El Tren Maya y la ofensiva conservadora

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Roberto Hernández Guerra                                                                               

No es noticia que los “conservadores” utilicen como pretexto la defensa del medio ambiente, para oponerse a obras públicas trascendentes o a medidas que beneficien a la mayoría de la población. Tomar como pretexto el de las energías limpias para oponerse a la reforma eléctrica, es un ejemplo de ese uso faccioso para defender intereses inconfesables, pues quien puede estar de acuerdo en seguir afectando al planeta como se ha hecho hasta ahora.  

Aquellos que voltearon la vista cuando se destruyeron cerros emblemáticos, como el de San Miguelito en San Luis Potosí o los que rodeaban el lago de Texcoco para emplear su material para rellenarlo y construir un aeropuerto en terrenos movedizos, hoy se rasgan las vestiduras por considerar que se afecta “la selva maya”, según su afiebrada mente “segundo pulmón forestal de[UdW1]  América Latina” y la más conservada de México. Es obvio que, o bien no conocen nuestra “selva baja decidua” o lo que queda de ella por la afectación que ha tenido a través del tiempo, o mienten interesadamente.

¿Qué hacían estos ambientalistas, los autonombrados representantes de los pueblos originarios y los jueces que otorgan amparos al por mayor, cuando de verdad se ha afectado a la naturaleza por la acción de la minería a cielo abierto? ¿A que se dedicaban estos personajes, cuando en nuestras costas se  arrasaba el manglar a consecuencia del desarrollo hotelero y en nuestro mar el arrecife Maya? No es un misterio: guardaban un silencio interesado al que no podemos calificar como “de los inocentes”.

Guardando las distancias, los ataques a la construcción del Tren Maya son similares a los que se dieron en la prensa conservadora, cuando en Yucatán se construía el puerto de altura de Progreso. Lo menos que se escribió en ese tiempo es que se destruiría la costa del estado. El paso del tiempo permitió comprobar la falsedad de los argumentos de los que se oponían, por intereses político electorales a una obra que trajo grandes beneficios a la economía del vecino estado.

Pero regresemos al presente y al proyecto de infraestructura turística que será un importante detonante del desarrollo del sureste. Cuando hablamos de “conservadores” opuestos a la construcción del Tren Maya no estamos haciendo una generalización por afinidad política, sino refiriéndonos a quienes añoran el pasado y desean “conservar” sus privilegios. Como ejemplo en contrario, positivo sin duda alguna, podemos mencionar la actitud del gobernador del estado así como el de la presidenta municipal de Solidaridad, ambos de un partido político distinto al del ejecutivo federal, que no han puesto obstáculos al desarrollo del proyecto insignia de López Obrador. En particular es de reconocerse la actitud de la responsable de la administración del municipio citado, Lili Campos Miranda, quien ajena a intereses partidistas y enfocada en el bienestar de la población, aseguró que el proyecto cuenta con la completa cooperación de su administración para su consolidación, agregando que inclusive solicitará se contemple una estación ferroviaria en la zona de Villas del Sol.

Pero no de todos los actores políticos se puede esperar que actúen con rectitud de miras. El próximo relevo en el ejecutivo estatal puede implicar un riesgo para el aprovechamiento integral de una obra que será finalizada,  pero que será apenas el principio de un nuevo impulso al desarrollo turístico de Quintana Roo. Por tal motivo es muy importante en tener mucho cuidado al definir nuestra preferencia y evitar que los destinos del estado queden en manos de algún oportunista. Es de aquellos improvisados y de quienes desean conservar sus privilegios, de los que debemos cuidarnos al emitir nuestro voto.


 [UdW1]Mérica Latina