El PRI en su laberinto

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Roberto Hernández Guerra

Cuando vemos la disyuntiva en que se encuentran los priistas con respecto a la propuesta del Presidente de la República de modificar la Constitución en lo lo relativo a la energía eléctrica, esto es, de que si darán o no los votos complementarios que se necesitan en el Congreso, nos viene a la memoria la novela histórica de Gabriel García Márquez  que tituló “El general en su laberinto”.

Desde luego que para muchos puede parecer una blasfemia, el que comparemos los últimos días del Libertador Simón Bolívar con lo que parecen ser también los tiempos finales de aquel que fuera poderoso partido, al que otro escritor, Mario Vargas Llosa, llamara la dictadura perfecta. Organismo político electoral que haciendo a un lado sus episodios oscuros, durante mucho tiempo fue el heredero oficial de la revolución mexicana y su contenido social, hasta que el neoliberalismo entró por la puerta de atrás de Los Pinos de la mano de los presidentes tecnócratas.

Pero veamos en base a qué me atrevo a proponer esta comparación. ¿Por qué considero que el PRI se encuentra en un laberinto? La respuesta está en que el dilema que tienen los dirigentes de dicho partido está en escoger, por un lado, entre la herencia de Lázaro Cárdenas con la expropiación petrolera, la nacionalización de los ferrocarriles y la reforma agraria, junto con la nacionalización de la industria eléctrica por parte de Adolfo López Mateos o del otro lado, las privatizaciones y desnacionalizaciones desde Miguel de la Madrid hasta Peña Nieto, pasando por los presidentes emanados del PAN. No me cabe la menor duda lo que escogerían las bases del partido.

Pero regresemos a la comparación que propusimos en un principio. Nos cuenta la novela histórica que Bolívar después de liberar  a gran parte de América del sur del dominio colonial, con la intención de unificarlos para hacer realdad su sueño de “la gran Colombia”, fue víctima de traiciones e incomprensión por parte de las oligarquías criollas, más interesadas en conservar sus privilegios que en mejorar las condiciones de la mayoría de la población. Despojado del poder, vilipendiado por la gente a la que había liberado del yugo español, decidió exiliarse en Europa. Acompañado de unos cuantos fieles seguidores, se dirigió hacia la costa caribeña donde debía embarcarse; contando con un deteriorado estado de salud, falleció en el poblado de Santa Martha sin haber logrado el propósito del viaje, así como no logró la unificación de los países a los que dedicó su vida.

Algún crítico encuadró la historia que cuenta García Márquez en el subgénero de “la desesperanza, la enfermedad y la muerte” y esto es lo que nos permite unificar hechos tan lejanos en el tiempo como tan diferentes en la calidad de los protagonistas. Después de escuchar a la señora Dulce María Sauri, expresidenta del partido del que hablamos, que en una entrevista en el portal “Los Periodistas” manifestó su oposición a la propuesta de López Obrador, justificándose con la cantinela de las energías limpias y una que otra media verdad, dudo que la cúpula y los diputados de la fracción piensen de otra manera; esto es lo que genera “desesperanza”. La transformación ideológica sufrida por este organismo político, del nacionalismo revolucionario al neoliberalismo de los últimos años, es sin duda signo de una “enfermedad” terminal.

Junto con las condiciones de “desesperanza y enfermedad”, se encuentra el otro elemento considerado por la crítica literaria y que nosotros tomamos en préstamo para esta semblanza y es el de la “muerte”. Y para pronosticar el destino del PRI, si no toman en cuenta su tradición histórica, podemos usar el título de otra novela del gran Gabo, como le llamaban al colombiano, éste es el de “Crónica de una muerte anunciada”.