El Pentágono, guionista secreto de Hollywood

0
2

Según informe, el gobierno de los EEUU ha trabajado tras bambalinas en más de 800 películas importantes

AGENCIAS

WASHINGTON.- El Pentágono ha estado trabajando secretamente entre bastidores en unas 800 películas de Hollywood, según documentos recientemente desclasificados. La lista fue compilada por el sitio web de investigación FOIA.

Tom Secker y Matthew Alford expusieron cuán extensos son en realidad los programas del Pentágono y la CIA para asociarse con Hollywood, sobre la base de unas 4,000 páginas de documentos desclasificados obtenidos a través del Acta de Libertad de Información.

“Estos documentos demuestran por primera vez que el gobierno de los EEUU ha trabajado tras bambalinas en más de 800 películas importantes y más de 1,000 títulos de televisión”, señala el informe.

Revisando la lista, hay algunas predecibles como Black Hawk Down, Zero Dark Thirty y Lone Survivor, pero también algunos completamente inesperados que aparentemente necesitaban el toque propagandístico del complejo industrial militar como Ernest Saves Christmas, Karate Kid 2, The Silence of the Lamb, Twister, las películas de Iron Man y más recientemente, Pitch Perfect 3.

Cuando un escritor o productor de Hollywood se acerca al Pentágono y solicita acceso a recursos militares para ayudar a hacer su película, debe enviar su guion a las oficinas de enlace del Departamento de Defensa (DOD), una dependencia semisecreta a cargo de Phil Strub, que data de 1989. Si hay personajes, acciones o diálogos que no aprueba, el realizador tiene que hacer cambios para adaptarse a las demandas de los militares.

Para obtener una cooperación total, los productores tienen que firmar contratos, llamados Acuerdos de Asistencia de Producción, que los encierran en el uso de una versión del guión aprobada por militares.

El informe remarcó que aunque por lo general los estadounidenses se enorgullecen de vivir en una sociedad libre de la censura, al tiempo que se burlan de los ejemplos de propaganda en lugares como Rusia o China, el público estadounidense está sujeto a propaganda estatal más local de lo que cree.