‘La jauría humana’ en Bahía Azul, de Cancún | EL BESTIARIO

Un psicópata anda suelto en este fraccionamiento, desde hace más una década, envenenando a mascotas y animales silvestres, la impunidad provoca un clima de terror y sospechas entre los vecinos, ¿Es Usted el asesino?…

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

No es una novedad. Volvieron a regar veneno la calle Estuario, hace ya más de una semana. La inacción de nuestras autoridades municipales, estatales y federales ha desatado una ‘caza de brujas’ en el vecindario… No ocultan sus miedos. Un desalmado anda suelto. Todos sospechan que es un propietario o residente. ¿Es Usted el asesino? Mascotas y animales silvestres que viven en sus casas y apartamentos o ‘visitan’ antiguos territorios suyos donde sobreviven antes de ser desalojados por burbujas inmobiliarias han aparecido muertos en los jardines comunitarios, donde juegan a diario niños de corta edad… En los manglares que blinda este territorio nadie quiere meterse. Sospechan que se han convertido en auténticos cementerios de ‘missing cats’. El terrorífico saldo: 12 gatos y otros tantos ‘desaparecidos’; varios perros, el último un dálmata; así como un sinnúmero de animales silvestres entre tlacuaches, coatíes, ardillas… Muchas ranas, a pesar de las lluvias caídas, han dejado también de croar, uniéndose al silente concierto de maullidos y ladridos y otros lenguajes de esta Torre de Babel. Los dueños retienen a sus canes y felinos en sus hogares, en un obligado ‘arresto domiciliario’. Los niños ya no son los dueños de las tardes. Es la otra pandemia que se repite desde hace muchos años, sin que los administradores del lugar ni nuestras élites políticas , hayan avanzado un ápice en dar con el psicópata, neurótico, desequilibrado, lunático, demente, trastornado, perturbado, loco… o con la o los o las “que son vecinos de Bahía Azul”.

Estamos ante un nuevo ‘silencio’, provocador de escenas de miedos ilimitados. Es el ‘El silencio de los gatos, perros, tlacuaches, coatíes, ardillas…’. Evocadora frase de ‘The Silence of the Lambs’ (El Silencio de los Corderos en España, y El Silencio de los Inocentes en Latinoamérica). Película estadounidense de 1991 de género thriller y terror. Dirigida por Jonathan Demme, presenta a Jodie Foster, Anthony Hopkins y Scott Glenn en los papeles principales. Han pasado 29 años desde que se estrenó la película ‘El Silencio de los Inocentes’, la que no tardó mucho tiempo en convertirse en un verdadero clásico del cine. Esta cinta, protagonizada por Jodie Foster, Scott Glenn y Anthony Hopkins, se transformó en la primera producción de terror en obtener el Oscar a la mejor película. Y a pesar del tiempo que ha pasado desde que aterrorizara los cines de todo el mundo, se siguen conociendo nuevos detalles que nos recuerda el genial resultado que logró el director Jonathan Demme. Quienes vieron este film -asumimos que la mayoría de los que disfruta del séptimo arte- de seguro recuerdan la perturbadora confesión que Hannibal Lecter realizó a la detective Clarice Sterling. “A census taker once tried to test me. I ate his liver with some fava beans and a nice Chianti”, le menciona con su penetrante mirada el brillante, pero caníbal, psiquiatra a la agente del FBI, lo que traducido al español significa: “Uno del censo intentó hacerme una encuesta. Me comí su hígado acompañado de habas y un buen chianti (vino tinto)”.No obstante, un usuario de la red social Reddit descubrió que Thomas Harris, autor de la novela original que inspiró la película, no escogió esta frase al azar. “Una gran línea del Silencio de los Inocentes que todos conocen. Pero la mayoría no se dio cuenta que el doctor Hannibal Lecter estaba haciendo una broma clínica”, escribió el usuario mrcchapman.“El tratamiento de Lecter podría haber estado basado en drogas conocidas como inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO). Como psiquiatra, Lecter sabía esto”, agregó. Por razones médicas, quienes toman estos fármacos deben evitar consumir hígado, habas y vino, entre otros. Como una aprendiz del FBI, Starling probablemente no se dio cuenta que lo que Lecter estaba haciendo era divertirse con su propio chiste, además de admitir que no estaba tomando sus medicamentos. La combinación de hígado, habas y vino, con estos inhibidores, puede ser fatal. El film está basado en la novela homónima de Thomas Harris, escrita en 1988 como secuela de ‘El dragón rojo’ (1981), del mismo autor, que relata la historia de Hannibal Lecter, un brillante psiquiatra y a la vez asesino en serie y caníbal.

Los afectados de estas muertes felinas en nuestra ciudad de Cancún eran de presentar denuncias ante la autoridades policiales y judiciales; se revisan las imágenes de las cámaras instaladas, pero como podía ser de otra manera, éstas no recogen imágenes de ningún sospechoso o sospechosa; una colonia de coatíes, diezmada años atrás con estricnina, corre peligro… Nuestra seguidora Sara Rincón Gallardo, nos escribe desde Twitter y Facebook: “Santiago tienen que ir a la Fiscalía y al Centro Canino a poner la denuncia y también en Ecología, Profepa y Secretaria de Salud. Solo así les harán caso. Es un ecocidio. Es delito federal…”. Me aportó su teléfono personal. Hablé con algunos afectados. Me iban a aportar pruebas gráficas de los gatos muertos. Les he estado esperando una semana. Era importante que la Justicia tomara cartas en el asunto. Las falsas sospechas, la venganza cruel, el señalamiento ilegal de algunas vecinas ‘locas’…, con carteles amenazadores, depósito de diez kilos de mierda de perro en un portal de la propia calle Estuario, el apuñalamiento con una navaja de una de las ruedas de una furgoneta familiar aparcada en una propiedad…, se adelantaron. Estamos en una auténtica ‘caza de brujas’, donde la impunidad parece haber transformado a Bahía Azul en un escenario de otra mítica película estadounidense, ‘La jauría humana’ (The Chase), de 1966, del género drama, dirigida por Arthur Penn, con Marlon Brando, Robert Redford y Jane Fonda. Basada en una historia de Horton Foote, el guión fue escrito por Lillian Hellman. En un pueblo del sur de los Estados Unidos, el regreso de un prófugo de la justicia condenado injustamente, desata el caos. El sheriff, interpretado por Marlon Brando, debe lidiar con los personajes siniestros del pueblo y sus miserias. Frecuentemente asociada con el filme ‘Perros de paja’, de Sam Peckinpah, ‘La jauría humana’ es una de las obras máximas de Marlon Brando, el mítico Vito Corleone de ‘El Padrino’ de Francis Ford Coppola…

El 7 de diciembre del 2016 escribí esta columna, con el título: ‘La gran matanza de gatos’ de Robert Darnton. Meses atrás fueron hallados los cadáveres de otros gatos y un perro blanco. -Este último vivía en una casa donde sigue residiendo uno de los gastos envenenados, el pasado viernes, salvado merced a una atención veterinaria. El sobreviviente se llama Gaspar-. Estábamos cuatro años atrás ante unos asesinatos selectivos, en el jardín por donde transcurre un camino que une Estuario y Estero, producto de rencillas personales no sometidas a catarsis, olvido. Catarsis es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Mediante la experiencia de la piedad y el temor, los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones. En la medianoche del 20 de junio del 2020, pudimos comprobar que el silencio de la muerte es aterrador. Vecinos con linternas llamaban a sus mascotas. No hubo respuesta alguna. En una furgoneta, un guardia de seguridad intenta sacar el cadáver de un felino que fue a refugiarse en el interior de su motor, queriendo librarse de los síntomas del envenenamiento. Era el otro COVID-19 en Bahía Azul… Recopilemos: Exterminio de una colonia de coatíes, una década atrás; atentados selectivos contra varios gastos y un perro blanco, hace un lustro; colocación de platos de plástico con comida con una matanza masiva de gastos y tacluaches, tres o cuatro años atrás; y ahora ese nuevo ‘holocausto’… La sed de venganza de algunos dueños de mascotas debe ser ‘hidratada’ con una investigación de nuestras autoridades. “Vamos a dejarnos de llamarnos Juan, Pedro, Mateo, Lucas, Luis…, si no le encontramos al hijo puta que ha hecho esto”, coincidían al unísono algunos padres de familia. Otro vecino bromeaba casi clandestinamente, en voz baja… “A este paso vamos a tener que trasladar la oficina del Registro Civil para proceder al cambio de tanto nombre anunciado”. Este relajante comentario puede hacerse realidad. Ha pasado una semana y no hay más que acusaciones sospechosamente paranoicas. Hay razones objetivas para justificar esa paranoia social. Además a los paranoicos también les persiguen.

La tensión vivida a lo largo de esta semana en el Fraccionamiento de Bahía Azul, cercano a Puerto Cancún, ha desatado un clima de acusaciones públicas… Tres carteles fueron colocados a la entrada de Estuario. Los nombres a los que iban dirigidos sus perturbadores mensajes se dieron a conocer mediante rumores públicos. La primera acción en contra de los ‘señalados’ fue el depósito en el portal de su vivienda, de casi diez kilos de mierda de perro. La Justicia debe imponerse a la venganza. Hay que darse prisa para defender esta máxima. La psicopatía y la paranoia están haciendo efecto e imponiéndose en este lugar pleno de vida. La necrofilia parece imponerse. Hay que evitar males mayores. Este pasado jueves, la familia ‘marcada’ se encontró con unas de las ruedas rajadas, con alguna navaja. Los padres de dos niños se dirigieron hasta la caseta de seguridad residencial donde les recalcaron que ellos no se iban a meter en la bronca, pues era un ‘tema de índole personal’. Otros vecinos lanzan acusaciones contras otras personas, sin pruebas demostrables. La Justicia, con sus agentes y jueces, es la única capacitada y con poder cedido por los propios ciudadanos, para aplicar las leyes del Estado de Derecho, sigue ausente, peligrosamente ausente.

Hablamos este viernes, antes de preparar esta columna, con los vecinos objetos del ataque contra su furgoneta, mostrándonos su seria preocupación por lo ocurrido. Eran de dirigirse a la alcaldesa Mara Lezama “para pedirle una urgente investigación y no vaya a mayores el clima de sospechas y denuncias falsas en el seno del vecindario”. Recalcábamos desde días atrás de la necesidad de se abra una indagatoria policial, judicial, administrativa ante lo que estaba ocurriendo… “Temo por mi familia, por mis dos hijos. Además de la pandemia nos preocupa seriamente lo que está ocurriendo con este asunto del envenenamiento y acusaciones contra nosotros sin prueba alguna”. Mientras tanto las familias de los gatos y perros siguen llorando a sus mascotas, como al bello gato ‘Bes’, quien murió en las puertas de su casa, donde buscaba refugio…y compartía espacios con amigo, el perro ‘Huevo’. Registros de matanzas -y juicios- hacia animales pueden hallarse en la literatura -desde El Quijote de Miguel de Cervantes, en el siglo XVII, hasta Germinal de Émile Zola, a finales del XIX- como una práctica común e incluso ‘divertida’. En tiempos de François Rabelais, el de los gigantes Pantagruel y Gargantúa, era de lo más cotidiano que los niños se entretuvieran atando gatos a un palo y luego los asaran en una hoguera.

La psicopatía o personalidad psicopática es un trastorno antisocial de la personalidad. Hay varios comportamientos y características que son “relativamente comunes” entre los psicópatas, nos explicaba el doctor Pablo Gallastegui, director del Centro de Salud Mental de Eibar, País Vasco, España. Las personas con trastorno psicopático, o psicópatas, suelen estar caracterizadas por tener un “marcado comportamiento antisocial, una empatía y unos remordimientos reducidos, y un carácter más bien desinhibido”. Este carácter psicopático puede hallarse en diferentes dimensiones de la personalidad, y en diferentes combinaciones en el conjunto de la población. Uno de los signos característicos a edades tempranas de rasgos psicopáticos y/o antisociales, se podrían reducir a una tríada caracterizada por enuresis, maltrato animal, y piromanía. Con el tiempo han aparecido sistemas de clasificación más complejos basados en descripciones, estudios y tests del canadiense Robert Hare y del estadounidense Hervey Cleckley.

Independientemente de las características que cada uno de los dos anteriores profesores universitarios menciona en sus estudios, hay un consenso general acerca de ciertas características evidentes y comunes en los psicópatas, como por ejemplo: Su falta total (o muy elevada) de empatía, culpa, o remordimiento. Su tendencia a “cosificar” a las personas u otros seres vivos que le rodean, y su continua violación de los derechos y normas sociales, ya sea respecto de un individuo o de la sociedad. Cosificar es convertir en cosa a alguien o algo. “La fabricación en cadena ha cosificado al hombre”. Algunas de las características que suelen poseer las personalidades psicópatas son el victimismo y la manipulación. El trastorno psicopático produce una conducta anormalmente agresiva y gravemente irresponsable, que según el doctor Hervey Cleckley determinan una serie de características clínicas, descritas en su libro The Mask of Sanity: An Attempt to Clarify Some Issues About the So-Called Psychopathic Personality, donde se incluye que estas personalidades tienen: Encanto superficial e inteligencia; Ausencia de delirios u otros signos de pensamiento no racional; Ausencia de nerviosismo o manifestaciones psiconeuróticas; Escasa fiabilidad; Falsedad o falta de sinceridad; Falta de remordimiento y vergüenza; Conducta antisocial sin un motivo que la justifique; Juicio deficiente y dificultad para aprender de la experiencia, Egocentrismo patológico y carencia de empatía; Pobreza generalizada en las principales relaciones afectivas; Pérdida específica de intuición; Insensibilidad en las relaciones interpersonales generales Conducta extravagante y desagradable bajo los efectos del alcohol y, a veces, sin él Amenazas de suicidio raramente consumadas. Incapacidad para seguir cualquier plan de vida. Robert Hare estima que el 1 % de la población es psicópata. Otras estimaciones incluso llegarían al 6 %. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), su prevalencia está entre el 0.2 % y el 3.3 %.

Cientos de mensajes hemos recibido en estos días. Todos ellos condenan con contundencia lo que está ocurriendo en Bahía Azul y exigen a las autoridades que terminen con estos ecocidios… Un tuit invitaba a la reflexión sobre otra arista del caso. No solo a los vecinos del lugar por donde camina un criminal, sino a todos los ciudadanos de Cancún y Quintana Roo: “Yo creo también muchos dueños de animales irresponsables…”. En estos tiempos de envenenamientos perdimos a nuestra mascota, la perrita ‘Lolita’. Hemos apoyado el texto con imágenes de los films ‘La jauría humana’, ‘El Silencio de los Corderos’; el gato ‘Bas’, una de las víctimas, a quien una familia le sigue llorando; amenazas y ataques contra las propiedades de una familia ‘sospechosa’, en la calle Estuario; Aoshima, la ‘Isla de los Gatos’, en el sur de Japón, donde conviven apenas 200 pescadores y 120 gatos, merced a las capturas de pesca y al turismo, es conocida también, popularmente, como ‘La Isla de Bahía Azul’; madres y crías de coatíes y tlacuaches; nuestra mascota ‘Lolita’; y la perturbadora imagen de un manifestante utilizando a un tlacuache como ‘proyectil’.

@SantiGurtubay

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