La diputada que quiso ser Brozo

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Roberto Hernández Guerra

¿Pueden los ideales estar por encima de los intereses materiales? El reciente escándalo provocado por la asistencia conjunta de políticos “progresistas” y “conservadores” a la boda de un funcionario, nos hacen dudar. Lo mismo nos sucede con la fotografía que presume en sus redes sociales la diputada de la alianza Morena-Partido Verde, Laura  Fernández, a la que vemos muy sonriente junto al periodista Carlos Loret de Mola. Pero la feria de vanidades no termina con esto: Claudia Sheinbaum concedió una entrevista y apareció en la portada de la revista semanal de El País, medio español que al igual que el periodista que dirige Latinus, es un crítico contumaz de López Obrador.

Estas y algunas otras cosas más nos obligan a reflexionar.

¿Son las ideas y la conciencia, existentes por sí mismo y por lo tanto trascendentes, más allá de la materia? ¿O por el contrario son producto de procesos fisiológicos que ocurren en el cerebro, influidos por factores externos?

La opinión materialista de los antiguos pensadores caldeos e hindúes, posteriormente desarrollada por los griegos de la Escuela de Mileto (Tales, Anaxímenes y[UdW1]  Anaximandro) y en el Siglo XIX expuesta por Ludwig Feuerbach y llevada a su más profunda expresión en el materialismo dialéctico de Carlos Marx y Federico Engels, puede ser revisada en la actualidad sin que los idealistas y espiritualistas puedan decir algo mejor. 

La polémica que por mucho tiempo ocupó la mente de los filósofos se resuelve sin  mucha dificultad dado el avance de la fisiología, la psicología y más aún, por la conducta cotidiana de alguna gente. Los ideales que trascienden el tiempo y el espacio, la bondad, la caridad, la fraternidad, la lealtad y otros de la misma naturaleza que son el sustrato del espiritualismo y de las creencias religiosas, difícilmente pueden compaginarse con conductas materialistas vulgares tales como la apropiación de los bienes ajenos, pese a que se busquen justificaciones.

Durante el período de la invasión y sometimiento de los pueblos nativos de nuestro continente, la conversión de los pueblos paganos al cristianismo fue el pretexto esgrimido. En el largo período de la dictadura de Porfirio Díaz, la consigna era “orden y progreso”. Las banderas de democracia y justicia social que enarboló la revolución mexicana fueron arriadas y se ofreció desarrollo estabilizador, desarrollo compartido, renovación moral y por último solidaridad, 

Pero todo por usar se gasta. En los 36 años en que el neoliberalismo fue impuesto desde el extranjero y aplicado con singular alegría por nuestros tecnócratas criollos, los paradigmas de adelgazamiento del estado, eficacia del mercado y en la cúspide, la teoría del goteo, esto es, que si llueve arriba algo le cae a los de abajo, terminó por dejar de ser creíble. A falta de ideas mejores la práctica se hizo teoría: “político pobre es un pobre político”, “el que no tranza no avanza”, “la moral es un árbol que da moras”, “el año de Hidalgo” y el “haiga sido como haiga sido” de Calderón, fueron las consignas que circularon como moneda corriente.

Pero debemos ser optimistas con respecto al futuro. Si bien las ideas no tienen existencia por sí mismas las generan los seres humanos. Son los hombres y mujeres los que las conciben y es la conciencia social, cuando crece y se llega a lo que podemos llamar por su extensión una “masa crítica”, la que puede permitir los cambios necesarios. 

Pero mientras tanto, en el “aquí y ahora” nos queda una duda: ¿Qué motiva a las dos inteligentes mujeres que mencionamos a mostrarse cercanas a quienes mantienen posiciones radicalmente distintas a la Cuarta Transformación? ¿Es el más burdo interés material o la frivolidad a la que responden sus conductas? De nuevo confrontamos con esto al materialismo y al subjetivo mundo de las ideas. Quizás éstas sean las historias de la diputada que quiso ser Brozo y de la Jefa de Gobierno que aspiraba a ser princesa española.


 [UdW1]naximandro