Desde El Rincón – Que cuarenta años no es nada: del IMSS-Coplamar al IMSS-Bienestar

Inosente Alcudia Sánchez

La principal nota periodística del martes 24 de mayo fue el inicio de la Jornada Nacional de Reclutamiento y Contratación de Médicas y Médicos Especialistas. Desde la mañanera, “Zoé Robledo, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, detalló que durante dos semanas se ofertarán 13 mil 795 plazas “con sueldos atractivos” y contratación inmediata”, informó El Financiero. Revisé el anuncio de la convocatoria y ahí estaba la marca de la casa: “¡Es momento de atender el pueblo!”, exclama la invitación a “médicas y médicos interesados en colaborar y participar en la transformación del sistema de salud a nivel nacional”.

“Más vale tarde que nunca”, aconseja el dicho popular, aunque, en el caso de la salud, no siempre aplique. Y es que este anuncio de contratación de médicos presentado como un avance es, en realidad, el reconocimiento de que, adelantada la mitad del sexenio, en el sector salud las políticas transformadoras no entregaron resultados y es momento de rectificar. La versión oficial es que en México no tenemos suficiente personal médico y que el existente es retrógrado y falto de solidaridad, ya que desprecian prestar sus servicios en las comunidades apartadas, pobres o en las que prevalece la delincuencia. También, se argumenta que la insuficiencia de médicos obedece al modelo educativo neoliberal, el cual, por alguna razón perversa, con el filtro de los exámenes de admisión había evitado que muchos aspirantes cursaran la carrera de medicina y especialidades afines.

Es de dominio público que para transformar nuestro sistema de salud y llevarlo a los niveles de calidad de Canadá o Dinamarca, el gobierno del presidente López Obrador dinamitó el sistema heredado de la administración peñanietista para, sobre sus ruinas, erigir el nuevo modelo de salud pública que, curado de cualquier asomo de corrupción, garantizaría servicios médicos y medicinas gratuitos a todas y todos los mexicanos. A base de decretos presidenciales desapareció el Seguro Popular, se creó el redundante INSABI (Instituto de Salud para el Bienestar), se modificó el esquema de compras de medicamentos e insumos médicos y la austeridad republicana asentó sus reales en el sector salud predestinado, desde las mañaneras, a alcanzar niveles de eficiencia y eficacia nórdicos.

La historia de estos tres años y medio es ampliamente conocida y nada favorable para los estrategas del sector salud, a pesar, eso sí, del respaldo permanente e incondicional del presidente. No dudo de los conocimientos médicos del doctor Jorge Alcocer, secretario de Salud; es más, creo que puede ser una eminencia, como afirma AMLO, pero su desconocimiento de la administración pública (y de la política) impidieron que contribuyera a la cuarta transformación. Y López-Gatell, para protegerse de sus detractores, se ha envuelto en el discurso del presidente culpando al neoliberalismo de todos los problemas del sistema de salud en México, a pesar de que ya cruzaron la mitad del sexenio y la desatención médica, el desabasto de medicamentos, los fallidos procesos de compra de medicinas y el deterioro institucional continúan, según afirman los expertos.

Por el contrario, creo que Zoe Robledo es un profesional bien formado técnicamente y con conocimiento de políticas públicas, lo que le permitió identificar la problemática sectorial y, sobre todo, convencer al presidente de que sus decisiones habían provocado crisis que comprometían la entrega de buenos resultados. En las últimas semanas, entonces, hemos visto la reconfiguración de las políticas en materia de salud, destacadamente la declinación del INSABI y el fortalecimiento del IMSS, como punta de lanza del sector. El mismo 24 de mayo, en su artículo semanal para el periódico Milenio, Zoe Robledo nos informó que el nuevo modelo de salud pública de la cuarta transformación (Plan de Salud para el Bienestar), instrumentado a través del IMSS-Bienestar es un relanzamiento, 43 años después, del IMSS-Coplamar, al cual reconoce –obviamente- como “una visión adelantada a su tiempo”. Desde luego, no se trata aquí de cuestionar esa vuelta al pasado en las políticas públicas de salud; aunque no deja de causar curiosidad la forma en que habrán adaptado un modelo que, con todo lo visionario que se quiera, responde a un país totalmente distinto en todos los órdenes.

Así, entre conflictos y desaciertos llegamos a la controversia que generó el anuncio de la contratación de 500 médicos cubanos. Y es que, afirma el presidente, “estos irresponsables, corruptos (se refiere a conservadores, neoliberales y adversarios en general) nos dejaron sin médicos, no tenemos en México los médicos que necesita nuestro pueblo”. Desde luego, yo también pienso que qué poca la de los perversos que planearon dejarnos sin doctores nomás para afectar a la cuarta transformación; pero, igual, no deja de llamar la atención que, hasta ahora, en voz del director general del IMSS, se dé a conocer un inventario de personal médico faltante y se emita la convocatoria pública para cubrir esas 13 mil 795 plazas que, vaya usted a saber desde cuándo y por qué están vacantes. No faltan los mal pensados que sospechan que esos puestos no se habían contratado en cumplimiento de la austeridad republicana. En su artículo de este martes 31 de mayo, Zoé Robledo confirma que no se trata de plazas de nueva creación y sólo menciona que son vacantes que “por diferentes razones no se han logrado cubrir”.

Desde mi perspectiva, el estratega presidente buscó hacer una carambola política de varias bandas con esto de los médicos cubanos que, obviamente, no representan solución alguna para los problemas de la salud en el país. Primero, en el origen de la historia está el apoyo económico a las alicaídas finanzas públicas cubanas; segundo, es un fuego encendido y alentado por el propio mandatario para distraernos de lo sustancial: la falta de resultados atribuibles a errores de su administración; y, tercero, ganar tiempo para la implementación de IMSS-Bienestar y, con sus exabruptos, ponerse por encima del tono de quienes con datos y hechos exhiben la grave situación que padece el país en materia de salud.

En el cálculo político presidencial sale más barato pelearse con los médicos (parece que bajó el tono a las denostaciones y enfocó el pleito a los infaltables conservadores), que aceptar el incumplimiento de sus promesas y ha reiterado que para el fin de su sexenio tendremos, ahora sí, un sistema de salud de excelencia. Me atengo, entonces, a que hablen los hechos y que los cambios en las políticas del sector se orienten a brindar una buena atención a todas y todos los mexicanos. El papel de Zoé Robledo será fundamental para profesionalizar de nueva cuenta la administración de los servicios de salud y evitar, por ejemplo, que continúe el desabasto de medicinas o que, como en Tabasco, caduquen más de 100 mil cajas de diferentes medicamentos (según denuncia la diputada federal Soraya Pérez). Y, claro, ojalá alcancemos el pleno empleo de nuestros profesionales de la salud.

Todo lo anterior se completa con el anuncio de que, entre 2019 y 2021, la esperanza de vida en México bajó de 75 a 71 años.