LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

Para los angakkuqs (chamanes inuit) todo se origina en el alma y en el corazón. Consideran que los conflictos existenciales nos agobian porque olvidamos nuestra belleza. Los inuit acostumbran reposar su mirada en el gélido vacío o en la inconmensurable tundra; perciben que la distancia más inmensa no está entre aquí y allí, sino entre la mente y el corazón.

El chamán groenlandés Angaangaq, fue cuestionado en una entrevista sobre la costumbre inuit de intercambiar parejas durante la celebración a Sedna —la entidad divina del mar— y respondió al reportero español: “¡A nosotros no nos repugna el contacto físico! Pero los blancos no se tocan. Y la mayor necesidad del ser humano es la de ser tocado. Nosotros nos tocamos mucho. No tenemos tabúes sexuales ni celos. Somos personas civilizadas…”

 

II

Los Inuit históricos daban prioridad a los comportamientos y a los estados mentales, nunca etiquetaban a los individuos, esa percepción procuraba que la persona que mostraba un comportamiento desequilibrado, pudiera cambiar su actitud y mejorar su relación con “los otros…” Cuando un integrante de la sociedad inuit cometía una falta o su comportamiento desentonaba en la comunidad, acostumbraban bombardearlo con bromas y burlas para evitar que los sentimientos de intolerancia de un individuo se impusieran sobre el grupo.

En el caso de una falta grave, el transgresor era aislado e ignorado por la comunidad y el arrepentimiento era inmediato. Para una falta mayor como los celos, el robo de una esposa o asesinato, un consejo de ancianos y los angakkuqs se reunían para deliberar, entonces llegaban a dos soluciones: en caso de arrepentimiento y una confesión pública (la palabra entre los inuit como entre los mayas, es sinónimo de verdad), podía ser reintegrado a la sociedad, sobre todo en comunidades poco numerosas, la otra opción era expulsar al individuo de la comunidad, lo cual, era sinónimo de muerte ya que nadie puede subsistir en el Ártico estando solo… entre los inuit históricos, tampoco existieron las cárceles.

 

III

En el Ártico Canadiense, en Groenlandia y en Alaska, cuando había diferencias graves entre grupos o individuos, en lugar de enfrentarse físicamente, organizaban competencias de cantos y danzas acompañados del batir de un tambor.

El término inviutiit designa a las palabras recitadas o cantadas que provocan la humillación pública del contrincante, lo esencial no era  explícitamente afirmar los defectos o carencias del adversario sino hacer referencias y era válido inventar situaciones y alusiones, así evitaban eventuales represalias o venganzas.

Se decían lo que tenían que decir sin decirlo y cantando. Durante las competencias de “los cantos”, los espectadores tomaban el rol de jueces y determinaban el vencedor en función del comportamiento de los duelistas, al concluir la competencia, iniciaban los juegos y las diversiones. Otro tipo de duelo nombrado tigluutiniq consistía en colocarse frente a frente y darse de golpes en la espalda hasta que uno de los adversarios se rendía al dolor.

Los inuit utilizan decenas de palabras para nombrar a las cualidades de la nieve pero en su idioma no existe la palabra “guerra”. Desde tiempos del vikingo Erik el Rojo, se afirmaba que “a los inuit se les rompían las encías de tanto reír”

En el Ártico Canadiense y en Groenlandia, aún quedan vestigios culturales de aquellos pueblos que frente a la adversidad, eligieron reír en lugar de llorar.

 

Fuentes:

Inuit Shamanism and Christianity, Fréderic B. Laugrand y Jarich Bl Oosten.

Les Inuit, Michele Therrien.

 

Facebook: Claudio Obregón Clairin / Investigador, Guía y Promotor Cultural

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