EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Este daguerrotipo de ficción logra que el mundo ‘imagine’ todavía causas justas con nuevos amaneceres, tras el ‘Annus Horribilis’ del 2020…

 “Chicago, 11 de agosto de 1966. John Lennon se refugió en una vieja cabina de grabación de radio para estar solo y relajarse. Recién salía de una conferencia de prensa bajo la presión del escándalo desatado por sus declaraciones en marzo al London Evening Standard –aunque en Estados Unidos se conoció esto a través de la revista Datebook– donde afirmó que los Beatles ya eran más famosos que Jesucristo. Situación que en Estados Unidos propició el veto de su música en varias estaciones de radio.  Aquel 11 de agosto, Lennon con guitarra en mano, levantaba su mirada y ante él estaba otra figura de pelo largo y con sueños de libertad. Guevara no sabía cantar pero tomó una guitarra y cantó, más bien gritó canciones sobre los oprimidos y las causas justas. John lo escuchó sin decir palabra alguna y ‘El Che’ se fue así como llegó. Ni John ni Ernesto comentaron nunca nada acerca de ese extraño encuentro. Hoy se conoce la existencia de aquel mini concierto secreto, y ya algunos se han aventurado en decir que ese encuentro marcó en definitiva la producción artística de John. Otros hasta han llegado a escuchar fragmentos de aquellos “cantos” del Che en “Revolución #9 “, del álbum blanco de Los Beatles”. Este texto era ‘surrealista’ en los sesenta, ‘frikie’ y ‘fakie news’ en los tiempos que corren ahora, con un ‘histérico’ Che que se aparece sin previas citas que hubiesen sido filtradas  a la prensa,  gritando canciones sobre los oprimidos y las casas justas, y un ‘colocado’ Lennon, que no decía nada, producto de un generoso ‘joint’ con haschish de Ketama, en la cordillera del Rif, próxima a la ciudad santa de Fez, en Marruecos, promovido desde siglos atrás por el vicioso francés de Charles Baudelaire o un ‘ajo’ (LSD). Este supuesto ‘encuentro en ‘tercera fase’ lideró la agenda conspiranoica y paranormal de finales del siglo XX. Steven Spielberg todavía no había ‘pegado’ fuerte con sus ET’s y otros extraterrestres, en la cinemateca de Hollywood… Por si fuera poco, los ‘comunicadores’ de Internet y de las redes sociales, a esta foto de John y Ernesto, le asignaron autoría, la de un español, con apellido galáctico también, el de Lucas…

“César Lucas es un fotógrafo vocacional, autodidacta desde los 17 años. A lo largo de más de cincuenta años de carrera ha tocado múltiples géneros como pueden ser la fotografía de viajes o el desnudo, ha reflejado la vida cotidiana al tiempo que enfocaba su cámara a personajes que han pasado como iconos del siglo XX. Y, sobre todo, ha captado los momentos históricos de la vida social y política. Una muestra de su obra se recoge en el libro ‘El oficio de mirar’. Conversamos con César Lucas en el programa de Radio Euskadi ‘La Casa de la Palabra’ el miércoles 19 de septiembre de 2012. Le preguntamos cómo fotografió a Che Guevara y a John Lennon. César Lucas era uno de los fotoperiodistas más inquietos y versátiles de los últimos 50 años. Nació en 1941 en Cantiveros (Ávila). Con apenas 18 años ingresó como fotógrafo de prensa en la agencia Europa Press e, inmediatamente, sus fotografías se publicaron en numerosos diarios y revistas. Con 22 años publicó en la revista Life. Con el tiempo fue redactor gráfico en diferentes diarios, fundó la agencia gráfica Cosmo Press, participó en la fundación del diario El País y en 1978 asumió la dirección de Fotografía del Grupo Zeta. Sus fotografías captaron  momentos importantes de la ‘Transición Democrática’ en España, tras la muerte del dictador y ‘Caudillo’, Francisco Franco,  como la fotografía de la reunión carlista en Montejurra, Navarra, que dio la vuelta al mundo, o las del golpe de estado del teniente coronel de la Guardia Civi, Antonio Tejero desde el exterior del Congreso de los Diputados. También retrató a grandes artistas como Katharine Hepburn, Brigitte Bardot, Raquel Welch, Clint Eastwood y a Pepa Flores ‘Marisol’, desnuda. En 1959 dio cobertura informativa en exclusiva a la visita que realizó a Madrid Ernesto Che Guevara. Lo tuvo durante nueve horas delante de su objetivo. En la entrevista nos comentó que, por aquel entonces, pasó desapercibido y que era una persona muy interesante de trato agradable. Con John Lennon estuvo tres meses en Almería mientras rodaba la película ‘Cómo gané la guerra’. César nos dice que era una persona introvertida con un humor inglés que muchas veces no sabía interpretar…. César Lucas no ha dicho nada y menos que la polémica foto del músico inglés y del guerrillero argentino cubano sea suya.

La foto imposible de Ernesto Che Guevara y John Lennon logra, en estos tiempos del COVID-19 y de un Donald Trump, un presidente de Estados Unidos que no admite su derrota y se resiste a dejar la Casa Blanca, que el mundo ‘imagine’ todavía causas justas con nuevos amaneceres. El ‘montaje’ la verdad es que nos presenta a un Che enano, si nos fijamos en sus brazos. Lo importante es que Internet ha hecho posible ese encuentro, décadas después de ‘planes cóndores’ en América Latina y silencios cómplices del Occidente más ‘enrollado’. Los desencuentros entre los ciudadanos más progresistas entre el Norte y el Sur estaban a la orden del día. En la propia Cuba de Fidel y el Che de los sesenta, un irreverente John Lennon era ‘sospechoso’. No podía ser que no apoyaran los Beatles a la ‘seria’ Revolución Cubana. Los propios cubanos hubieron de conformarse en aquellos tiempos con escuchar mensajes ‘beatlianos’, tamizados por los cantantes españoles de la década de los sesenta, censurados previamente por las élites falangistas al servicio de Franco. En la Habana se potenció la ‘trova’, con ‘silvios’ (Silvio Rodríguez), pablitos’ (Pablo Milanés), ‘saritas’ (Sara González)…, quienes sufrieron también en carne propia las vorágines de ingenuos revolucionarios que querían cambiar el mundo, sin conocerlo en profundidad. No supieron, en muchas ocasiones, respetar otras ‘señales’ que no se vestían con camisas de verde olivo y boinas negras vascas. Los cubanos se acuerdan de los aciagos días donde tener un disco de los Beatles, no era, al menos, bien visto. Si el dueño era un obsesivo convulsivo de los jóvenes melenudos de Liverpool y de su “Love Me Do” su primer sencillo de una larga carrera, una especie de ‘manifiesto no comunista e imperialista’, los problemas no tardaba en llegar. Esta actitud ‘antibeatles’, también hay que reconocerlo, no era exclusiva de Cuba. Todos los ‘the establishment’ de la ‘Guerra Fría’ manejados desde Washington y Moscú, no querían saber nada del nuevo fenómeno de masas que contaminaba a las juventudes desde Gran Bretaña y su pecadora y libertaria capital, Londres.

El tiempo pone las cosas en su sitio. Quizás es el mejor antídoto para vorágines ideológicas. Cuba, isla de ‘periodos de rectificación de errores’, lo hizo con John Lennon, colocando una estatua de bronce suya, en uno de sus parques del céntrico barrio ‘medio burgués’ de El Vedado. Lennon está ahora sentado tranquilo en la banca de fierro donde hay lugar para que alguien más lo acompañe si quiere, tres o cuatro personas a la vez, un espacio interactivo para él en un país donde en un tiempo estuvo prohibido; prohibidos los Beatles, prohibida la música rock, “se examinaba con microscopio las canciones para ver si tenían células de rock” como recordaba Silvio Rodríguez en una entrevista con Jaime Sarusky para la revista Revolución y Cultura… “Había compases musicales imperialistas en esa época”, agregaba con ironía el icono de la Nueva Trova Cubana. Con más de cuatro décadas de carrera musical, y más de una veintena de álbumes, es uno de los cantautores de mayor trascendencia internacional del habla hispana. Acabando el siglo XX, fue elegido en su país junto a Ernesto Lecuona como el mejor compositor cubano del siglo, mientras que a nivel internacional fue galardonado, junto a Joan Manuel Serrat, como el mejor cantautor hispanoamericano.

Prohibidas melenas, minifaldas, vaqueros, pantalones campana ‘patos’ (amariconados), botas camperas, afeminados mensajes de hacer el amor y no la guerra… ‘Imagínense’. Lennon sentado, en un parque de La Habana. Quizás pensando: Nada puede ser prohibido para siempre… Para el viajero que desde la tranquilidad de su casa o apartamento de Cancún, Solidaridad, Isla Mujeres, Chetumal, Cozumel, Tulum…, en Quintana Roo, planifica el viaje a Cuba hojeando revistas o catálogos turísticos, La Habana debe ser esa ‘ciudad blanca y negra, negra y blanca’ –para mí siempre ha sido mi Lisboa latinoamericana–. Faros de morros de piedras claras de Jaimanitas, capitolios de mármoles nobles de parques centrales, sábanas colgadas en balcones de havanasviejas…, acompañadas de tintes de negritud, sonrisas populares nonagenarias ‘compaysegundas’, desafiantes culos, no lejanos a la elefantiosis, de aspirantes a princesas y reinas ‘otelianas’ europeas que sueñan con sustituir a racistas ‘cisnesblancos’ del inexistente Sigfrido… Pero además de estas referencias reconocibles, otras imágenes van sumándose al repertorio que utilizamos viajeros y cubanos para hablar de este destino común… Si usted desea tomarse una foto con uno de los ‘integrantes’ de los Beatles, sin necesidad de asediar la casa de Paul MacCarney o desembarcar en Abbey Road, en la Londres multicultural, en la capital del ‘caimán verde’ cuentan con una escultura, quizás la primera de América Latina, de John Lennon. En el parque de 17 y 8, de El Vedado, la imagen en bronce del ‘Beattle’ más controvertido espera por usted sentado apaciblemente sobre uno de los bancos del parque. La inauguración la presidió el propio Comandante de la Revolución Cuba.

La sábana que tapaba la estatua del parque habanero fue retirada por el cantautor cubano Silvio Rodríguez, reconocido admirador del cuarteto británico, y por Fidel Castro quien lamentó no haber conocido antes a Lennon… “Hay reivindicaciones que son muy justas”, dijo el mandatario refiriéndose a los tiempos en que Los Beatles fueron identificados por la política oficial como símbolos de la ideología imperialista de los enemigos de la Revolución Cubana. La censura duró hasta 1966, cuando un programa de radio divulgó por primera vez una canción del cuarteto. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que los amantes del rock, que usaban el pelo largo y pantalones vaqueros, dejaran de identificarse automáticamente en Cuba como opositores al régimen socialista. John Lennon ‘vive’ sentado en un banco, con las piernas cruzadas y ligeramente inclinado hacia la izquierda, como si conversara con quienes se sientan a su lado. Nunca falta un visitante que deja una flor, una pareja de recién casados que se sacan fotos abrazados al músico, una joven que le toca las manos o turistas que se acercan y le hablan en japonés o alemán, como si este Lennon habanero entendiera cualquier idioma…, pero todo un indicio de su universalidad y vigencia.

“Imagina que no hay paraíso, /Es fácil si lo intentas, / Ningún infierno debajo de nosotros, /Arriba de nosotros, solamente cielo, / Imagina a toda la gente/ Viviendo al día…/ Imagina que no hay países, / No es difícil hacerlo,/ Nada por lo que matar o morir, / Ni religiones tampoco, / Imagina a toda la gente/ Viviendo la pida en paz / Imagina que no hay posesiones,/ Me pregunto si puedes, / Ninguna necesidad de codicia o hambre, / Una hermandad del hombre, / Imagina a toda la gente, / Compartiendo todo el mundo… / Tú puedes decir que soy un soñador, / Pero no soy el único, / Espero que algún día te nos unas, / Y el mundo vivirá como uno solo”.

@SantiGurtubay

@Bestiario Cancún

www.elbestiarocancun.mx

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