LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

 

En el imaginario religioso de los mayas históricos, el inframundo estaba relacionado con la fertilidad, la Creación, el origen y era la residencia de Chaak, la entidad divina de las aguas pluviales y de las subterráneas.

Al descender a cuevas y cenotes, los mayas históricos observaban que las piedras contenían los restos fósiles de crustáceos, corales y moluscos. Desconocemos qué reflexiones les provocaría tal observación, sin embargo, sabemos con certeza que para ellos, los objetos podían convertirse en sujetos, es decir, adquirían alma.

Un objeto ritual como un cetro con la imagen de la divinidad Kawil, simbolizaba al Poder mismo de la dinastía reinante, pero lo trascendente, es que estaba vivo.

De igual manera, los basamentos y los templos que erróneamente nombramos pirámides (no terminan en punta y tampoco los construyeron los egipcios), fueron llamados Witzob por los mayas históricos y se les relacionaba con la Montaña de la Creación, estaban dotados de alma… se les imbuía existencia al ofrecerles ch’ulel o energía vital, la cual, se encontraba en la sangre.

En el Mundo Maya, la mayoría de los basamentos y templos, estuvieron pintados de rojo y, como si fuesen antenas parabólicas invertidas: unían al cielo, a la tierra y al inframundo.

Las edificaciones de los mayas históricos, son la suma del Poder religioso y, por su majestuosidad, generaban sumisión. Su función fue múltiple, algunos contuvieron sepulcros para los ahauob’ (reyes), otros fueron adosados con habitaciones (como la llamada acrópolis de Ek Balam) y, en la cima de algunos Witzob, se dispuso de plataformas para las danzas e invocaciones a los espíritus o a las entidades divinas.

Los Wizob fueron el escenario catártico en el que nuestros mayores se comunicaban con sus espíritus. Los edificaron con piedras que originalmente formaron la vida submarina y más tarde se petrificó; los mayas históricos las cubrieron de estuco y fueron bañadas de rojo.

Las piedras de los mayas históricos tuvieron dos veces vida.

Tun, es el vocablo para nombrar a las piedras en diversas lenguas mayas y, como el lenguaje jeroglífico maya es polisemántico, es decir, un vocablo puede tener varias acepciones, Tun, también es un apelativo para nombrar al tiempo.

Es, a través del movimiento, como podemos percibir al tiempo.

Los mayas históricos estructuraron sus calendarios y situaron a las inquietudes y a los eventos humanos en el futuro y en el pasado, sustentados en la observación de los ciclos de las 13 Constelaciones que giran en la Eclíptica, en los ciclos planetarios, en el del Sol y en el de la Luna.

Cuando un planeta aparecía en el horizonte y luego desaparecía, los mayas históricos percibían la sensación del paso del tiempo; sin embargo, el ciclo de los astros no deja rastro físico.

Viendo petrificados a los crustáceos, a las conchas marinas, a los caracoles y a los peces, ubicaban el testimonio de la vida y de la muerte, contaban con la evidencia física del paso del tiempo y, quizá por ello, para los mayas históricos, el tiempo y las piedras fueron unidad.

 

 

Facebook: Claudio Obregón Clairin / Investigador, Guía y Promotor Cultural

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