Libros de la semana

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Evelio Rosero. Casa de furia. Alfaguara. 376 pp.

Es abril de 1970 y la imponente casa de los Caicedo, ubicada en uno de los barrios más distinguidos de Bogotá, se prepara para celebrar el aniversario de bodas de los patriarcas. El día y los festejos avanzan, al mismo tiempo que un desfile de variados personajes entrelazan sus historias y sellan sus destinos en la vida, el placer y la muerte. El narrador colombiano hace un hilarante retrato de una sociedad acostumbrada a seguir de fiesta al ritmo de sus pasiones mientras se desata la catástrofe.

Elisa Díaz Castelo. Principia. Elefanta. 50 pp.

Los poemas de Principia son rezos ateos que celebran aquello que no podemos ver. Elisa Díaz Castelo no sólo se apropia del lenguaje de la ciencia para hablar de la intimidad, también cuestiona la certidumbre que estos lenguajes imponen. ¿De qué estamos seguros, realmente? ¿Cuál es el espacio de la Verdad, con su V mayúscula tan dura, ocupa en la poesía? ¿Con qué herramientas avanzamos en un territorio del que no existe mapa alguno? Tal vez aquí no encuentres las respuestas a estas preguntas, lo que si te aseguramos es que encontrarás versos que te harán pensar.

Simone Weil. Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social. Godot. Trad. Rafael Vázquez Blanco. 128 pp.

Aunque fue escrito hace más de ochenta años, este ensayo llama la atención por su inmediata actualidad. La filósofa francesa regala pinceladas de sabiduría que hoy podríamos suscribir sin problema. Un ejemplo: “La verdad es que, según una famosa fórmula, la esclavitud envilece hasta tal punto que el hombre acaba por amarla; que la libertad solo es valiosa para quienes la poseen de verdad; y que un régimen enteramente inhumano como el nuestro, lejos de forjar seres capaces de edificar una sociedad humana, modela a su imagen a todos aquellos a los que somete, ya sean oprimidos u opresores.

Eduardo Cerdán. Los niños volvieron de noche. Nitro-Press. 112 pp.

Con enorme sutileza, pero con una prosa certera, sintética, Eduardo Cerdán habla de lo que no se habla. Mujeres abusadas cuyos hombres ni siquiera se enteran, chapuzones en pozas secretas, prójimos a los que no deberías desear, pero deseas, accidentes que no deberías ver, pero presencias, mundos donde lo insólito irrumpe y vuelve imposible distinguir lo vivo y lo muerto. Cuentos donde la crueldad y una prosa punzante fluyen con la naturalidad de quien dispara y no sabe fallar. (Aristegui Noticias)