provocará.

Luis García Montero. Balada en la muerte de la poesía. Visor. 64 pp.

¿Cuánto tarda en llegar una noticia hasta el siglo XV? El poeta se lo pregunta al enterarse por la televisión de que la poesía ha muerto. Piensa en Jorge Manrique. ¿A qué hora será el entierro? Poco a poco el buzón del teléfono se llena de mensajes: la vida retirada, la noche oscura, Lucrecio, Leopardi, Baudelaire, Rubén Darío, Anna Ajmátova, Federico García Lorca, el amor constante más allá de la muerte… Todos quieren saber, todos comentan el suceso. El poeta asiste al día siguiente al entierro, regresa a su casa y se sienta a escribir esta Balada en la muerte de la poesía.

Edith Wharton. Cuentos completos (1909-1937). Páginas de espuma. Traducción de E. Cotro, M. Fernández Estañán, E. Gallud y J.C. García. 1192 pp.

Los relatos incluidos en este volumen fueron escritos durante el conflicto de la I Guerra Mundial, el periodo de entreguerras y el Crack del 29. Durante este periodo la narradora estadounidense tuvo su mayor esplendor literario, donde su prosa alcanzó las mayores cotas de calidad y sus cuentos reflejaron como pocos el advenimiento de un nuevo mundo y una nueva sensibilidad.

Jay McInerney. Días de luz y esplendor. Libros del Asteroide. Trad. Patricia Antón. 520 pp.

Adictiva novela que nos sumerge de lleno en el Manhattan de principios del XXI, con la elección de Obama y el colapso económico mundial como telón de fondo. En ella McInerney vuelve a seguir los pasos de Russell y Corrine para ahondar en los retos del amor y el matrimonio y, como un Fitzgerald de nuestro tiempo, trazar un soberbio retrato de las luces y sombras del sueño americano. Una brillantísima conclusión a su trilogía de novelas dedicada a los Calloway. (Aristegui Noticias)