AGENCIAS

BERLÍN.- La teoría más aceptada sobre la domesticación de los perros asegura que en algún momento de los últimos 15 mil a 30 mil años, estos mamíferos descendientes de los lobos se integraron a las poblaciones irregulares humanas, formando una relación simbiótica que, a grandes rasgos, les ofreció alimento seguro a cambio de sus habilidades de protección, alerta y un olfato superdesarrollado.

No obstante, rastrear históricamente la región del mundo en la que se domesticó a los perros por primera vez parecía una tarea casi imposible, hasta hoy:

Una investigación elaborada por el Centro Senckenberg de la Evolución Humana y Paleoambiente de la Universidad de Tubinga, al sur de Alemania, cree haber dado con una cueva que aporta pistas decisivas del acercamiento que produjo la domesticación del perro.

A través del análisis de restos fósiles de distintos cánidos encontrados en una cueva conocida como Gnirshöhl, ubicada en el sur de la provincia alemana de Baden-Wuerttemberg, un equipo multidisciplinario llegó a la conclusión de que los huesos hallados se originaron a través de linajes genéticos diferentes y “los nuevos genomas secuenciados a partir de las muestras cubren todo el rango genético de lobo a perro doméstico”.

La hipótesis de los científicos asegura que fueron integrantes de la cultura Magdaleniense quienes criaron diversos linajes de lobos en la región, integrándolos a su modo de vida y comenzando de domesticación cuyos alcances son visibles hasta nuestros días.

No obstante, resulta imposible inferir a través del estudio si aquellos cánidos se trataban de lobos o perros modernos; sin embargo, todo parece indicar que el intrincado proceso de domesticación del perro inició en Europa, específicamente en el suroeste de Alemania, hace poco más de 16 mil años.

 

 

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