EL HUEVO DE LA SERPIENTE NEOLIBERAL

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ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

 

No debe extrañarnos que en el discurso oficial se hable de progresistas o liberales así como de conservadores o reaccionarios. Insistir en esta dicotomía no es polarizar el país, simplemente es reconocer una realidad. En el transcurso de la historia siempre han existido y se han enfrentado estas dos manifestaciones del pensamiento. Lo importante es señalar que en cada época tienen significados específicos diferentes, aunque en lo general representen mantenimiento del “status quo” o renovación.

Durante el período de lucha por la independencia la confrontación se dio entre “realistas” e “insurgentes”, respondiendo a los intereses de españoles y criollos respectivamente, aunque para concitar el apoyo popular se incluyeron demandas sociales.

En el México de Juárez y la Reforma, los liberales se enfrentaron a quienes defendían los “fueros” del ejército y de la Iglesia y que no vacilaron en acudir a una potencia extranjera, la Francia de “Napoleón el pequeño”, entregando la soberanía a cambio de del apoyo militar y del “préstamo” de un príncipe de sangre real. El cerro de las Campanas fue el colofón de la triste aventura de Maximiliano de Habsburgo, que a final de cuentas era demasiado “liberal” para los conservadores que lo trajeron. Cabe señalar que uno de los postulados de los “progresistas” de aquella época, se “llevó entre las patas” las tierras de las comunidades indígenas, que fueron “desamortizadas”, es decir expropiadas, junto con las de los gremios y otras comunidades religiosas.

Pero la historia da más que vueltas, volteretas; aquellos héroes que lucharon en la “guerra de tres años” y en contra de la intervención extranjera se fueron mimetizando; de la mano de Porfirio Díaz se convirtieron en los nuevos conservadores y ya con el mote de “científicos” defendieron los intereses de hacendados y empresarios extranjeros. Los antiguos enemigos marchaban “del brazo y por la calle” en ese México de la paz porfiriana.

El año de 1910 marcó el inicio de un largo proceso de transformación del país. La falta de democracia y las condiciones de miseria en el campo produjeron un estallido que a través de contradicciones llevó  a la consolidación del Estado mexicano, con avances en lo social y estancamiento en lo que se refiere a la democracia; la “dictadura perfecta” la llamó algún crítico. En lo sustancial se liberaron de ataduras las fuerzas productivas y se amplió el “mercado” de consumo con el crecimiento de la clase media.  Pero en el seno de los poderes fácticos y formales se incubaba el “huevo de la serpiente” del modelo neoliberal y así como en el del  ofidio se transparenta lo que  brotará, en este también estaba a la vista.

El resultado después de 35 años, es un modelo que privilegió los “grandes negocios” al amparo del poder; más del 50 por ciento de la población en situación de pobreza, corrupción manchando todo y como secuela, violencia desbordada. Con el “fuera máscaras” que vino a ser la alianza electoral de los vetustos partidos políticos, antes rivales irreconciliables, se manifestó de nuevo esa dialéctica unidad de los contrarios como en los tiempos del anciano dictador.

En medio de todos esos enfrentamientos históricos nos encontramos a una “clase media” que, cual nave al garete va dando tumbos y en ocasiones perdiendo el rumbo, adormecida por una “falsa conciencia” que la lleva a un “aspiracionismo” sin beneficios reales. ¿Y que le queda por hacer?  Lo deseable es que tome conciencia de lo que el neoliberalismo económico ha significado para los mexicanos y como en la profecía bíblica  pise la cabeza de la serpiente antes de que ella le  hiera en el talón.

 

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