LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

La oferta artesanal para los turistas del Caribe de México incluye, elaborado en cerámica, colado en cemento o en madera, el diseño de un “Dentista Maya” que realidad no es maya, sino teotihuacano. La  imagen se sustrajo de un pasaje pictórico del mural llamado Paraíso de Tlaloc, en Tepantitla, Teotihuacan.

A mediados del siglo pasado, el Dr. Samuel Fastlicht interpretó que se trataba de un dentista, concluyó que el personaje inclinado introduce un cuchillo de pedernal en la boca del individuo frente a él, con la finalidad de “limarle los dientes o realizar una intervención”. Se le consideró un trascendental hallazgo en la odontología mexicana y el Dr. Fastlich le solicitó al maestro Miguel Covarrubias que reprodujera la imagen, la cual fue publicada por vez primera en la revista de la Asociación Mexicana de Odontología en 1950 y “se adoptó como emblema odontológico mexicano”.

La escena representada por los teotihuacanos se desarrolla en el interior de en un Juego de Pelota, a su alrededor otros personajes danzan, cantan y se manifiestan en transe rodeados de plantas psicotrópicas como la Datura ferox, la Ipomea violacea y la Rivea corymbosa, entre otras variedades de Plantas de Poder que fueron identificadas por Victor Torres Roldán en su ensayo Ciudades Estelares.

Así que la imagen no es maya, tampoco se trata de un dentista sino de un contorsionista teotihuacano quien posiblemente realiza la ingesta de algún psicotrópico en un espacio ritual relacionado con un Juego de Pelota. El contorsionismo es una de las facultades de los chamanes, en algunas representaciones en la cerámica autóctona del Altiplano, aparecen contorsionistas que reproducen actos chamánicos de transfiguración.

Los chamanes ocasionalmente se sirven de plantas, hongos, raíces y sapos que contienen substancias psicotrópicas con las que alteran su estado de conciencia y perciben otros mundos dentro de nuestro mundo o viajan a mundos paralelos en los que interactúan con entidades que nosotros denominamos divinas o dioses; se trata de entidades con las que tuvimos comunicación en nuestra primera infancia y conforme fuimos interpretando al mundo de manera racional, perdimos la sensación de unicidad energética que nos vuelve universales y, en un acto chamánico invertido, nos convertimos en terrícolas de ángulos rectos con percepciones temerosas de la otredad.

Los descendientes de algunas civilizaciones nativas del México contemporáneo llaman a los mestizos —y en general a todos los occidentales—: “seres de razón” y no porque tengamos la razón sino porque es lo único que poseemos como catalizador de nuestra realidad.

Observando a los seres, a los objetos o a las improntas del pasado, en ocasiones los occidentales racionalizamos lo insondable y ajustamos la mentalidad y la cosmogonía de nuestros ancestros a nuestras percepciones, necesidades o inquietudes, transfigurando a la interpretación histórica y alejándonos de su talante.

Equivocando la interpretación de las improntas de nuestros mayores o ajustándolas a nuestras necesidades contemporáneas, nos vemos de manera borrosa en el espejo y con silogismos racionales interpretamos a nuestro pasado histórico como racionalmente deseamos que sea. Por ello, el Dr. Samuel Fastlich, siendo dentista, vio a un colega en donde no estaba y cientos de turistas, en lugar de un dentista maya, se llevan la impronta un ritual chamánico teotihuacano.

 

Facebook: Claudio Obregón Clairin / Investigador, Guía y Promotor Cultural

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