Ernest Hemingway ‘también estuvo’ en Cancún – EL BESTIARIO

Hay una historia o leyenda urbana que afirma que un pescador de Cozumel, al que apodaban ‘La rana’, invitó al escritor estadounidense a pescar en las aguas de la isla de las golondrinas…

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

El Nobel por ‘El Viejo y el Mar’ cuando ‘visite’ Cancún, no pescará el pez vela. El comportamiento de esta especie y su presencia en el Caribe son noticia gracias la investigación encabezada por el buzo mexicano Alberto Friscione. “Hablando de una vida en armonía con el paraíso natural que es Cancún, es lamentable que la gente conozca esta especie como trofeo de pesca, en lugar de verla en su momento de gloria, destellando gamas tornasol mientras luce majestuoso en su letal cacería…”, nos comentaba Friscione. “Este depredador, más que alimentarse, parece bailar en el agua, ya que con ágiles movimientos y el uso de su largo pico se abre paso entre la presa, creando grupos pequeños que conduce hacia la superficie para facilitar su ingestión. Este espectáculo se engalana cuando el pez vela abre su aleta dorsal, y cambia drásticamente de un tono opaco a destellos de plata y azul que nacen de su excitación y sirven, tanto para distraer a la presa como para avisar a su especie que atacará y no lastimarse entre sí”. Su contemplación es una oferta turística más natural con nuestro destino y sus ‘tesoros’, en la que destaca también el nado junto al tiburón ballena de Holbox, el tiburón toro en Playa del Carmen y los manatíes de Sian Ka’an. “Velo no lo Pesques”, es el lema del investigador y buzo mexicano Alberto Friscione. La nueva oferta tiene un protagonista, el Istiophorus platypterus, quien con un peso entre los 50 y 100 kilos, es habitante de los mares tropicales y subtropicales cercanos a las masas continentales.

El descubrimiento de la ‘danza’ del pez vela en las aguas de Cantoy no es fruto de la casualidad. Un lustro atrás, un pescador natural de Estados Unidos, Anthony Mendillo, afincado en Isla Mujeres, habla por primera del ritual de la cacería del pez vela con los cardúmenes de sardinas que habitan los fondos del corredor biológico existente en las aguas de Quinta Roo. En un inspección que realizaba Alberto al barco hundido en el cabo Catoche, entre Holbox y Cantoy se topa con decenas de pez vela ‘danzantes’. Contacta con biólogos, científicos, camarógrafos, amigos del mar de todo el mundo. “Wash don’t Cash” (Velo no lo Pesques), este es el slogan de la campaña en pro de la contemplación del pez vela. “La sardina que habita nuestras aguas -nos explicaba Alberto Friscione, mientras nos tomamos un café en el ‘Starbourgs’ de la plaza Avenida de la Bonampak de Cancún- es el mejor alimento para el pez vela. Éste al ser pelágico no puede dar con las sardinas que están en el fondo del mar, protegidas. Logra llegar hasta ellas y obliga a un grupo de ellas a ir hacia la superficie. Aquí la sardina es muy vulnerable. Comienzan a hacer como una especie de agregación y giran sobre su eje. Comienza la cacería…

Especie pelágica y migratoria, el pez vela usualmente viaja en solitario o en pequeños grupos. Al parecer se alimentan en aguas poco profundas a lo largo de las orillas coralinas. Come desde pequeños peces hasta corredores azules medianos. Es poco conocida su forma de vida. Su principal característica es su larga y alta primera aleta dorsal, la cual está compuesta de 37 a 49 elementos. La segunda aleta dorsal es muy pequeña con 6 o 8 rayos. La línea lateral es simple y prominente. Su pico es más largo que el del pez espada. Sus lados generalmente tienen barras verticales azul grisáceos pálidos con filas de puntos. La primera aleta dorsal en forma de vela es de color pizarra o azul cobalto con diseminación de puntos negros. Su actividad aumenta cuando el pez vela se encuentra cerca de la superficie alimentándose de calamares, atún, lisas, peces voladores y otros pequeños peces. Por su habilidad de pelea y sus acrobacias aéreas espectaculares es un buen trofeo para los pescadores deportivos, pero ya que se fatiga con facilidad es considerado como una especie de pesca ligera. Los métodos de pesca deportiva incluyen el ‘trolling’ con tiras de carnada, una lisa entera, muestras de plástico, plumas o cucharas así como también carnadas vivas. Hay una ley que prohíbe la carnada viva en la pesca deportiva…

El pez vela en el Caribe nos evoca a “El Viejo y el Mar” (The Old Man and the Sea), una historia escrita por Ernest Hemingway en 1951 en Cuba y publicada en 1952. Fue su último trabajo de ficción importante publicado en vida y posiblemente su obra más famosa. Aunque la novela ha sido objeto de numerosas críticas, es considerada como uno de los trabajos de ficción más destacados del siglo XX, reafirmando el valor literario de la obra de Hemingway. La novela ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones siendo la adaptación de 1958 protagonizada por Spencer Tracy una de las más populares y conocidas. En 1953 Hemingway recibió el Premio Pulitzer y el Nobel de Literatura al año siguiente por su obra completa. La obra trata sobre un pescador, ya anciano, que se encuentra en una época en la que recuerda su vida pasada con amargura ya que se encuentra falto de suerte y con las fuerzas muy reducidas para seguir con su labor. El joven que ha estado trabajando con él, hasta que sus padres se lo han retirado por su mala racha, sigue siempre dispuesto a ayudar, cuidar y aprender de la experiencia del viejo, a pesar de que con su nuevo patrón suele obtener abundante pesca.

Cuando los personajes están establecidos, nos adentramos en la aventura del viejo, que, tras 84 días sin lograr pescar nada, se adentra solo en el mar y finalmente encuentra un pez enorme, que solucionaría todos sus problemas, y que le devolvería la gloria de sus tiempos pasados. Tras mucho luchar y sufrir, consigue hacerse con el pez, que es incluso mayor que la propia barca. Durante toda su lucha, vemos como recuerda y echa de menos al joven que le ayudaba, y también recuerda sus épocas de joven. Durante el camino de regreso a casa, el viejo se encuentra con varios tiburones atraídos por la sangre, que poco a poco van devorando al pez hasta dejarlo sin carne. Cuando el viejo regresa, el pez está totalmente irreconocible, los tiburones se han comido todas sus entrañas y ya no queda nada, solo su esqueleto. A pesar del aparente fracaso, el viejo, gracias a su hazaña, recupera el respeto de sus compañeros y refuerza la admiración del joven que decide volver a pescar con él.

Algunos críticos sostienen que, aunque nunca se alude en el libro específicamente a su nacionalidad, Hemingway deja suficientes pistas para deducir que el protagonista es un canario emigrado a Cuba en su juventud (por ejemplo, al hablar de sus recuerdos de la costa africana) y, debido a ello, argumentan que la lucha contra el pez es también un método para establecerse en la sociedad cubana. Como español, extranjero en Cuba y de ojos azules, su hazaña como pescador sirve como una forma de integrarse en la nueva comunidad. El escenario real de “El Viejo y el Mar” se sitúa en las aguas de la pequeña localidad de pescadores, Cojímar, a unos pocos kilómetros de la capital cubana, La Habana. Esos ‘mares’ están a apenas 120 millas de las aguas de Quintana Roo. En un barco pequeño como el que utilizaba Ernest Hemingway, “El Pilar”, uno puede hacer esa travesía entre Cuba y México, saliendo de La Habana, en un día y medio. Este dato ha motivado más de una vez, en más de una tertulia, el que algunos se atrevan a asegurar que el escritor norteamericano ‘también estuvo’ en Cancún. Hay una historia o leyenda urbana que afirma que un pescador de Cozumel al que apodaban ‘La rana’ invitó a Ernest Hemingway a pescar en las aguas de la isla de las golondrinas…”.

Ernest Hemingway (1899-1961) fue un escritor estadounidense que ganó el premio Nobel de literatura en 1954. Nació en Oak Park, Illinois y comenzó su carrera de escritor como periodista en Kansas City a la edad de 17 años. Sus experiencias en Europa alimentaron sus primeras novelas. Hemingway prestó servicio con una unidad de voluntarios de ambulancia en los Alpes en la Primera Guerra Mundial, vivió en París durante gran parte de la década de 1920 e informó sobre la Revolución Griega y la Guerra Civil en España. Su sensación con respecto a estos eventos derivaron en “Fiesta” (1926), “Adiós a las armas” (1929), y, en la que algunos piensan fue su obra más importante, “Por quién doblan las campanas” (1940). Hemingway dividió su tiempo en gran parte de la década de 1930 y 1940 entre Key West, Florida y Cuba. Fue un ávido campista cuyo interés en deportes como la caza, la pesca y los toreos se reflejaron en sus novelas y cuentos. En Key West y Cuba, Hemingway descubrió su pasión por la pesca deportiva que le inspiraría para el resto de su vida y que dio lugar a su increíble novela corta, “El Viejo y el Mar” (1951).

“Era un viejo que pescaba solo en una barca en la corriente del Golfo y llevaba ochenta y cuatro días sin coger un pez”, comienza así la historia de Santiago. Ahí da comienzo un viaje que pronto se convertirá en una lucha descarnada entre el mar, un pez vela y el propio Santiago. La pelea no da tregua y en algún momento Santiago piensa que él y el pez tendrán el mismo destino: la muerte, el viaje final. Un personaje se suma: una suerte de verdugo enviado por el mar, una bandada de tiburones que devorarán al magnífico pez que Santiago ha logrado dominar. Cuando Santiago regresa a la costa, solo lleva los maltrechos restos dejados por los tiburones. Sin embargo, ha ganado. Está de vuelta y esos restos son el trofeo más preciado. “El Viejo y el Mar” plantea dos temas que fueron recurrentes en las letras de Hemingway: la pesca y el alto valor del fracaso. En muchos sentidos, esta novela es una suerte de “segunda parte” de la historia del capitán Ahab relatada por Herman Melville en “Moby Dick”: sencilla, corta y contundente, acaba por revelarnos la fragilidad del hombre ante las fuerzas de la naturaleza y hermanarlo con los seres que coexisten con él. “Moby Dick” fue llevada también al cine, en 1956, por John Huston y protagonizada por Gregory Peck. Este interpreta genialmente a Ahab, un dominador que busca venganza por su pierna perdida. Santiago solo busca vencer a su cuerpo cansado y viejo. Hemingway vivió casi 20 años en Cuba, en una casa llamada ‘Finca Vigía’, donde escribió esta novela.

En los primeros años de la década de los noventa del pasado siglo, editamos el primer número de la revista “Mar Caribe” en La Habana. Firmamos una empresa mixta en pleno ‘Período Especial’ con el Instituto Cubano de Hidrografía (ICH), empresa ligada al grupo turístico “Gaviota”. La aventura duró cerca de un lustro. En ese tiempo tuve la ocasión de conocer a Gregorio Fuentes, nacido en Lanzarote, Islas Canarias, el 11 de julio de 1897, y fallecido en Cojímar, el 13 de enero de 2002. Este pescador canario-cubano fue primer oficial de “El Pilar”, la barca perteneciente Ernest Hemingway. Emigró a Cuba desde la isla canaria de Lanzarote cuando tenía 10 años. En 1938, Fuentes remplazó al oficial de cubierta original de “El Pilar”, Carlos Gutiérrez. Gregorio Fuentes vivía en Cojímar, una aldea de pescadores en el este de La Habana. Su imagen presidió el cartel de presentación de la revista “Mar Caribe”, en su etapa cubana, con el siguiente lema: “Ernest Hemingway hubiera escrito en Mar Caribe”. Todos los días podíamos localizar a Gregorio Fuentes en el restaurante “La Terraza”, donde tenía asignada una mesa para él. Era un ‘detalle’ del gobierno revolucionario hacia quien no dudó junto a Ernest Hemingway en pintar de negro “El Pilar”, armarlo con una ametralladora e irse a cazar submarinos alemanes. Esta es otra historia pendiente para otro EL BESTIARIO…

@SantiGurtubay

@BestiarioCancun

www.elbestiariocancun.com.mx