Hipótesis sobre una “constante social”

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Roberto Hernández Guerra

El presidente López Obrador participó en la Cumbre de América del Norte con una aprobación del 65 por ciento, de acuerdo a una encuesta internacional que lo coloca como el segundo mandatario mejor evaluado. Esto coincide en lo general con las presentadas por la prensa escrita del país, misma que no muestra mucho afecto hacia su proyecto.

Considerar que esas mediciones reflejen la realidad es muy aventurado; hay que ver quienes la pagan y quienes la hacen. Sin embargo, “aceptando sin conceder”, o sea conservando el beneficio de la duda, podemos suponer que una tercera parte de los ciudadanos encuestados no están de acuerdo con el proyecto de transformación que AMLO encabeza. No quiere decir que todos ellos fueron invitados al festín neoliberal de saqueo y corrupción; seguramente que no, aunque algunos habrán sido “convidados de piedra”, pero la tradición, el “aspiracionismo”, el miedo a la igualdad y la falsa conciencia les hace ponerse del mismo lado de los que se volvieron inmensamente ricos al amparo del poder.

El porcentaje citado pueden compararse con resultados de otra naturaleza. El primero se refiere a las últimas elecciones en Yucatán, donde el PAN barrió con todos los cargos con tan solo una tercera parte de los votos. Los  sufragios obtenidos por Morena y por el PRI muestran que el proyecto de los herederos de la “casta divina” no cuenta con la mayoría de los yucatecos; pero eso sí, sostuvo esa misma proporción de opiniones y voluntades que la derecha siempre ha tenido.

El otro dato que podemos considerar corresponde a la UNAM, donde la estructura de poder ha demostrado poco interés por la problemática económica y social del país, guardando un conveniente silencio. Resulta que en la alta casa de estudios únicamente el treinta por ciento de los maestros cuenta con plazas de tiempo completo o de medio tiempo a los que se les puede agregar una parte de los funcionarios administrativos; los demás, profesores por hora, conserjes y secretarias, con bajos ingresos y carentes de estímulos, representan el proletariado de la misma.

Esta “tercera parte” que al parecer se repite consistentemente en los ejemplos citados, nos lleva a la posibilidad establecer una comparación con las llamadas ciencias naturales, donde a lo que se le llama una “constante física” sirve para explicar los fenómenos del universo; entendiendo por ella, “una magnitud física que permanece invariable a lo largo del tiempo”.  Ejemplos son la constante de Planck, de Faraday, de Avogadro, de la gravedad, de la velocidad de la luz y muchas otras cuyo valor, según el Premio Nobel Paul Dirac (1902-1984), solo decrece con la edad del universo.

Podemos entonces atrevernos a especular que existe una “constante social” que explica la orientación de gran número de ciudadanos, millones según el propio López Obrador, que añoran un regreso al pasado del que no recibieron ningún beneficios. Quizás podrá dicha “constante social” explicar el rechazo a la propuesta de racionalizar la producción de energía eléctrica y asegurar su suministro a precios justos, evitando que la “mano negra” del mercado, que no invisible, nos lleve a la situación que hoy en día se padece en España. ¡Qué contrasentido! ¡Ven venir la tempestad y no se hincan!

Lo deseable es que esa mentalidad heredada de la Colonia no tenga que decrecer en función de la edad del universo, sino como resultado de una mayor conciencia social y que la crítica constante de los medios tradicionales de información no resulte en una “constante crítica” social equivalente a la física, que es el límite a partir del cual cambia el estado de la materia, modificando en este caso los propósitos de la Cuarta Transformación.