EL BESTIARIO-‘MORTE IN VENEZIA’, LA UTOPÍA DE LUCHINO VISCONTI

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El Mediterráneo crece 25 centímetros de nivel desde principios del siglo XX, el cambio climático no es solo el único culpable. Los cruceros repletos de turistas invaden los canales, son los ‘Godzilas’, los monstruos japoneses…

 SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

La Basílica de San Marcos inundada, palacios, museos, hoteles y tiendas con el agua casi hasta las rodillas, góndolas arrastradas a la riba, la ciudad paralizada y un muerto. La marea alta sufrida la noche del martes, 12 de noviembre de 2019, en Venecia dejó la ciudad sumida en el caos, como en 1966, cuando l’acqua alta de 194 centímetros la anegó y provocó serios daños en el patrimonio arquitectónico y artístico. El entonces gobernador de la región, el liguista Luca Zaia, habló ya de “una devastación apocalíptica” y pidió al Gobierno ayuda urgente y la declaración del estado de emergencia. Pero la crisis no ha pasado todavía y se espera otra marea altísima, de hasta 160 centímetros. En medio del desastre, aparece el cambio climático como uno de los culpables principales de que los episodios de mareas de este calibre se hagan cada vez más frecuentes e intensas. Sin embargo no es la única causa. El alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, escribió en su cuenta de Twitter, mientras recorría anoche la Plaza de San Marcos: “Esta vez la situación es verdaderamente grave, un viento soplaba fortísimo y alimentaba la marea. Estos son los efectos del cambio climático”. El regidor se suma así a las advertencias de científicos expertos sobre un aumento acelerado e imparable del nivel del mar.

El Mediterráneo ha crecido entre 20 y 25 centímetros desde principios del siglo XX, como recuerda Gabriel Jordà, científico del Centro Español de Oceanografía de las Islas Baleares y uno de los autores de una investigación que muestra cómo la subida del nivel del mar haría aumentar la frecuencia de inundaciones… El recuerdo de la terrible inundación del 4 de noviembre de 1966 comenzó a materializarse a las nueve de la noche. A esa hora, un viento superior al previsto se levantó, empujando con fuerza el agua del Adriático a la laguna de Venecia. El Centro de Previsión de las Mareas de Venecia, que también se ha visto afectado por el fenómeno y se ha quedado incomunicado, había previsto como pico máximo 160 centímetros, a las 23.00. Pero a las 22.40 la marea era de 180 centímetros y a las 23.00 alcanzaba ya los 187. Un técnico de dicho organismo asegura que “se formó un pequeño ciclón sobre Venecia, con vientos de hasta 120 kilómetros por hora que empeoraron la situación. Es algo completamente anómalo y puede estar relacionado con el cambio climático”, insiste.

El Ayuntamiento ha ofrecido rueda de prensa para valorar los daños. “La situación es muy complicada y ahora mismo estamos desbordados”, señala un portavoz municipal. “El 80% de la ciudad está bajo el agua, hay daños inimaginables”, ha lanzado Zaia. Algunos museos han quedado dañados y otros recintos, como la Bienal, han cerrado por precaución. “No hemos tenido daños particulares, pero hoy la circulación debe quedar libre para otro tipo de necesidades”, señala una portavoz. El alcalde de Venecia -que ha pasado la noche visitando distintas zonas- ha solicitado al Gobierno italiano declarar el estado de emergencia por desastre natural, en Venecia y en sus islas, Murano, Burano, Lido y Pelestrina, tan afectadas como la vieja urbe. En esta última, un hombre de 68 años murió fulminado por una descarga eléctrica mientras intentaba salvar su casa de las inundaciones. Varias zonas de la ciudad se han quedado sin electricidad, como el Lido y el Campo Santa Margherita. La mayoría de trayectos en vaporeto han sido suspendidos, después de que tres de estas embarcaciones se hundiesen en la Riva degli Shiavon.

El científico Gabriel Jordà vincula lo que está ocurriendo en la ciudad al cambio climático. “Si esta última inundación hubiera tenido lugar en los años cincuenta del siglo pasado, su efecto habría sido moderado. Al haber subido el nivel del mar, las consecuencias son mucho peores”, explica. “Lo que antes pasaba una vez, se puede convertir en norma”, añade Jordà. “Hay que tener en cuenta a la subida del mar se suma que la ciudad se está hundiendo, lo que hace que el efecto del acqua alta se multiplique”, añade. Alarmado por la situación, Brugnaro hizo un llamamiento al Gobierno italiano para concluir el megaproyecto de ingeniería que pretende defender Venecia de las mareas altas. Este fenómeno acostumbra a inundar las zonas bajas de la ciudad, en particular la plaza de San Marcos. Pero su efecto se multiplica, como sucedió esta vez, con el siroco, un fuerte viento sahariano. Para proteger la ciudad de las mareas, que afectan cada vez más a su patrimonio artístico, en 2003 se empezaron a construir 78 diques flotantes en el marco del proyecto MOSE (acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico). Dichos diques deberían cerrar la laguna en caso de subida de las aguas del Adriático. Pero problemas de sobrecostes y corrupción retrasaron su puesta en funcionamiento.

La Basílica de San Marcos se encuentra en uno de los puntos más bajos de la ciudad y es uno de los monumentos más afectados. El director de la conservación del monumento, el arquitecto Mario Pina, pasó toda la noche dentro el edificio intentando salvar los objetos a ras del suelo. “Es un desastre, como el de 1966, o peor, aún lo sabemos. Hemos trabajado toda la noche para proteger piezas preciosas como crucifijos, apoyados en las partes más bajas. El agua ha entrado en toda la iglesia y también en la cripta, bañando los mosaicos”, declaró Pina. Cuando el agua entra en la basílica, genera daños irreversibles que se evidencian en el tiempo, explica Pina. El agua salada se evapora, corroe el mármol y rompe los mosaicos. “Esto es una verdadera catástrofe, tan grave como en 1966”, dice Pina. El ministro de los Bienes Culturales, Diario Franceschini, anunció ayer que una vez concluido el análisis de los efectos del agua alta llegará el dinero para financiar la conservación de la Basílica de San Marcos. El edificio, construido en el año 828 y reconstruido tras un incendio en 1063, conserva mosaicos bizantinos y el cuerpo de san Marcos, patrón de la ciudad. Solo ha visto entrar el agua seis veces en 1.200 años.  Lo más preocupante es que tres de las cinco grandes inundaciones se han producido en los últimos 20 años. Uno de estos eventos excepcionales ocurrió el 30 de octubre de 2018. Hace un año el agua invadió parte del pavimento milenario de mosaico de mármol e inundó completamente el baptisterio y la capilla, arruinando portones de bronce bizantinos, columnas y piezas en mármol. Han pasado 53 años desde la gran inundación de 1966 y Venecia sigue tan frágil como entonces.

El Ministerio de Infraestructuras y Transportes de Italia ha anunciado un plan para alejar progresivamente el paso de los cruceros y otras embarcaciones frente a Venecia, que sin embargo no ha satisfecho a las asociaciones de ciudadanos y ecologistas. Las imágenes de estos rascacielos sobre el mar que pasaban y se detenían amenazantes frente a la Plaza de San Marcos y el Palacio Ducal habían dado la vuelta al mundo y provocado fuertes críticas. La medida de acabar con el paso de los grandes barcos era una de las condiciones que había impuesto la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para evitar que Venecia fuese eliminada de la lista de ciudades patrimonio de la humanidad para ser considerara lugar en peligro. Desde enero de 2018 comenzó a aplicarse así el plan de reducción del paso de los barcos. Los cruceros ya no entran frente a San Marcos sino que atravesarán el alternativo paso de Malamocco para atracar en el puerto de Marghera, en la localidad de Mestre. Los turistas son trasladados en autobuses hasta la entrada de la ciudad. Muchos venecianos congregados en asociaciones como el denominado ‘Comité No a las Grandes Naves en Venecia’ llevaban años intentando evitar el paso de los grandes barcos y cruceros ante la ciudad. Eran los ‘Godzilas’.

Godzilla es un monstruo japonés ficticio, que ha protagonizado numerosas películas y se ha convertido en uno de los personajes cinematográficos más conocidos del mundo. Apareció en pantalla por primera vez en 1954. Godzilla es una de las referencias más populares de la cultura japonesa del siglo XX, siendo descrita como un enorme dinosaurio mutante, quien genera y salva del caos a Japón y el mundo; por lo que es muchas veces considerado como antihéroe. A pesar de que su popularidad ha ido decreciendo a medida que avanzan los años, continúa siendo uno de los monstruos más conocidos en todo el mundo. Hasta la fecha, Godzilla continúa siendo uno de los iconos más representativos del cine japonés, y el más importante del subgénero kaiju, el que deriva del género tokusatsu. Se cree que los estudios cinemtográfico Toho había pensado en Godzilla como una representación del miedo que sintió Japón después del bombardeo atómico sufrido en la Segunda Guerra Mundial a manos de Estados Unidos.

“El agua forma parte del ADN de Venecia, pero aquella fue la marea alta más grave de la historia. Y hizo mella como un trauma colectivo en la memoria de la ciudad”, explica Giovanni Pellegrini, director veneciano de ‘Aquagranda in crescendo’. El título del filme se refiere también a la ópera con la que el célebre Teatro de la Fenice decidió conmemorar en 2016 los 50 años desde la tragedia. De ahí que el documental junte grabaciones de archivo, testimonios de quienes huyeron de la rabia del mar y los ensayos del espectáculo, para navegar hacia los recuerdos del diluvio. La inundación golpeó primero Palestrina, uno de los islotes cercanos a Venecia. Se saltó los murazzi y puso rumbo al centro de la ciudad. “El choque del agua contra los escollos resuena como un himno de muerte. Horas 11: empieza el terror”, escribió un inspirado mariscal de los carabinieri aquella mañana en su informe, que recoge Il Corriere della Sera. El mar golpeó tanto Venecia que la ciudad acabó de rodillas, aislada y sin servicios. Un apagón eléctrico añadió la oscuridad al miedo. El pulso del mar fue reforzado por tres días seguidos de lluvias. La violencia del siroco, mientras, impedía que las olas se apaciguasen. “El agua doblaba mi altura”, apunta un periodista de Il Sole 24 Ore. Entonces tenía apenas cinco años.

‘Morte a Venezia’, tanto la novela original como la película constituyen, aparte de los sucesos acontecidos a Gustav durante su estancia en Venecia, una ilustración, oda, alegato y homenaje a la belleza perfecta, pura y plena de la que habla Platón en el Fedro y el Banquete. A principios del siglo XX, el compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach (Dirk Bogarde), que padece de una depresión severa debido a varios problemas tanto familiares como profesionales, se refugia en Venecia para descansar y huir del agobio de su vida en Múnich. Poco después de instalarse en un lujoso hotel en isla del Lido, se fija en un adolescente polaco, Tadzio (Björn Andrésen), cliente del hotel con su familia. El interés del protagonista hacia este joven andrógino de belleza sobrecogedora, que encarna un ideal estético, se va a transformar en amor y obsesión. Los días de Aschenbach discurren en la playa del Lido o en excursiones al centro de Venecia pero sobre todo se dedica a seguir y observar a Tadzio. Paralelamente, Aschenbach va tomando consciencia de unos acontecimientos extraños en la ciudad (muertes repentinas, campañas de desinfección de las calles, explicaciones evasivas de los venecianos, etc.) y consigue descubrir que Venecia está aquejada de una epidemia de cólera, escondida por las autoridades para que los turistas no abandonen la ciudad. Aschenbach piensa irse primero pero, consciente de su amor por Tadzio, prefiere quedarse en el hotel. Piensa en avisar durante un tiempo a la familia de Tadzio pero no lo hace. Como era de esperar, Aschenbach, delicado de salud, enferma. Sale una última vez, maquillado, a la playa para ver a Tadzio (al cual nunca ha hablado) y muere contemplándolo jugar con un amigo a orillas del mar. Tadzio se aleja con su amigo sin darse cuenta mientras unos socorristas vienen a levantar el cuerpo de Aschenbach.

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