#NoHayPLANetaB

LIZETTE AGUIRRE MORLET

Dejé de escribir en un intento desesperado de comprender esta contradicción que me causaban mis propios pensamientos y acciones. Entre más leo o investigo, más comprendo que no tiene caso reciclar, por ejemplo, o entre más leo a la gente y a mí misma, más veo que parece que no queremos cambiar nuestras realidades o tristezas o angustias, o lo que decimos que queremos cambiar. Hemos vivido así tanto tiempo, que pensar en un cambio para mejorar (mi vida, mi relación, mi trabajo, mi medio ambiente, etcétera) suena bien bonito y fácil, pero hacerlo no tanto.

Todos esperábamos que terminara ya el 2020 como si eso nos trajera la certeza de que ya se acabaría la pandemia y regresaríamos a la normalidad, pero ¿por qué queremos regresar a “la normalidad” y a cuál normalidad?, ¿A la que nos llevó a esta catástrofe pandémica y nos dio la oportunidad de reflexionar sobre varios temas personales y colectivos, o a la que nos mantenía pasmados y “felices”?  Bueno, aunque en realidad esta pandemia  no alcanzó a ser catástrofe, porque queremos regresar para sentirnos seguros en esa zona de confort nada confortable.

Todos mis textos dicen cuidemos el planeta, no hay planeta B, etcétera pero escribo y pienso, el planeta no necesita que lo cuidemos, no necesita de nosotros y lo poco o mucho que reciclemos, por decir algo, es en realidad un “esfuerzo” mínimo y placebo, en comparación de lo que tendrían que hacer la industria privada y los gobiernos, pues son ellos quienes contaminan mucho más o destruyen mucho más.

La paradoja es que todos pertenecemos a esta rueda. Somos seres económicos, políticos, consumistas, humanos, ciudadanos y tal vez tener un consumo responsable ayude, pero en este caso nuestra individualidad es nuestra condena. Si no tenemos una real visión colectiva de la inminente catástrofe ambiental, que muchos científicos calculan empezará en 12 años y de la que ni siquiera hemos alcanzado a ver ni un poco, acabaremos con nuestra especie aun con todos los avances científicos y tecnológicos.

Tal vez por esta nula visión, pensamos ahorita, yo por supuesto, que con escribir, hablar, discutir sobre el tema, reciclar, consumir responsablemente, etcétera, ya estamos haciendo nuestra parte “por salvar al planeta”… cuán lejos estamos.

Soy un individuo pero pertenezco a un colectivo, aunque no queramos, pertenecemos a una sociedad y a sus reglas y a sus y nuestras construcciones sociales, luego entonces, ¿desde donde y hasta donde influirá mi acción o no? ¿Qué acción mía y nuestra, afectará para bien o para mal, verdaderamente?

Siempre me ha causado risa la gente avara que pelea e incluso mata por aumentar sus arcas como si fuera a vivir mil años, cuando lo que realmente debería buscar, y deberíamos todos, es la perpetuidad de la especie, con la micro dotación de tiempo de vida que nos tocó. Se calcula que el planeta tiene 4,500 millones de años y que los restos más antiguos atribuidos a Homo Sapiens 300,000 años aproximadamente… Ahora, si hablamos  de la humanidad como civilización, la sumeria es considerada la primera y existió hace aproximadamente 5,500 años… ¡de 4,500 millones de años! ¡Jaja, really? ¿En serio creemos que si tengo dos casas o tres coches o soy el hombre más rico del mundo, ya la hicimos, o que le ayudaré al planeta si apago las luces de mi casa cero ecológica en mi ciudad cero pro ambientalista? Ya no lo creo. Y no somos culpables por ello.

Solo creo que nos fallan las matemáticas y la razón, atrevernos a decir que debemos ayudar  al planeta, cuando a los que tenemos que ayudar es a nosotros mismos. La Tierra, Gaia, seguirá sin nosotros y solo pensamos en comprar y poseer, cuando podríamos disfrutar el espacio/tiempo que nos tocó vivir, en armonía y unión con nuestra propia naturaleza, cuidando los recursos sí, por nosotros.

Se nos fue dada una porción de tiempo y en esta era, bien y tristemente llamada antropocénica, hemos deteriorado lo que ninguna otra especie, ¿para qué más hemos usado nuestro tiempo? No es nuestra individualidad per se lo que falla de la ecuación, sino lo que no hacemos con ella como colectivo y que tendría que ser la que nos mueva para realmente trascender como individuos y como especie, usando nuestro ser, nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestra visión, nuestra individualidad y colectividad… nuestra oportunidad.

Me cuesta entender que no sirva de nada que reciclemos, pero comprendo que somos seres que pertenecemos, nos relacionamos y usamos los recursos que nuestro entorno natural nos da, como parte del todo y de la experiencia humana en sí y que solo cuando estemos parados en la catástrofe, entenderemos que buscar lograr la perpetuidad de nuestra especie va antes que la individual, porque la primera conlleva a la segunda.

Pero cómo logramos eso si creemos que esta pandemia que nos tocó vivir es catastrófica, aun cuando la mayoría lo decimos desde el confort de nuestra casa. ¿Habrán valido la pena las inversiones, pagarle al terapeuta para arreglar la relación con otros o con uno mismo, pagarle el colegio más caro a los hijos para que estos en su adultez se topen con toda la merde que saldrá de las cloacas por lo que hicimos o no hicimos nuestra generación y muchas anteriores  y entonces ellos y sus hijos sí que ya no sobrevivan?

No hay optimismo que aplicar ni que perseguir, ni utopías ni distopías que nos hagan comprender, sí caminar, pero no comprender que no tardamos en tener la basura en nuestra puerta.

Dejemos de reciclar para ver el real problema. Dejemos de dividirnos de la naturaleza para usar nuestro individualismo en verdad y como se debe, y ya si todo falla, nos vamos a Marte, total, Elon Musk dice que podemos colonizarlo… ¡saquen todos sus cohetes!

Fatalista, sí, humanista también, por eso seguiré haciendo mis ecoladrillos y escribiendo nohayplanetab por el placebo que cura mi dolor por mi efímera participación en la perpetuidad de mi especie, por el placebo de sentir mi conexión con Gaia y por el placebo de pensar que estoy haciendo algo…

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