La Covacha del Aj Men – Los Cemíes

Claudio Obregón Clairin

La cultura Taína se desarrolló desde las Bahamas hasta las Antillas Menores. Sus orígenes se ubican en América del Sur (desembocadura del río Orinoco). Hacia el siglo VIII o IX, algunos pobladores de la selva navegaron desde las Antillas Menores hasta las Bahamas. Su idioma pertenece a la familia “Arawak”, la palabra “maíz” es del idioma taíno. La organización social taína se fundamentó en cacicazgos y, a la llegada de los españoles, en República Dominicana había 5 caciques principales.

Portaban un pectoral en oro para distinguir su rango, los asistían chamanes llamados buhuiticus o behiques quienes conocían los poderes sanadores y mágicos de las plantas; con ellas curaban a la población de las enfermedades del alma y del cuerpo; fueron los intermediarios con las entidades divinas.

Religión Taína

De origen animista, la Religión Taína contó con figuras esculpidas llamadas Cemi, Zemi, Zeme o Trigonolitos. Eran “objetos de Poder” y se utilizaban tanto en ceremonias como en ofrendas dedicadas al mar, a la fecundidad y a los sembradíos de yuca. Poseían “alma” y criterio propio, participaban en la vida cotidiana de los taínos influyendo en el desarrollo de su destino y de sus actos. Al Cemi se le interpretaba como la imagen de las entidades divinas, de los ancestros y de las conciencias mitológicas, es por ello que fueron tallados con cuidado y maestría.

Cada cacique tenía un Cemi personal y existían Cemíes colectivos, fueron elaborados en piedra, madera, hueso, conchas marinas, algodón y madera.

Los Cemíes

Los Cemíes tienen tres puntas que indican los tres niveles chamánicos de la conciencia taina: el humano, el de los espíritus y el de los ancestros. Fueron relacionados con rituales de fecundidad y especialmente con la productividad de las porciones de tierra dedicadas al cultivo de la Yuca, conocidas como “conucos”; también estuvieron relacionados con la reproducción de los seres humanos. Se han ubicado principalmente en las costas de República Dominicana y Puerto Rico.

Otra característica de los Cemíes o Tigonolitos es que su base es plana y su función se orienta hacia un instrumento chamánico. Lo anterior lo sustenta el estudio del especialista mesoamericano Peter T. Frust, del Laboratorio de Antropología del Museo de la Cultura y las Artes Indias en Santa Fe, Nuevo México, quien en su ensayo “Éxtasis y transformación visionarios: el caso de las psicofarmacología olmeca” hace mención del uso de los Cemíes en los rituales chamánicos taínos para moler y hacer polvo a las semillas del árbol Anadenanthera peregrina (de la familia de las Acacias) con la finalidad de inhalarlas con la ayuda de un bambú o bejuco e ingresar a estados de éxtasis y visión.

También podemos consultar el testimonio del fraile Román Pané quien acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje a la isla de La Española, hoy República Dominicana. Cristóbal Colón comisionó al fraile Román Pané para que observara y elaborara un reporte acerca de los rituales taínos. Pané resume en sus conclusiones: “Si un indio es atacado por una enfermedad lo llevan con el buhuitihu (chamán taíno). Este curandero debe seguir la misma dieta que la persona enferma, y también debe de adoptar la expresión del rostro de éste; también debe purgarse del mismo modo en que el hombre enfermo se purga a sí mismo, esto es, tomando cierto polvo, al que llaman cohoba, aspirándolo por su nariz; esto le provoca tal intoxicación, que deja de saber lo que está diciendo. De este modo, los buhuitihus le dicen a la gente muchas cosas sin sentido, argumentando que están hablando con los Cemíes (sus dioses), quienes les están revelando las causas de la enfermedad (…) Este cahoba es su manera de rezar a los Cemíes y de pedirles fortuna (…) Esta ceremonia cahoba no se ofrece solamente a sus Cemíes de piedra o madera, sino también a los cuerpos de sus muertos”.

A partir del testimonio del franciscano que vio las prácticas chamánicas así como el uso práctico que los buhuitihu le daban a los Cemíes y sumado al estudio de Peter T. Furst reconocemos que los Cemíes tenía la función de moler con la parte plana a las semillas del árbol Anandenanthera peregrina y obtener un polvo que inhalaban llamado cahoba, el cual contiene un alcaloide conocido científicamente como Bufotenina (5-hidroxy-N,N-dimetiltriptamina –5 OH-DMT–).

El especialista en el estudio de Plantas de Poder de Mesoamérica, Peter Frust, planteó durante la “Primera Mesa Redonda Olmeca, Balance y Perspectivas” celebrada en 2005 el Museo Nacional de Antropología, que probablemente los misteriosos y angostos tubos de jade, así como las barcas o cuencos que los olmecas tallaron con maestría, fueron utilizados en rituales chamánicos para aspirar la semilla de la Anandenanthera peregrina que también conocemos como yopo, cohoba, nopo, mopo o parica. Esta práctica no es común en ningún pueblo de Mesoamérica a pesar de que la planta se encuentra profusamente dispersa desde Sudamérica hasta el Golfo de México.

Si fue utilizada por los olmecas como propone el maestro Frust ¿Por qué no lo hicieron las otras culturas que los secundaron? Gran misterio se nos presenta, ahora bien, hace unos meses, dictando una conferencia sobre este tema, un amigo comentó que en cierta ocasión vio en Cancún a dos jóvenes tabasqueños que bajaban las semillas de la Anandenanthera peregrina y después de machacarlas, realizaron su ingesta y su comportamiento fue vacilante, decía mi amigo: reían y jugaban como niños…

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Literatura y Mundo Maya

Panimil, Centro de Estudios Antropológicos e Históricos