LA INVASIÓN DE UCRANIA: EL ORIGEN DEL MAL

Roberto Hernández Guerra

Decir que la paz mundial se ha roto en la actualidad por la confrontación entre la Federación Rusa y Ucrania es pecar de ingenuos. Los seres humanos hoy, como siempre, tratan de resolver sus diferencias al igual que sus antepasados homínidos por medio de la violencia.

Para muestra basta un botón y aquí encontramos más de uno. Entre los conflictos bélicos vigentes podemos mencionar las guerras de Siria y Yemen, las confrontaciones en Malí, Níger, Sudán y el permanente conflicto entre Israel y Palestina. Estas son tan solo algunas de esas manifestaciones de la “pulsión de muerte”, como le llaman los psicólogos a ese empuje constante que lleva al ser humano de forma inconsciente a sentir placer en la destrucción.

Decía Albert Einsten no saber con lo que se lucharía en una tercera guerra mundial, pero sí con qué se combatiría en una cuarta: “con hachas de piedra”. Conscientes de ello, los gobernantes de las potencias nucleares procuraron evitar una confrontación en la que no habría ganadores; sin embargo, siguieron las recomendaciones del romano Flavio Vegecio Renato, quien en su obra “De Re Militari”, en el siglo IV de nuestra era, decía:“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”; y bien que todos se prepararon.

Al disolverse la Unión Soviética, la Federación Rusa heredó su armamento nuclear, por lo que el equilibrio del poder mantuvo una paz sostenida por el temor a la aniquilación total. No había visos de confrontación; sin embargo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) estableció bases militares dotadas de armamento nuclear alrededor de la nación eslava, siendo el siguiente paso programado la incorporación de Ucrania a ese dogal de hierro. Creemos que esta es una de las claves para comprender un conflicto en el que este país pone los muertos y otros ponen las armas.

Sin duda, que tal  provocación, que rompía las promesas de respeto hechas por Occidente cuando el colapso del poder soviético y la disolución del Pacto de Varsovia, fue el origen del mal, pero se dio en el escenario de una lucha por la economía y los mercados mundiales que se encuentra en el fondo de todo. Como dijera la frase acuñada por el presidente Clinton en su campaña electoral,It’s the economy, stupid”. La confrontación por el control pasó a ocupar el primer plano con un nuevo participante, la República Popular China. La hegemonía de Norteamérica surgida de la Segunda Guerra Mundial, con el dólar de por medio, estuvo de pronto amenazada por quienes aspiran a un nuevo orden multipolar.

Lejanos en el tiempo, en 1971, quedaron  los esfuerzos del presidente Nixon de mantener relaciones cordiales con el gigante asiático, así como la opinión de su secretario de Estado, Henry Kissinger, de que se puede cooperar con ese país porque no tiene una visión imperial. Más cercanos aquellos en que el presidente Obama pretendía relacionar el comercio con los derechos humanos o en los que el presidente Trump estableció aranceles a las importaciones provenientes de dicho país, diciendo que «las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar».

Y si existe alguna duda en la relación entre el conflicto bélico y la lucha por la hegemonía económica, basta consultar la Declaración de la Cumbre de la OTAN, celebrada en el mes de junio de 2022 en Madrid que señala expresamente:“La Federación Rusa es la amenaza más importante y directa para la seguridad de los Aliados y para la paz y la estabilidad en el área euroatlántica”, y agrega: “Nos enfrentamos a la competencia sistémica de aquellos, incluida la República Popular China, que desafían nuestros intereses, seguridad y valores…”. Y como dicen los abogados, a confesión de partes, relevo de pruebas.