DIOS LOS CREA… Y EL INTERÉS LOS JUNTA

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Roberto Hernández Guerra

 

No es de extrañar que los comunicadores periodísticos, radiofónicos y televisivos, consentidos en el pasado, mantengan una contumaz oposición a la 4 T, al Presidente López Obrador y a todo lo que huela a cambio; la pérdida de los recursos que recibían, cuantiosos y desproporcionados al servicio que prestaban explica su postura. De igual manera, los grandes empresarios que no pagaban impuestos y que cuando lo hacían recibían devoluciones tienen sus motivos de queja. En este último segmento podemos incluir a quienes con sus productos “chatarra”, carentes de control alguno, han producido la epidemia de obesidad, sobrepeso, diabetes, hipertensión y demás males que aquejan a la población del país; el etiquetado frontal es algo que no perdonan.

Si continuamos buscando descontentos con respecto a AMLO y el cambio que representa, podemos incluir a las empresas “factureras”, las de “outsourcing” y quienes se beneficiaban de sus servicios evadiendo al fisco y el cumplimiento de las obligaciones  con sus trabajadores.  Ya “encarrerados” podemos agregar a la lista de descontentos a los que recibían contratos de obras públicas con precios inflados; a la alta burocracia dorada y en fin a todos los que de una manera u otra obtenían una tajada de los recursos públicos que se debían destinar al beneficio de la sociedad.

Mención especial merece un amplio sector que se identifica con el pensamiento de las élites y que encabeza una forma de “rebelión de las clases medias en contra de la igualdad”; en su interior han de pensar que si no pueden acceder a los lujos de quienes están en lo económico por encima de ellos, que “los de abajo” sigan como están. Como anécdota ilustrativa podemos señalar que en días pasados, en una reunión de condóminos de un conjunto residencial en una playa de Yucatán, uno de los asistentes invitó a los demás a ejercer su voto para evitar lo que llamó la “rebelión de los jodidos”.  En suma rebelión contra rebelión.

Dejamos por último a un no menos importante grupo, el de los “intelectuales orgánicos” cuyos nombres pululan en los desplegados críticos; actualmente, porque  antes, de ellos no se veía “ni la sombra”. Y al respecto vale la pena mencionar la función que cumplen según el filósofo Antonio Gramsci, quien acuño el término: ellos son los “empleados de la superestructura social”, encargados de dar forma al mundo a imagen y semejanza de la élite dominante.

Dentro de este selecto grupo de “abajofirmantes”, además de los ya ampliamente conocidos Krauze y Aguilar Camín, se han sumado “en moloch”, como decimos los peninsulares, una nueva hornada agrupados en un organismo denominado “Signos Vitales”; nombre apropiado en estos tiempos de pandemia. Pues resulta que trece integrantes de este colectivo, entre los que destacan María Amparo Cazar, Jaime Zabludovsky, Luis Carlos Ugalde, entre otros, recibieron durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, mediante consultorías y empresas de las que son integrantes, por lo menos 188 contratos públicos por más de 780 millones de pesos. ¡Cómo no van a estar molestos con estos tiempos de austeridad republicana¡

Dios los crea… y el interés los junta. Como podemos notar, lo que une a todos estos grupos, más lo que hayamos omitido pero actúen de igual forma, no es un afán democrático, ni un deseo de mejorar las cosas. La respuesta la podemos encontrar en la frase que acuñaran los consejeros de Bill Clinton con motivo de su campaña electoral en 1992: “the economy…”. Solo que en el caso de los anteriormente mencionados se trata de su economía personal y no de la nacional, como en la expresión del  que fuera presidente del vecino país del norte.

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