Quinto Gobernador Constitucional de Quintana Roo, platicó tanto de sus logros como de los proyectos fallidos durante su gestión, su difícil arribo al poder tras haber enfrentado la oposición de su antecesor Mario Villanueva, sus conflictos políticos y personales, y su visión de la política y de los partidos

SALVADOR CANTO

 

“Mi gubernatura no fue cuota del Ejército, pero tuve en todo momento la solidaridad y apoyo de mis compañeros y superiores jerárquicos; mi formación de militar sin lugar a dudas me sirvió para que hubiera un desempeño como es deseable, lo que no siempre se da en la política, y gracias a esos principios yo puedo andar con total libertad por todo el estado sin ninguna preocupación”, destacó el exgobernador de Quintana Roo, Joaquín Ernesto Hendricks Díaz, originario de Chetumal.

En entrevista con El Despertador de Quintana Roo, quien fuera el quinto Gobernador Constitucional del Estado (1999-2005) emanado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), aceptó hablar de todo, sus estudios, su carrera militar, sus vínculos en la política e incluso del motivo por el cual tuvo que salir subrepticiamente rumbo a Mérida, Yucatán, para tomar un avión hacia la Ciudad de México durante la administración de Mario Villanueva Madrid, así como la manera en que regresó posteriormente para buscar la candidatura contra todas las recomendaciones.

Platicó de sus logros como gobernador, entre ellos el empuje a la Costa Maya a través del muelle de Majahual y la cimentación de la Riviera Maya, entre otros como el proyecto Hidroponía Maya, que representó muchos beneficios para la zona sur.

Reconoció haber tenido conflictos políticos con el entonces alcalde de Cancún, Juan Ignacio García Zalvidea, derivado de la forma “populista” en que éste conducía los recursos del municipio y también recordó lo difícil que fue afrontar el problema personal con su entonces esposa, María Rubio Eulogio, el cual tuvo que atender como un asunto de Estado y separarla de la presidencia del DIF estatal.

Entre otros puntos que se abordaron en la entrevista, además de la política actual y los partidos en general que carecen de propuestas sociales, negó las versiones de haber orquestado un despojo de tierras en el ejido Alfredo V. Bonfil con la creación de la Inmobiliaria Bonfil Nueva Alternativa de Quintana Roo (Bonaqroo), pues dijo, “ahí hubo intereses ajenos que siempre se opusieron a que las cosas se hicieran como se planificó”.

En general, si bien su gestión estuvo marcada por claroscuros, en un periodo controvertido, destaca su gran visión política, y se mantiene activo con cargos dentro del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, pues afirma que “en política nadie está muerto”.

 

—¿Cómo fue su preparación profesional?

—Yo salí de Chetumal motivado por la publicidad que hacían las escuelas militares en las secundarias en aquel tiempo. Cuando terminé la secundaria en 1967, pues pensaba qué hacer, si estudiaba preparatoria; había muy pocas en la Ciudad de Chetumal, apenas en aquellos años se estrenaba la Secundaria Técnica Número 62 que iba a tener preparatoria y había otra opción privada en la escuela Hidalgo.

Pero eran opciones muy limitadas y para la mayoría de quienes vivíamos en ese tiempo en Chetumal la primera opción era ir a Mérida, pero a mí me motivó la invitación reiterada que había sobre la Armada de México, aunque al final no fui a la Escuela Naval porque tenía que pensar en el viaje, en el alojamiento, los costos que ello significaba y era muy difícil.

Sin embargo, las circunstancias se dieron gracias a un amigo de ese tiempo que tenía un hermano que había estado en la escuela militar de oficiales de sanidad, y ya resuelto el tema del hospedaje, decidí viajar a la Ciudad de México.

 

—¿Cuántos años estuvo en el Ejército y hasta qué rango llegó?

—Estuve 26 años y me retiré como Teniente Coronel.

 

—¿En qué momento se involucra en la política?

—Yo terminé mis estudios militares con el grado de subteniente y me mandaron a recorrer el país, Chihuahua, Durango, Sinaloa, con trabajo especialmente en combate al narcotráfico y mi experiencia en esa encomienda me motivó a estudiar la carrera de derecho. Siendo oficial del Ejército y viendo muchas cosas que sucedían en la lucha contra el narcotráfico, pensé que era conveniente estudiar derecho y se me cumplió mi deseo porque estuve solamente dos años en esa tareas y luego me cambiaron a la Ciudad de México, y lo puedo decir con mucho orgullo porque me enviaron al cuerpo de Guardias Presidenciales tras quedar entre los primeros tres lugares en los exámenes de grado, me privilegiaron con dejarme ahí y eso me permitió, gracias a mi buena conducta, tener la oportunidad para ir a la universidad, pues no es fácil estando en el Ejército tener un permiso para ello y yo lo logré y pude terminar la carrera; cuando estudiaba derecho, en el tiempo en que hacía mí tesis conocí a don Miguel Borge Martín. Yo seguí estudiando, terminé la carrera, me inscribí para estudiar el doctorado en derecho y cuando estaba muy avanzado en ello, se dio la feliz coincidencia de que el doctor Borge fue designado candidato a gobernador y me invitó a regresar al Estado. Prácticamente yo tenía 20 años fuera del Estado cuando se dio la invitación y así fue como regrese a Quintana Roo.

 

—¿Cree que su condición de militar sirvió para involucrarse en la política?

—Sin lugar a duda eso me sirvió mucho, me ha servido y me sigue sirviendo y me sigo sintiendo muy orgulloso de ser miembro de las Fuerzas Armadas. Sí me sirvió porque por mi permanencia en el Estado Mayor Presidencial, es que se da mi invitación para venir a Quintana Roo. Sí me sirvió porque en función de lo que ya había estudiado y de los antecedentes que tenía, don Miguel Borge me distinguió nombrándome primero su secretario privado, luego director de asuntos jurídicos en el Gobierno del Estado, posteriormente subprocurador de Justicia y de ahí procurador general de Justicia y al terminar la administración ya estaba yo como diputado federal en el Congreso de la Unión.

Entonces sí me sirvió porque la formación que tenemos en el Ejército es definitoria para que haya un desempeño como es deseable, que no siempre se da en la política; indudablemente gracias a los principios y a mi formación en el Ejército yo puedo andar con toda libertad por todo el Estado sin ninguna preocupación, no le debo nada a nadie, no le hice daño a nadie, me dediqué a ayudar en las medidas de mis posibilidades, ayudar de acuerdo a la posición en las que me encontraba y todo eso yo siempre he dicho con mucho orgullo que se debe a mi formación militar.

Antes de hacer cualquier cosa, antes de obedecer algún interés ajeno a la responsabilidad pública, quienes nos formamos en el Ejército siempre pensamos en la opinión de quienes nos formaron, en esa mística que tienen las instituciones militares y yo les puedo decir con mucho orgullo que tenemos vergüenza y hacemos cualquier cosa antes de involucrarnos en algo indebido, algo irregular por la disciplina y formación estricta que recibimos.

 

—¿La candidatura a la gubernatura, fue cuota del Ejército?

—No, no fue cuota del Ejército. Reconozco que el ser miembro de la institución fue muy importante para mi causa, pero que el Ejército haya participado haciendo valer una cuota como se estimaba en otros tiempos, no fue así. Tuve en todo momento la solidaridad y apoyo de mis compañeros y superiores jerárquicos.

 

—¿Cómo se da la invitación para ser candidato a la gubernatura y cómo es que llega Joaquín Hendricks?

—Yo llego en el momento en el que se da la sucesión del ingeniero Mario Villanueva y para nadie es un secreto que en esa etapa previa yo no era considerado en lo absoluto, pues había en la lista 10 o 12 aspirantes y cuando se mencionaba mi nombre decían que me borraran porque no tenía ninguna posibilidad.

Sin embargo, yo había tenido una muy amplia experiencia dentro del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, yo conocía las tendencias que había de avanzar en la democratización de los procesos al interior del partido y yo confiaba en que se daría una importante apertura en el proceso que se viviría en Quintana Roo como en otros Estados y finalmente las cosas se dieron así.

Junto con alrededor de seis compañeros, quienes eran aspirantes en otros estados como Puebla, Tamaulipas, Estado de México y Sinaloa, participamos por primera y única vez en el país en un proceso de selección interna de candidatos, lo que significó que para definir la candidatura del PRI se abrieron urnas no a la militancia, sino a la sociedad en general y no necesariamente tenían que estar afiliados, sino que bastaba con que tuvieran una credencial de elector, y fue así como se dio ese proceso único que no se volvió a repetir porque hubo temor al interior del PRI, pues se decía que los partidos ajenos eran capaz de mover a su militancia para llevarlos a votar por el que veían más débil para que sacaran provecho y ganaran en el proceso constitucional.

Yo creo que es una pena, fue un gran ensayo, los que fuimos electos gobernadores en ese tiempo terminamos bien, tuvimos un desempeño acorde a las expectativas ciudadanas y fue un proceso de verdad inédito.

 

—Gastón Alegre, quien también compitió por la gubernatura, dice que a él le robaron la elección y se la entregaron a usted, ¿qué opina de eso?

—Fue un momento interesante ciertamente, pero puedo decir es que para mí fue más difícil el proceso interno que la elección constitucional, lo que vivimos al interior para que yo fuera candidato, y ya cuando lo logré, las cosas fueron diferentes.

 

—Don Jesús Martínez Ross nos comentó recientemente, también en una entrevista, que Sara Muza pudo haber sido la gobernadora en lugar de usted, ¿qué opina de eso?

—Sí pudo haber sido y yo lo he reconocido siempre, me mantuve en comunicación constante con ella pues era lo razonable. Obviamente todos saben que a quien impulsaba el ingeniero Villanueva era a Addy Joaquín, porque entiendo que hubo ahí alguna alianza. La historia política habla de alguna traición, pero eso ya es otra cosa.

Villanueva impulsaba una alianza con Pedro Joaquín lo cual es legítimo, pues en ese entonces el licenciado Pedro era el embajador en Cuba, se reunieron allá en La Habana y tomaron acuerdos, pero en función de la circunstancia extraordinaria que vivíamos, la apertura del proceso permitió que fuera una contienda limpia.

 

—Existe una leyenda urbana donde se señala que uno de los motivos por el cual se fue de Quintana Roo antes de ser candidato a la gubernatura fue por diferencias con el entonces gobernador Mario Villanueva, y que lo hizo en la cajuela de un vehículo, ¿qué hay de cierto de esto?

—No precisamente me fui en una cajuela, sí salí en la madrugada oculto en un vehículo hacia Mérida y tomé un avión a la Ciudad de México para ir al CEN a informarle a la presidenta del PRI, María de los Ángeles Moreno, lo que estaba pasando en Quintana Roo, porque no teníamos libertad de trabajar políticamente en el Comité Directivo Estatal del cual yo era el presidente.

Yo le dije que no se me permitía trabajar y por eso es que salí, obviamente cuando llegué a la Ciudad de México, tanto la presidenta como el secretario de Gobernación de aquel entonces me invitaron a que ya no regresara a Quintana Roo y me quedara allá y me incorporaron a la Secretaría de Gobernación.

Entonces así terminó lamentablemente ese capítulo de mi paso por la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI y me incorporé a Gobernación, y eso fue más o menos a la mitad de la administración del ingeniero Mario Villanueva.

Estuve casi dos años en la Secretaría de Gobernación y cuando ya se acercaba el proceso electoral empecé a dialogar con el ingeniero Villanueva, se comenzó a restablecer nuestra relación y me invitó a regresar a Quintana Roo, y yo medí los riesgos de esa invitación pensando en que si quería ser candidato necesitaba estar aquí pues desde el centro del país no iba a ser lo mismo.

Entonces contra todas las recomendaciones que recibí de no regresar, decidí volver y correr los riesgos que se tenían que correr para buscar la candidatura y hablé con toda claridad con el ingeniero Mario Villanueva y le dije que sí aceptaba la invitación para regresar a mi estado, pero a pesar de la buena fe, buena disposición y voluntad política, yo le dije que quedara claro que regresaba a buscar la candidatura para sucederlo.

 

—¿Cómo afrontó esa etapa cuando llega a la gubernatura y el ingeniero Mario Villanueva se va en medio de unas investigaciones federales?

—Mi proceso para la gubernatura se da a la par de la persecución que ya traía la entonces Procuraduría General de la República (PGR) en contra del ingeniero Villanueva y sí fue una situación atípica, fue un proceso muy complejo porque el gobernador estaba ocupado en cuidar su asunto personal que era defenderse legalmente y yo creo que esas fueron circunstancias desfavorables para él pero favorables para mi causa, porque entonces su estrategia concebida para su sucesión se debilitó y ahí es donde yo pude entrar.

 

—Con usted ya como gobernador, las investigaciones federales por el proceso del ingeniero Mario Villanueva seguían, en ese sentido ¿su administración abrió las dependencias para esas indagaciones?

—Lo que nosotros hicimos ya desde la gubernatura fueron dos cosas: primero, en el ámbito local, y creo que para nadie es un secreto, se estableció con toda claridad que no hubo ninguna responsabilidad económica, política, desvío de recursos, absolutamente nada, quedó perfectamente claro que no pasó nada y todo estaba en orden. En segundo, a lo que nos preguntaban decíamos lo que nos constaba y a nosotros no nos constaba absolutamente nada, así que nuestra disposición para colaborar con las autoridades federales ahí estuvo, y ellas son los que llevaron todo el proceso, pero insisto, en el ámbito local no hubo nada.

 

—Como gobernador, ¿cuáles fueron sus principales retos y proyectos?

—Lo primero que me preocupó desde antes de ser gobernador fue construir un proyecto de gran visión para el Estado, no llegar y dedicarme solamente a la administración de los recursos, sino ver al Estado con una visión más larga, estratégica y a eso obedeció que invitáramos al Tecnológico de Monterrey, a la UNAM, al Politécnico y a todas las instituciones del Estado para el diseño de un esquema de trabajo que denominamos Plan Estratégico de Gran Visión Quintana Roo 2000-2025 y ese fue el documento rector de todo lo que hicimos.

Gracias a eso pudimos tener los recursos con lo que se pudo construir el drenaje profundo de la ciudad de Chetumal, atraer la inversión para construir Plaza Las Américas, planear la construcción del Puerto de Majahual que hoy es una gran realidad y referente mundial.

También con eso iniciamos la construcción de la carretera de cuatro carriles de Chetumal hacia Cancún.

Tuvimos la visión de crear un gran proyecto agrícola en Felipe Carrillo Puerto denominado Hidroponía Maya que fue un asunto muy bien pensado, inicialmente con la idea de ser el centro abastecedor de todos los consumos de Playa del Carmen, Tulum, Cancún y si bien no nos salió bien esa parte por los intereses ya creados entre los consumidores y los abastecedores de toda la zona, contemplamos otra alternativa y se nos cumplió, que fue la exportación y al final Hidroponía Maya no le vendía tanto a Quintana Roo, pero sí a Houston, Canadá e incluso a Japón, fue un proyecto muy exitoso, se consolidó con cifras muy favorables, pero después la burocracia hizo que desafortunadamente lo cerraran.

Recuerdo que comenzó con inversión privada, pero luego fuimos sacando a los inversionistas y nos quedamos en el proyecto y la idea era que la gente de toda la región siguiera haciendo lo que toda la vida ha hecho sin la necesidad de salir al norte a trabajar en la industria hotelera, ahí aprendieron a hacer cosas nuevas con la tecnología, a producir por riego, por goteo.

El proyecto central posicionó en el mercado mundial nuestra producción, y la segunda etapa era capacitar a los pueblos vecinos para que también tuvieran sus invernaderos más pequeños y tuvieran asegurada su venta a este proyecto central, ellos no se preocuparían por quién les compraría lo que produjeran, pues todo eso ya estaba inventariado en el proyecto central y comprometido en el comercio internacional con pago oportuno e inmediato.

Hubo presupuesto para trabajar bien y para las grandes obras que proyectamos hacer, yo pedí un crédito de 850 millones de pesos y al final hubo una reestructuración, yo dejé al Estado con alrededor de 2 mil millones de pesos en deuda.

 

—¿Le tocó a usted el proyecto del parque industrial?

—Me tocó arrancar algunas disposiciones y negociar con el gobierno de la República la posibilidad del Recinto Fiscalizado Estratégico de Chetumal que felizmente hoy el gobierno del Estado ha retomado y que está llevando de manera muy consistente.

 

—¿Cómo ve el tema del decreto presidencial para la zona libre?

—Es algo bueno, creo que va a ser un factor fundamental para que finalmente logremos tener algo importante en la zona sur, pero en estos momentos tiene unos candados que no es totalmente abierto, es para los países con los que no tenemos tratado y sin embargo, es benéfico para Chetumal, porque además el Recinto Fiscalizado Estratégico independientemente de esas decisiones que está tomando el gobierno federal, sirve para importar en un área controlada fiscalmente sin pagar impuestos, transformar en esa misma zona y entonces poder exportar y eso genera empleo, mano de obra y entusiasmo dentro de la población.

 

—En su administración se anunciaron proyectos rimbombantes, uno de ellos fue crear un autódromo para traer carreras de la Fórmula 1, ¿qué pasó finalmente con eso?

—Pienso que en las base de responsabilidades públicas hay que aprender a correr riesgo, a veces no se hacen cosas porque se piensa en lo que pasará que si no se logran, pero hay que correr riesgo, hay que calcular esos riesgos y hay que correrlos. Eso nos pasó con la Fórmula 1; felizmente, en otros aspectos no fallamos, por ejemplo, nuestra visión de hacer de Quintana Roo un destino golfístico, pues cuando nosotros llegamos había dos o tres campos de golf y quizá dos en donde se podía hacer competencia, hoy todos los que existen en Quintana Roo son de clase mundial.

 

—¿En su administración, como se proyectaba la Riviera Maya?

—La Riviera Maya es producto del análisis de especialistas en el tema, era el corredor Cancún-Tulum y en los estudios que se hicieron salió la idea de darle un nombre que se pudiera vender, pues es un asunto de mercadotecnia. Hoy esta región le compite a Cancún, tenemos estos dos grandes destinos y ahí vamos con Costa Maya, teniendo como emblema el puerto de Majahual.

 

—¿Cree usted que la Riviera Maya ya es el centro geopolítico y económico del Estado?

—Creo que le compite a Cancún, lleva un ritmo de crecimiento que se ha mantenido, aunque ha tenido épocas donde ha crecido más rápidamente. Tan es importante que —otra vez que con los temas de Gran Visión— yo le insistí al presidente Vicente Fox en que debíamos negociar con los concesionarios de Calica para hacer de ese lugar el Gran Puerto del Caribe, no era necesario pelearnos con los concesionarios porque en materia de concesiones el Estado, y así lo manda la Constitución, tiene el derecho inalienable de las modalidades en funciones del interés público. Por ejemplo, teníamos el tema de Hidroponía Maya y si necesitábamos sacar el producto por barco, Calica era el sitio perfecto, pero no se concretó. También se olvida que el Ferry de Cozumel salía de Puerto Morelos y hoy lo hace de Punta Venado y eso fue negociación del Estado.

 

—¿Por qué cree que se está perdiendo esa gran visión para proyectar el futuro de Quintana Roo?

—Hoy nadie habla del abastecimiento de combustible del aeropuerto de Cancún; vienen alrededor de 400 pipas diarias por la carretera desde Progreso, Yucatán hasta Cancún. En mi administración, platicamos con gente de Pemex que tenía el proyecto de un gasoducto hasta Leona Vicario, pero era muy costoso y se planteó que se hiciera un ducto, para ello en un viaje a Houston hice invitaciones a algunas empresas para que fueran ellos los que invirtieran para desembarcar combustible en la costa y construir una tubería de 40 kilómetros desde Calica al aeropuerto, aunque también se planteó que fuese en Puerto Morelos, pero ahí el tema ambiental complicó toda negociación. Y es cierto, hay unas cuestiones de carácter ambiental pero hoy en el mundo la tecnología es tal que no hay necesidad de poner en riesgo la costa, pero lamentablemente hay algunas personas que se han opuesto a este tipo de proyectos.

Esas cosas no se logran en una administración estatal porque en seis años no alcanza el dinero, pero son obras que pueden trascender.

Yo siempre dije y lo he seguido repitiendo, e incluso hasta lo dejé por escrito, para que el Proyecto de Gran Visión Quintana Roo 2000-2025 tuviera continuidad, se creó un fideicomiso que quedaba en manos del sector privado y el encargado de su funcionamiento fue el entonces presidente de Coparmex o del Consejo Coordinador Empresarial de aquellos tiempos, Juan Ignacio Athie Lambarri, y la idea era que la sociedad le dijera al gobierno qué proyecto era bueno y era necesario darle seguimiento, pues para todo había bases y sustentos y no son ideas del que se fue, sino de todos los que participaron en ello.

¿Qué pasó después?, no lo sé, pero para mí la clave es esa, que en el tránsito de una administración a otra no haya ruptura sino continuidad de las cosas buenas, las malas naturalmente se desechan.

Si bien los egos de un nuevo gobierno son naturales, cuando se involucra más a la sociedad, que es la que debe hablar, las cosas pudieran ser diferentes.

 

—¿Cómo fue su relación con los presidentes municipales de Benito Juárez con los que le tocó trabajar como gobernador?

—Con Magaly Achach la relación fue muy buena, una mujer de lucha, de mucho trabajo en las regiones del municipio y naturalmente, si yo llegué a ser candidato y después a gobernador mediante un proceso democrático, no podía ser quien le pusiera trabas a una muer como ella a pesar de cosas que se pudieran decir acerca de quién es y cómo es ella, lo cierto es que tenía el liderazgo en un proceso y ganó. Así que no tuvo más que colaboración de parte del gobernador, pero luego llegó Juan Ignacio García Zalvidea, y la preocupación empezó cuando arrancó sus eventos de “miércoles de plaza”, donde sacaba su escritorio y repartía dinero en las audiencias y eso era a la vista de todos.

Eso fue lo que me preocupó y tratando de resolver esa situación antes de que se enredara más, obviamente platiqué con él y le hice saber que las cosas no se hacían así y que tenía que tener orden, pues en cualquier momento cansaría a los regidores de pretender hacerles firmar documentos y le dirían que ya no.

Incluso hablé con su hermano Fernando García Zalvidea (qepd), para hacerle ver que la imagen de la familia se vería afectada y que si Chacho quería ser gobernador estaba bien, pero era necesario que cuidara lo que estaba haciendo.

 

—¿Qué proyectos quedaron pendientes de su administración y por los cuales puede decir que representan una frustración?

—Debo reconocer que me quedaron asuntos pendientes, como el estar a punto de traer la Fórmula 1 a Quintana Roo, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, los terrenos los aseguramos, traje al diseñador de pistas Bernie Ecclestone, lo fui a ver a Londres, platicamos y todo estaba decidido pero a mí se me acabó el tiempo y comenzaron a haber complicaciones por los terrenos, se empezaron a pelear muchos y se frustró el proyecto.

Algo también que se me quedó como una frustración es hacer de Calica el Gran Puerto del Caribe y el abastecimiento de combustible para el Aeropuerto de Cancún, son asuntos que no se lograron, que hoy servirían y aún es posible llevarlos a cabo.

Hay otro proyecto como el Aeropuerto de Tulum, pero bueno, lo anunció Vicente Fox, vino Felipe Calderón a poner la primera piedra y ya se había olvidado, hasta que hace poco el gobierno federal lo retomó e hizo el anuncio al respecto, pero estamos hablando de acciones que nosotros ya  proyectábamos dentro del esquema de trabajo de Gran Visión 2000-2025.

 

—Al concluir su administración y durante muchos años, ejidatarios de Bonfil han considerado que con la creación de la Inmobiliaria Bonfil Nueva Alternativa de Quintana Roo (Bonaqroo), fueron defraudados y lo señalan a usted como responsable y hablan de despojos de importantes polígonos de tierra  ¿qué opinión le merece eso y cuál es la situación al respecto?

—La idea fue aprovechar reformas a la Ley respectiva para que se pudiera dar la posibilidad de invertir, que el Estado pudiera constituir una figura jurídica para desarrollar con orden lo que estaba sucediendo en Bonfil.

Esas acusaciones que se dan son en función de la disidencia que hubo dentro del ejido, pero el Estado siempre trabajó con la dirigencia del momento y en todo momento se planteó la posibilidad de crear en esa parte del ejido el nuevo centro de Cancún, y para ello reservamos en acuerdo con la dirigencia alrededor de 2 mil hectáreas para construir una plaza central, un nuevo palacio municipal, oficinas del gobierno del Estado, darle espacio a la catedral, es decir, un centro mexicano como en muchas partes del país.

Además, todo eso incrementaría la plusvalía de los predios colindantes y eso favorecía a los ejidatarios y el Estado en ningún momento se quiso apropiar de sus tierras, fue un asunto negociado, un acuerdo entre el Estado y los ejidatarios, pero luego al contrario, quienes no querían que eso se diera, y no sé, no me atrevo a hacer alguna acusación en contra de nadie, pero sí entiendo que mover el centro de Cancún de donde está hoy en día a un lugar de Bonfil, movió muchos intereses que se oponían a ello.

Si se revisa qué ha pasado con esas 2 mil hectáreas, seguramente ya se vendieron y muy probablemente de forma desordenada pese a que nosotros ya teníamos establecido los puntos y áreas para cada uno de los proyectos. Pero bueno, volvemos a lo mismo, si no hay continuidad a los proyectos, nos quedamos estancados.

 

—¿Actualmente hay algún interés de Joaquín Hendricks en esa inmobiliaria?

—Ni un interés, ni un centímetro de terreno, no compré ni vendí, todo fue hecho por el Estado y por los ejidatarios.

 

—Regresando a otra parte de su administración, ¿qué tanto le afectó el conflicto que tuvo con su esposa, María Rubio y por el cual se vio obligado a separarla del DIF estatal?

—Fue un momento difícil de mi administración. Finalmente las cuestiones que decimos que son personales en las personas públicas, pues se hacen públicas por muy personales que éstas sean, siempre afloran ante la opinión pública. Sí fue un momento difícil de mi administración, asumí los riesgos, como era difícil la comunicación en aquel momento con quien era mi esposa, pues para que no afectada a mí administración, un asunto que se pudo haber resuelto de manera personal, se tuvo que resolver como un asunto de Estado.

La determinación se tomó con todos los riesgos, pues si la permanencia de ella en el DIF iba generar que se siguiera especulando sobre el asunto, la única manera era separarla del cargo para que las cosas nuestras se resolvieran en privado como debe de ser y con el privilegio que tuve de que mi hija (Leslie Hendricks) aún muy joven aceptó hacerse cargo de la responsabilidad y creo que hizo un gran trabajo.

 

—¿Considera que su hija, quien a partir de ahí ha tenido un crecimiento importante dentro de la política, ya está lista para buscar la presidencia municipal o en algún momento la gubernatura?

—En política nadie está muerto, y si bien ella tuvo una responsabilidad en el Congreso del Estado y tuvo un tropiezo buscando la diputación federal, pues son las cosas que suceden en política, pero está trabajando con mucho entusiasmo por el partido (PRI), haciéndose cargo de las mujeres de Quintana Roo, trabajando, y pues viene un proceso múltiple en el que todo puede pasar.

 

—A propósito de ese proceso, ¿cómo ve Joaquín Hendricks la política actual?

—Creo que es muy importante observar no solamente los acuerdos entre la cúpula de los partidos, sino analizar que estos sumen a la sociedad, porque si no, no vamos a lograr nada. Debe ser labor permanente de todos los partidos dejar constancia de que no hay una línea divisoria entre los que necesita la sociedad y los partidos. Parece ser que esa expresión que yo encuentro discriminatoria de llamarle a un sector de la sociedad la clase política, divide, porque la llamada clase política surge de la sociedad y constitucionalmente los partidos son los vínculos de la sociedad.

 

—¿Cómo ve al PRI actualmente?

—En ese proceso de reconstrucción, pero creo que no solamente se trata de recomponer las cosas dentro del PRI, que es muy importante como las estructuras, recuperar la confianza de nuestra militancia es fundamental, pero no lo es todo, yo creo que las dos vertientes de la buena imagen de un partido político son cómo se hagan las cosas en lo interno pero también cuál es su propuesta hacia la sociedad.

Si no tienes nada por ofertar, simplemente no se va a lograr nada y por eso son importantes las causas sociales que hoy nos han rebasado.

Para algo deben servir los partidos, caminar las calles, ver qué le duele a la gente, por eso creo que llegó el tiempo de que los partidos no trabajen sólo en el discurso, no trabajar para la próxima elección, sino para las próximas generaciones.

 

—¿Cómo ve el empoderamiento de las mujeres?

—En el PRI creo que fuimos insignia en este sentido, yo recuerdo muy bien, estaba en la dirigencia del PRI con César Camacho cuando se dio un inusitado impulso desde el punto de vista legislativo a las normas para que nuestras mujeres participaran en igualdad de circunstancias en la competencia política pese a las residencias de su momento y que las siguen habiendo.

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