El hongo yarsabumga, el natural ‘Viagra del Himalaya’ | #Columna EL BESTIARIO

Su comercialización mueve miles de millones de dólares, en la Región Autónoma del Tibet, en China. “Buscarlo es peligroso. Perdimos a nuestro padre. Un bloque de hielo se desprendió. Nunca encontramos su cuerpo. Se lo tragó la montaña”…

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

 

La Universidad de Massachussets, en Boston, Estados Unidos, se encontró que los aldeanos que cultivan el yarsagumba, el hongo más caro del mundo, y que viven en las montañas, a 4.000 metros de altura, donde la productividad de la agricultura es baja, tienen en esa cosecha su fuente principal de ingresos. El decrecimiento del hongo impactaría severamente la economía y cultura de las personas que dependen del alimento para su subsistencia. El estudio universitario, publicado en la revista Nature, calcula que el mercado global de yarsagumba mueve entre 5 mil millones y 11 mil millones de dólares. Representa el 40 por ciento de los ingresos anuales en las zonas rurales de la Región Autónoma del Tibet… Su recolección y comercialización están sufriendo por el cambio climático y también por los embates de la actual pandemia del coronavirus, el COVID-19. Su escasez está promoviendo grupos de crimen organizado para su distribución y venta a nivel internacional. El cambio climático y el cultivo excesivo han puesto a un hongo del Himalaya, el yarsagumba, valuado por sus propiedades afrodisíacas, en peligro de extinción. Conocido comúnmente como yarsagumba o yartsa guaba, más coloquialmente como el ‘Viagra del Himalaya’, el hongo parasitario Cordyceps (Ophiocordyceps sinensis) crece y mata a la polillas tibetanas durante la fase larvaria en el subsuelo. De esta manera, un pequeño hongo brota de la cabeza de las larvas muertas para asomarse apenas unos milímetros fuera de la tierra, formando el yarsagumba.

La Medicina Tradicional China (MTC) alega que el hongo, el cual es hervido para generarlo como té o sopa, puede actuar como afrodisíaco, curar el cáncer y remediar la fatiga. Estas aseveraciones médicas, sin embargo, no han sido comprobadas científicamente. Aunque el Cordyceps ha sido usado en la MTC por siglos, la demanda despegó en 1993 cuando tres corredoras chinas batieron marcas mundiales, y cuyo entrenador comentó a los medios que las atletas tenían un régimen alimenticio de yarsagumba, mediante una sopa de sangre de tortuga. El yarsagumba es cultivado en villas del Nepal que lo venden a más de 25 dólares el gramo, precio minorista que llega a dispararse hasta 150 dólares el gramo. La AFP (Agence France-Presse) publicó que el crecimiento de demanda ha provocado que los suministros de yarsagumba estén mermando, y los aldeanos que colectaban de 150 a 200 piezas del hongo en un mes están ahora recibiendo 10, 20 o 30 piezas al mes. La agencia francesa también cita al cambio climático como la posible razón del decrecimiento de suministros de yarsagumba: las regiones donde el espécimen normalmente crece han experimentado niveles menores de nieve y lluvia mientras que las altas temperaturas han acaecido los últimos años. Uno de los pocos estudios fue conducido por Uttam Babu Shrestha, estudiante de doctorado en la Universidad de Massachussets, en Boston, Estados Unidos. Shrestha encontró que los aldeanos que cultivan el yarsagumba, y que viven en las montañas y regiones con pocos recursos naturales donde la productividad de la agricultura es baja, tienen en esa cosecha su fuente principal de ingresos. En la sinopsis de un proyecto financiado por The Rufford Small Grants Foundation, Shrestha escribió que el decrecimiento del hongo impactaría severamente la economía y cultura de las personas que dependen del alimento. El estudio, publicado el 1 de febrero en Nature, calculó que el mercado global de yarsagumba es de entre 5 mil millones y 11 mil millones de dólares. Un estudio del Economic Botany encontró que la colección de hongos representa el 40 por ciento de los ingresos anuales en las zonas rurales de la Región Autónoma del Tibet.

La primera luz del día reverbera en la cumbre del Dhaulagiri (8.167 metros), séptimo pico más alto del planeta. Mientras el sol se despereza, Gupta y su familia se preparan para el gran viaje. Su sobrina recoge madera seca. Su cuñado despluma los últimos pollos. Y su hermana termina de cocer lentejas y hervir el arroz para el Dal bhat (plato típico en el Himalaya nepalí). “Acamparemos 6 ó 7 días en la montaña, a 4.000 metros de altura. Casi todos viajan con nosotros. Permanecen los más pequeños y los ancianos’, cuenta Gupta Bahadur, de 45 años, vecino de Siwang. La aldea se levanta a unos 2.500 metros de altitud y a dos días a pié de Beni –municipio más cercano con acceso a carretera–. La mitad de las casas de este pueblo de medio millar de habitantes quedarán vacías en unos días pero ahora es un hervidero de gente. Mujeres y hombres portan los víveres necesarios en sus doka (cestas de mimbre tradicionalmente atadas a la frente). Muchos cargarán montaña arriba con más de 30 kilos durante una semana. Gupta sale del establo de madera con aire serio y muestra un puñado de lo que parecen gusanos disecados descansando sobre la palma de su mano: ‘El año pasado no pudimos encontrar muchas. Es una planta muy misteriosa. Puedes buscarla en un metro cuadrado y no encontrarla, mientras otros la descubren rápido. Algunas veces no encontramos una sola pieza en una semana y otras veces recogemos 50 en un día’. Yarsagumba o ‘viagra natural’, como se la conoce en la región, es el hongo más caro del planeta. Su recolecta moviliza a gran parte de los pueblos de la región occidental de Nepal todas las primaveras. ‘Esperamos tener fortuna este año’, dice Gupta señalando a las montañas del Himalaya”.

El espécimen crece únicamente entre los 3.000 y 5.000 metros de altura, en las praderas alpinas de Nepal, India y Bután, y en la meseta tibetana. Durante más de 500 años, el hongo ha sido codiciado por la cultura asiática debido a sus propiedades afrodisiacas y medicinales. “El ophiocórdyceps sinensis [nombre científico] es muy conocido por ser un gran tónico revitalizante. Asegura el buen funcionamiento de muchos órganos del cuerpo y fortalece el sistema inmune. Al ser un regulador del sistema circulatorio, se utiliza para impotencia, el dolor de cabeza, y para mejorar la producción de sangre y esperma,” explica Jit Narayan Sah, profesor del Instituto de Estudios Forestales de la Universidad de Tribhuvan (Nepal). El biólogo describe las propiedades de este espécimen único formado de un hongo y una larva: “El parásito crece en las montañas del Himalaya durante las lluvias veraniegas y coloniza a una larva de gusano bajo tierra, momificándola durante las heladas de invierno. Pasados varios meses, una planta emerge del híbrido, dando lugar a la parte que se crece en el exterior”. El espécimen se recolecta antes del monzón, entre mayo y junio.

Mis hijos de 17 y 20 años siempre nos acompañan en la recolecta. Es imprescindible tener buena vista, y manos pequeñas y ágiles para encontrar yarsagumba en el buki [nombre familiar dado a la zona montañosa donde se produce],” describe Ganesh Pun, comerciante de 38 años también de la aldea de Siwang. Ganesh explica que la larva que yace dentro de la tierra es la que tiene valor en el mercado. Cuanto más grande es ésta, más pequeña es la planta que crece en el exterior. Al riesgo que suponen las condiciones geográficas y climatológicas en el Himalaya, se une la dificultad para dar con el ejemplar. Ganesh lleva una década comerciando con la especie exótica y describe cómo se organiza la recolecta: “Hay comités encargados de controlar el acceso al terreno. Se establece que cada persona pague 250 rupias (entre y y 3 dólares) para entrar, y una cantidad máxima de yarsagumba a recolectar por individuo.” Él y el resto de miembros del comité recaudan estos aranceles y los destinan a fines sociales, como ayuda a la pequeña escuela de Siwang.

Pero no todos los municipios de Nepal se organizan de la misma forma. Los vastos altiplanos de los distritos occidentales de Rukum y Dolpa son conocidos por dar la mejor clase de yarsagumba. Y estas semanas se ven invadidos por miles de tiendas de campaña. “El precio de entrada a los pastos incrementa anualmente. El año pasado, los locales pagaban 1.000 rupias (10 dólares) y los visitantes 1.500 (15 dólares), además de un extra por mulas y caballos. Todos los comerciantes están obligados a pagar 10.000 rupias (100 dólares) de impuestos al gobierno,” detalla Raj Kumar, comerciante en la cercana localidad de Maikut, mientras abarca con sus brazos marea de aldeanos que se ven arrastrados por la fiebre del oro de esta especie única. “Esto no sucedía antes. Hace veinte años la gente recolectaba individualmente y una pieza se vendía por un par de rupias como mucho”. A finales de los 90, la comercialización de la especie no contribuía en modo alguno a la economía nacional nepalí, ya que su recolección, uso, transporte y exportación estaban prohibidos en base a la Ley Forestal de 1993 y su Regulación de 1995. El boom por el ‘viagra del Himalaya’ comenzó a raíz de la despenalización en 2001. Una investigación científica publicada el año pasado en la revista especializada Conservación Biológica señala que el al auge económico de China ha situado el mercado global de la yarsagumba entre los 5 y 11 mil millones de dólares por año.

Buscar yarsagumba es peligroso,” insiste Manita Garthi. Ella y su hermana Kapila, de 13 y 15 años respectivamente, perdieron a su padre durante la cosecha. “Dicen que un bloque de hielo se desprendió y nunca encontraron el cuerpo. Se lo tragó la montaña,” explica la mayor de las niñas. En la última década, cuatro niños de la escuela de Siwang han quedado huérfanos tras la época de recolecta. “Los aldeanos necesitan este dinero para sobrevivir. Es un viaje duro para los niños que van con sus familias y que pierden clases, pero recuperaremos estas lecciones durante días festivos,” se excusa Devkota Shora, profesor de primaria en el pueblo. Como cada año, la única escuela de la aldea permanecerá cerrada durante estos días, cuando más de la mitad de los niños acompañen a sus familias en la búsqueda del hongo medicinal. Los habitantes de Siwang saben que hay un paso entre encontrar fortuna o el infortunio. “La montaña es implacable. El año pasado tuvimos que enterrar a un aldeano en la misma montaña. Estaba recogiendo yarsagumba cuando resbaló y cayó 5 metros,” cuenta Dham Bahadour mientras termina de hervir roksy (vino local). “Esto ayuda a combatir el frío, la fatiga, el mal de altura… y da suerte,” sonríe señalando el vaso. Dham saldrá con la expedición de Siwang por décimo año consecutivo a recolectar yarsagumba. A buscar suerte. A encontrar su fortuna.

Hace dos décadas, una pequeña pastilla azul llegó a las farmacias para combatir la disfunción eréctil y revolucionó las alcobas de medio mundo. Desde jóvenes con miedo al gatillazo hasta septuagenarios sexualmente activos, hablamos con los felices y complacidos consumidores anónimos del Viagra… Nació como un fracaso. Lo que se intuía como un simple alivio fue una revolución. Así surgió el Viagra. Fue un efecto secundario que se convirtió en una descarga de felicidad universal al llegar hace 20 años a las farmacias. Y a las alcobas. Cuando sus precursores, comandados por el premio Nobel estadounidense Robert Furchgott, buscaban remedio a las enfermedades cardiovasculares con el sildenafilo, se dieron cuenta de que apenas producía efectos sobre la angina de pecho, pero sí de bulto en el pene de quienes lo tomaban. Apesadumbrados pero medio sonrientes, intuyeron que podían alargar muchos sueños…

En marzo, comenzó la temporada de recolección de yarsagumba, a la vez del coronavirus COVID-19. Cientos de vecinos recorren las montañas en busca de la valiosa droga con un objetivo en la mira: hacer una fortuna. Para muchos que viven en esta zona, la yarsagumba es una pandemia. Recuerdan un antiguo refrán budista que advierte que la yarsagumba no trae más que mala suerte. “Muchos sufren con lo que uno goza…”, nos confiesa un amigo de Cancún que supera con creces el medio siglo tras viajar al Nepal con su hijo. No quiere saber nada de los cinco caminos del budismo tibetano: el camino de la acumulación en el que uno recoge sabiduría y mérito, genera bodichita, cultiva los cuatro fundamentos de la atención plena (satipatthana) y el esfuerzo correcto (los cuatro abandonos); el camino de la preparación se alcanza cuando uno llega a la unión de samatha y vipasyana y se familiariza con shunyata o vacuidad; el camino de la vista, uno percibe shunyata directamente, todos los pensamientos del sujeto y del objeto se superan, y uno se convierte en un arya (un ser noble e illuminado); el camino de la meditación, uno remueve trazas más sutiles de la mente y perfecciona la comprensión; y el camino de no más aprendizaje que culmina en la budeidad. El estado de budeidad es la condición de pura e indestructible felicidad que no depende de las circunstancias personales. Quien lo experimenta está totalmente libre de toda desilusión, sufrimiento y miedo. Es la condición de la libertad perfecta y absoluta, caracterizada por sensatez (sabiduría, prudencia) ilimitada, coraje, compasión y fuerza vital. Este estado es realmente complicado de describir y se obtiene únicamente a través de la percepción directa e interna de la realización, se caracteriza porque no permite caer en estados inferiores debido a causas externas y porque no confía en lo externo para conseguir la felicidad. “Papá no regreso por ahora a Quintana Roo, me quedo un par de meses más en el Himalaya del yarsagumba, la budeidad y la rosada sal… y sus catorce oligoelementos o bioelementos temporales”, justifica el hijo su rebelión filial natural, sufragada merced a una generosa tarjeta de crédito cuasi ilimitada paternal. “No le entiendo a la juventud de hoy en día”… Yo, perfectamente.

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