El castillo de la pureza ideológica

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Roberto Hernández Guerra

Hay quienes conocen la historia, pero por necedad se obstinan en repetirla. O quizás porque como en la conocida fábula del alacrán y el sapo, su naturaleza les obliga a actuar así. En este caso nos referimos a quienes presumen de ser progresistas, digo mal, radicales y puros, representantes exclusivos de la cuarta transformación. En su afán de exclusividad critican el que se integren al partido  “Morena” quienes no provengan de los cotos del pensamiento marxista, como si únicamente ahí se encuentre la verdad y que los juramentados sobre volúmenes de “El Capital”, la magna obra de Carlos Marx, sean los únicos libres de pecados sociales. Sus dardos envenenados se dirigen ahora a los que habiendo militado en el PRI, se integran al proyecto de López Obrador. Cómo si no se necesitara una amplia participación de voluntades para lograr los cambios que el país requiere

Ejemplos de posiciones radicales los encontramos a la vuelta de la esquina, pero por ahora basta mencionar a la secretaria de organización del partido en el poder, Xóchitl Zagal y al binomio Irma Eréndira Sandoval y su consorte John Ackerman, defenestrada Secretaria de la Función Pública y promotor en redes sociales de la pureza del movimiento regenerador los dos últimos. Las más recientes declaraciones de Xóchitl y de Irma Eréndira van en el sentido que mencionamos arriba. Desde luego que tenemos el derecho de sospechar que a quien dirigen sus ataques, es en última instancia  al aspirante a la Presidencia que no es de su tribu, o de su simpatía, como si López Obrador no hubiera sido en un lejano pasado dirigente del PRI en su estado.

Y a los mencionados, junto con todos sus compañeros de viaje, incluido Paco Ignacio Taibo II que también es prolijo en declaraciones estridentes, vale la pena recordarles lo que aconteció el año de 1933 en la UNAM, con posterioridad al Congreso Universitario que aprobó el establecimiento de la educación socialista en dicha casa de estudios. Como ha sido tradicional en el pensamiento de izquierda, pronto se dividieron los participantes. El Rector, Roberto Medellín, viendo la oposición de los sectores conservadores trató de matizar dicha propuesta, convirtiéndola en un abanico que partía del socialismo utópico de Fourier, Marx, hasta la Encíclica “Rerum Novarum” del Papa León XIII. Por su parte el Rector de la Universidad de Guadalajara, Enrique Díaz de León, haciendo gala de radicalismo lo acusó de traicionar “el pacto de caballeros” acordado en el Congreso citado y que era mantener la pureza del pensamiento marxista.

Ante la división de opiniones, de las cuales las de Medellín y Díaz de León no eran las únicas, la derecha, encabezada por los estudiantes católicos y aliada con grupos que presumían de ser “comunistas”, asaltaron la Rectoría e impusieron en ella a Manuel Gómez Morín. Ironías de la vida, los extremos se juntaron para enfrentar al justo medio. O como señala Engels, cofundador del socialismo científico en “El Antiduhring”: “los dos polos de una contraposición, como positivo y negativo, son tan inseparables el uno del otro como contrapuestos el uno al otro, y que a pesar de toda su contraposición se interpretan el uno al otro”. A final de cuentas las teorías marxistas quedaron fuera de las aulas, pero eso sí, regresó la filosofía medieval de Tomás de Aquino, los jesuitas crearon los grupos “Bios”, “Lex” y “Labor”, y aparecieron los “conejos” y “tecos”, antecesores del actual Yunque.

Como se puede deducir de dicha historia que prolijamente narró Vicente Lombardo Toledano, nadie sabe para quién trabaja. El que no conoce la historia se ve obligado a repetirla, pero copiando a Marx podemos decirles a los defensores del “castillo de la pureza ideológica”, que lo que originalmente fue tragedia se presenta ahora como comedia.