De las primeras organizaciones a las marchas… – El cielo de la oposición

Roberto Guzmán

En una sociedad normada por la hipocresía y el fatalismo,“lo que no se menciona no existe y lo que no se menciona con desprecio existe de modo subterráneo”.

Carlos Monsiváis

Las marchas LGBT, desfiles, incluso paradas como las realizadas a lo largo del estado en algunos de sus municipios convocaron a un buen puñado de jóvenes y a sus familias a más que un evento donde debieron, como una oportunidad, haber celebrado los Derechos Humanos de nosotros los LGBT, pero para este escribidor con tristeza y preocupación solo representaron para muchos integrantes de estas juventudes espacios donde se llevaron a las calles y áreas públicas la desnudez y algunos actos sexuales a través de parodias o simulaciones, en una clara violación de las normativas sociales construidas y otras ya legalizadas.

Con el tiempo las Marchas del Orgullo Homosexual han asumido nuevos nombres en razón de su complejidad: Orgullo Gay, Orgullo Lésbico-Gay, Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgenéro, y finalmente “Marcha del Orgullo por el Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual”. Este cambio en laterminología se debe a los avances teórico conceptuales en un análisis de la inclusión sobre la sexualidad partiendo de la idea compartida de que la visibilización hoy de las comunidades sexo diversas a través de estas marchas permiten una mayor aceptación y tolerancia a las minorías sexuales en México.

Las marchas no son de quien las marchan, sino de aquellos activistas y colectivos que tenían en sus inicios el claro objetivo de convocar a una protesta con pancartas en busca de la igualdad como de la inclusión, marchas que a través de los años lograron el reconocimiento de los derechos y conquistas de las libertades de los LGBTTTIQ+ que hoy muchos jóvenes disfrutan y viven con intensidad, mediante espectáculos performativos y divertidos volcados con tintes carnavalescos para el público receptor sin que la historia, los asesinatos o crímenes de odio, encarcelamientos injustos, desaparecidos del pasado de “LUCHA” sean para ellos tema de importancia o reconocimiento.

Hoy las marchas convocan, sin intención de discriminar o estigmatizar en estas fiestas de color y del oropel, a un sinnúmero de identidades, a fetichistas, poliamorosos, a leathers, buenonas, osos, vestidas, chichifos, lesbianas, machorras, putos, jotos, divas, locas, machines, niñas fresas, mamás, a activos, papás, indígenas, cursis, pescadas, migajonas, pierciers, tatuados, manfloras, sadomasoquistas, bisexuales, gays, homosexuales, deformados, informados, mamados, perforados, pasivos, femeninos, masculinas, femeninas, musculocas, torcidos, retorcidas, bigotones, bigotonas, chichonas, operadas, dragqueens, metadrags, reinas, vergones, culones, nacos, princesas, cenicientas, gatas, nacas, mamones, fresas, pintados, activistas, turistas, bugas, closeteros, desclosetados, curiosos, morbosos, nalgonas, positivos, negativos, promiscuas, facilotes, castas, célibes, fieles, infieles, putas, raritos, vírgenes, marimachas, galanes, bellezas, forros, delicadas, quintitos, paquetudos, tetonas, tortilleras, marotas, volteados, maridas, nenitas, mamacitas, cueros, chacales, strippers, perras, zorras, lobas, perritos, guagüeros, besucones, fajadoras, gerontófilos, autofílicas, lingüofílicos, coprofílicos, urofílicos, homofílicos, androfílicas, misofílicos, borrachas, antreras, parejas, engañadas, maduros, peludos, chotos, bizcochitos, traileras, sugar daddys, picaditas y alguno que otro lilo o mariposón ‟.”, donde gracias a los derechos humanos conquistados por aquellos a los que NO se honra y trata de invisibilizar, a ellos, ellas y aquelles, o a todas, todos y todes hoy lucharon por leyes más inclusivas derivadas de la reforma constitucional del 2011, donde en México se vive con libertades, sin discriminación como condición misma y no por elección o imposición.

No sé usted, mi estimado lector, pero si el prejuicio homofóbico continúa siendo uno de los grandes anacronismos de las prohibiciones judeocristianas, a lo GAY en el imaginario colectivo todavía lo sobrerrepresenta el travesti, numéricamente insignificante en el conjunto, pero desde luego, lo más fotografiable y lo más adaptable a los prejuicios históricos.