DE ASPIRACIONISMO Y OTROS ISMOS

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ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

 

El botín es demasiado grande como para perderlo en definitiva. Quienes participaban en el reparto, un número limitado en comparación con la población del país, continúan en su propósito. La estrategia sigue siendo la misma, tergiversar las acciones, los propósitos y aún las palabras del Presidente López Obrador. Ejemplos tenemos muchos y señalaremos algunos a continuación.

Quizás los habitantes del centro y del norte del país puedan creer que el proyecto del Tren Maya afecte la naturaleza virgen del sureste mexicano, derribando cedros y caobas e interfiriendo en la vida del emblemático jaguar. Quienes vivimos por estos lares sabemos que el trazo del proyecto se realiza en el derecho de vía del extinto Ferrocarril del Sureste, de las autopistas que hoy nos comunican y de las líneas de alta tensión de la CFE. Total que de daños ecológicos no hay nada más de los realizados en el pasado, aunque de solicitudes de “amparos” promovidos por Claudio X González y compañeros de viaje, tengamos de sobra.

La construcción de la refinería de “Dos Bocas” es un buen ejemplo de lo que en psicología se le llama “proyección”. Considerar que la utilización de gasolina y diésel en los vehículos automotores, va a ser desplazado por las baterías de litio en los próximos años, es suponer que la mayoría de los mexicanos puedan tener acceso a los costosos carros eléctricos, como ellos sí lo tienen. Mención aparte es señalar que el propósito de lograr la autosuficiencia energética no es una ocurrencia “lopezobradorista”, el vecino país del norte nos ha dado el ejemplo al incrementar su producción petrolera con el llamado “shell gas”, en su caso aún a costa de afectar el medio ambiente.

Podemos seguir con el catálogo de objeciones a los proyectos del gobierno de la 4T, mencionando las críticas a la suspensión del proyecto aeroportuario de Texcoco y su sustitución con el que se construye en la Base Aérea de Santa Lucía. Si lo analizamos dejando a un lado la pasión, bastaría con tomar en cuenta la diferencia de costos de construcción, 300 mil millones de pesos el primero, 75 mil millones el que se está a punto de terminar. No menos importante es recordar que en la zona del lago, asiento del proyecto “peñanietista” el hundimiento del terreno es de dos metros al año.

El fortalecimiento de Pemex y de la CFE, puntales de la autosuficiencia y la seguridad energética del país, es a todas luces una necesidad para mantener estables los precios de sus productos e impedir presiones inflacionarias. Quienes defienden los intereses de las voraces empresas extranjeras como Iberdrola, recurren también a la defensa del medio ambiente; como si la energía hidroeléctrica, la que se genera con el agua de las presas, no fuera la más limpia.

Agotadas las críticas a los proyectos en construcción, la ofensiva se encamina a tergiversar las palabras emitidas por Andrés Manuel López Obrador. Cuando el presidente señala que “algunos sectores” de la clase media se dejan influenciar por “el aspiracionismo”, los medios tradicionales de información desvían el sentido del mensaje como si éste incluyera a “toda” la llamada clase media. Un clásico “amarre de navajas” para seguir sumando adeptos al proyecto de retorno a “una patria ordenada y generosa”, pero únicamente con ellos.

Pero siendo objetivos, no podemos dejar de reconocer que varios grupos de la llamada clase media, si han sido influenciada por los mensajes de la oposición. A los “aspiracionistas”, podemos agregar a los “temerosos a la igualdad”, a los “conservadores” de valores imaginarios, a quienes se tragaron el cuento del “fantasma del comunismo” y a todos los que no entendieron que el mensaje de “primero los pobres”, era “por el bien de todos”.

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