DEL ASOMBRO

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La Covacha del Aj Men

La Covacha del Aj Men

Claudio Obregón Clairin

 

Alba

El asombro sedujo a nuestros ancestros emitiendo guiños desde el espacio que separa la luz de la sombras. Sus organismos se convulsionaron energéticamente y se transfiguraron en entes con conciencia de sí mismos; tiempo después, con dificultad lograron mantenerse erguidos.
La fantasmal sensación del “yo” los tomó por sorpresa cuando entablaron un diálogo con su voluntad e inmediatamente después, la intuición y la audacia, provocaron una certeza en aquellos titubeantes espíritus: el asombro conlleva cambios, alegría, dolor y muerte.
Durante la época en la que no se llevó registro del movimiento del Sol y de la Luna, la admiración y el adjetivo crearon las condiciones para sacralizar los eventos de la naturaleza, los cósmicos y lo humanos; así, casi de manera natural, surgieron los mitos primigenios que se acomodaron en nuestros recuerdos colectivos y cedieron su espacio litúrgico al omnipotente arribo de las señoras religiones.
Nuestros ancestros sufrieron la inenarrable angustia de sentirse constantemente observados por depredadores tan voraces como los felinos, las ideas fijas, los cocodrilos y las envidias. También debió ser muy desagradable vivir condicionado a un cielo que de pronto se mostraba rumoroso, húmedo, tórrido o violento.
Algunos siglos más tarde y con la peregrina intención de controlar el “terror” que les producía lo incomprensible, los pensadores griegos se concentraron en “las causas” y descubrieron el “concepto de verdad” que obtuvo gran aceptación pero, después de un tiempo, resultó meloso y los helénicos se refugiaron en las tragedias.
Aristóteles comentaba que solamente los filósofos podrían ser felices porque el conocimiento nos hace libres y, esta propuesta ha dividido al criterio humano entre quienes se interesan por la acción y aquellos que privilegian la abstracción.

 

Neón

Como una respuesta a la incertidumbre de la vida, los griegos históricos crearon un orden mental, determinaron que la voluntad debía buscar verdades y certezas en los principios de la metafísica, la moral, la ética y los dioses. Pero a Nietzsche, el mundo no le provocaba terror, por el contrario, se asombró de que le produjera un placer infinito vivir con inseguridad.
Delante al dolor, algunas tradiciones del pensamiento humano (del budismo a Schopenhauer) plantean aislarse, huir, desapegarse, ignorarlo. Nietzsche rompió de un golpe con las tradiciones que veían la vida con dolor y terror. A partir de él, ese dolor se interpretó como un holograma que con apariencias cubre la vida verdadera; Nietzsche percibió también que el dolor desaparece cuando le damos una patada a la escalera construida con prejuicios y contradicciones morales que dramáticamente une a los seres humanos con el cielo.
Nietzsche propuso que las expresiones artísticas y las conductas ético-morales funcionan como instrumentos y herramientas que permiten a los seres humanos arribar al estadio de ausencia de dolor, con las actuaciones especiales del adjetivo, el silencio y el asombro… valiosos catalizadores.
Ante el asombro de una vida sin aditivos y culpas, apareció en la escena social el valiente y temerario “existencialismo” que ubicaba a la existencia como la esencia de la vida: “la realidad humana se vive de manera individual y es el individuo quien determina su existencia provisto de su inconmensurable libertad de acción y decisión”.
Después del existencialismo, algunas corrientes del pensamiento humano han comprendido que delante al asombro de reconocerse vivos, pensantes, actuantes y mutantes: lo sustancial es conocer el sentido y la forma del destino.

 

Focus

(…pensar de manera ordenada y con una búsqueda definida, genera creencias que automáticamente se posesionan de nuestras conductas; nos tornamos en seres productivos y edificamos nuestro destino por encima del destino natural.
Dejar de pensar, nos permite percibir que el conocimiento y las creencias explican al universo de manera parcial, es más, descubrimos que suelen convertirse en una limitante para nuestra plena existencia ya que interpretan los acontecimientos y las conductas con verdades que se tornan absolutas. En esta atmósfera se corre el riesgo de reconocer que habitamos un universo y unos cuerpos en perpetua evolución y que la experiencia vital de nuestra libertad se puede transformar también en una creencia; nos descubrimos impávidos delante a un precipicio de emociones encontradas, el vacío nos llena de asombro, respiramos profundamente, luego entonces y ya abatidos, los sueños nos recuerdan que en el más acá: la sabiduría y la locura comulgan con nuestro silencio interno…)

Espejos

Asombroso resulta que nuestra existencia sea una condición y también esencia del acaecer de los eventos; que observemos y demos forma y sentido a los fenómenos que más tarde formalizan nuestro mundo.
Me asombro de que las creencias nos conduzcan a interpretar la existencia de infinitas maneras, todas ellas válidas, humanas, mutantes, contradictorias y que delante a la evidencia de nuestra incertidumbre: nos cobijemos al abrigo del sentido común, determinemos utilizar únicamente los sentidos para percibir al mundo o encontremos regocijo en el vértigo de la impermanencia.

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