SALVADOR CANTO

El sistema educativo, vuelto de cabeza como consecuencia de la pandemia, con una creciente deserción escolar, un deficiente aprovechamiento de los alumnos con el método a distancia, agudización de problemáticas en los hogares, y sin perspectivas de que la actividad presencial pueda retomarse pronto

 

La pandemia generada por el COVID-19 interrumpió la educación de toda una generación de estudiantes que desde el pasado ciclo escolar dejaron de tomar clases presenciales y a más de la mitad del actual; la situación se mantiene más que complicada, pues al menos en Quintana Roo unos nueve mil alumnos de nivel básico de los municipios de Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco de un total de 336 mil 577 han dejado de enviar tareas y ya no son localizables mediante los números telefónicos que proporcionaron sus tutores.

Y aunque las autoridades educativas se niegan a reconocerlas como deserciones pues afirman que sólo se trata de un 3% del total de estudiantes, además de que el ciclo escolar no ha concluido, ya se vieron obligadas a implementar de manera urgente a partir del pasado fin de semana, la estrategia “S.O.S Educación Quintana Roo” para rescatar a los alumnos que ya no han tenido contacto con sus maestros por las vías electrónicas establecidas, lo que demuestra que el sistema a distancia como estrategia principal por el tema del coronavirus no ha funcionado como fue planeado.

En ese sentido, el regreso a clases presenciales se mantiene como incierto y es casi un hecho que el ciclo escolar 2020-2021 para los miles de alumnos de nivel básico y medio superior, concluirá como inició: con tropiezos, sin rumbo y lleno de complicaciones sanitarias.

De hecho, en medio de esta situación el gobierno de Quintana Roo decretó retroceder al color naranja del 25 al 31 de enero dentro del semáforo epidemiológico a toda la zona norte del estado, debido a un importante incremento en el número de contagios de coronavirus en las últimas semanas.

Aunado a todo lo anterior, el hartazgo de padres de familia por el tema educativo en estas condiciones es latente; afirman también que les genera mucho más gastos que en clases presenciales, ya que ahora tienen que pagar internet, y en algunos casos el uso de cibercafés todos los días para que sus hijos puedan hacer y enviar las tareas.

Otro problema que ha generado la pandemia en el plano educativo es un evidente abandono de los edificios escolares, pues a pesar de que existe recurso para ello, desde hace más de nueve meses no reciben ningún tipo de mantenimiento de parte del Instituto de Infraestructura Física Educativa del Estado de Quintana Roo (Ifeqroo) y decenas de escuelas han sido víctima de saqueos.

 

Preocupa deserción escolar

Una de las mayores preocupaciones para quienes atienden temas de niñez en el estado es la deserción escolar, puesto que ese asunto deriva también en trabajo infantil.

De acuerdo con Norma Gabriela Salazar, responsable en Quintana Roo del Sistema de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), a consecuencia de la pandemia existe un aumento en el trabajo infantil y la posibilidad de que, cuando la autoridad determine el regreso a las escuelas en la nueva normalidad, incremente la deserción escolar.

Comentó que es real que cientos de familias han entrado en una situación crítica, están en una crisis, y preocupa que el trabajo infantil se esté incrementando.

Anaceli Vázquez, vecina de la supermanzana 107 de Cancún, comentó que ya habló con su hijo porque de plano no hace tareas y tampoco le toma interés a las clases virtuales, para que mejor deje la escuela y se ponga a trabajar, porque en esas condiciones solo tiene más gastos.

A nivel medio superior como el Colegio de Bachilleres ya concluyeron o están por terminar el primer semestre, y la situación es similar que con la básica, pues hay decenas de alumnos mayores de 15 años que han optado por dejar de estudiar porque definitivamente se les ha complicado tomar clases de manera virtual y sienten que las exigencias son mayores que si las tuvieran de modo presencial.

Antonio Hurtado, un joven de Cancún, dijo que a pesar del esfuerzo que hizo para tomar clases y enviar tareas, reprobó tres materias en el Cecyte, por lo que decidió dejar la escuela para ponerse a trabajar y así evitar que su mamá tenga más gastos.

“Ya hable con mi mamá, tal vez cuando inicien las clases presenciales me vuelva a inscribir, de ser posible en prepa abierta, pero por el momento ya no voy a seguir estudiando y ahora ando en busca de trabajo”, señaló.

 

Deserción, por causas socioeconómicas

La investigadora Inés Dussel, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav), comenta que, por causas socioeconómicas, un gran número de estudiantes de la educación media superior está en riesgo de abandonar la escuela en este tiempo de pandemia, por lo que recomendó a las autoridades establecer una nueva generación de políticas públicas con las que se refuerce la coordinación intersectorial para hacer frente a este problema.

Tan sólo en el ciclo escolar pasado que terminó en medio de la pandemia, más de cinco mil 478 estudiantes de educación básica no concluyeron el curso, como consecuencia del COVID-19. Entre los factores que influyeron está que el 35% de la matrícula estudiantil en el estado no tiene acceso a computadoras e internet.

Pero en esta ocasión, además del tema de falta de internet y equipos de cómputo o celulares de gama alta que permite conectarse a las clases virtuales, se le suman los excesivos gastos que tienen que desembolsar los padres de familia, incluso mayores a que si fueran presenciales.

Otra circunstancia que tiene a muchos padres de familia en literales niveles de desesperación y hartazgo es que sus actividades habituales se han multiplicado para atender el desempeño escolar de sus hijos, aunado a la necesidad de que, en los niveles iniciales, al menos hasta los primeros años de primaria, es prácticamente obligado supervisar al lado de los menores las horas diarias de clase virtuales.

 

Plan emergente para salvar el ciclo escolar

Ante lo complicado que ha significado para miles de familias el sistema educativo a distancia y que ha provocado una deserción escolar, los Servicios Educativos de Quintana Roo (SEQ) que encabeza Ana Isabel Vásquez Jiménez, se vieron obligadas a implementar desde el pasado fin de semana el plan “S.O.S Educación Quintana Roo” para que no se pierda el ciclo escolar.

Reconoció que estar 10 meses fuera de las aulas (recta final del pasado ciclo escolar y lo que va del actual), ha sido más que complicado, pero ponderó que primero está la salud.

A pregunta concreta de El Despertador de Quintana Roo, comentó que tienen el registro de al menos nueve mil estudiantes que no han sido localizados para continuar el ciclo escolar, es decir, no han entregado tareas y los maestros ya perdieron contacto con los tutores y/o padres de familia.

Dijo que este número abarca los municipios de Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco y en ese contexto, apuntó que la mayor parte es de educación primaria.

Si bien es cierto que esa cifra tan sólo representa alrededor del 3% del total de la matrícula escolar, el detalle es que se trata de jóvenes que por cuestiones económicas principalmente, ya sea porque sus padres se quedaron sin empleo a causa de la pandemia, han tenido que dejar la escuela.

“Necesitamos recuperarlos con esta cruzada que se está poniendo en marcha, se trata de jóvenes con quienes se ha perdido contacto y no sabemos si se fueron ya del estado o desertaron para ponerse a trabajar, lo cual sería lamentable porque estamos frente a un tema de constitucionalidad donde todos los niños tienen derecho a una educación”, dijo la funcionaria.

Comentó que el plan de regreso a clase seguro será cuando se tengan las condiciones adecuadas en semáforo verde, pero “no sabemos para cuando, pues lamentablemente para la zona norte se retrocedió a color naranja”.

Ante todo este panorama complicado en materia educativa, las autoridades de Quintana Roo se vieron obligadas a implementar dicha cruzaba bajo el eslogan de “Nadie fuera, nadie detrás” y su operación incluye tres tipos de apoyo para los estudiantes y sus familias: el pedagógico mediante grupos de profesionales para dar asesorías a los niños y sus padres; sicológico, consistente en orientación psicoemocional, para lo cual estarán disponibles 80 sicólogos; también habrá apoyos de gestión, enfocado en las necesidades y solicitudes de apoyo en materia escolar.

 

Escuelas abandonadas

El actual ciclo escolar comenzó el pasado 24 de agosto y se tiene contemplado concluir el próximo 9 de julio, pero desde antes, las clases presenciales fueron suspendidas durante el curso escolar anterior y desde entonces las escuelas no se ocupan.

En el caso de las escuelas privadas, sus propietarios mantienen presencia permanente e incluso vigilancia pagada que permite salvaguardar sus instalaciones, sobre todo los fines de semana, pues entre semana la parte administrativa acude a realizar labores propias de la institución.

Mientras que las escuelas públicas se encuentran vulnerables y la suspensión de clases presenciales ha resultado un pretexto para que las autoridades no les den mantenimiento a los planteles y hoy muchos están llenos de basura, maleza e incluso con algunas bardas rotas desde el paso de los huracanes de octubre pasado.

Entre todo esto, el sector educativo público ha sido víctima de robos en planteles durante los últimos meses y de acuerdo a informes de las propias autoridades, existe el registro de que al menos 60 escuelas han sido víctimas de los amantes de lo ajeno.

Se enumeró, entre los objetos que principalmente son sustraídos, cableado de cobre, plomería, medidores de luz, equipo de comedor, cómputo, pantallas de televisión, aparatos electrónicos, equipo de laboratorio y didáctico, tanques de gas, así como también papelería y material de limpieza.

Si bien las autoridades de Seguridad Pública han logrado la detención de algunas personas que han cometido este tipo de delitos en planteles educativos que están solos y abandonados, muchas veces al llegar a los reportes, las instalaciones ya se encuentran vandalizadas y así se quedan.

Carlos Gorocica Moreno, subsecretario de Educación en la zona norte, refiere que los niveles preescolar y primaria han sido los más golpeados por la delincuencia que va en aumento, y no descartó que durante las próximas semanas estos delitos puedan incrementar, hasta en tanto no se regrese a clases.

Y así, la pandemia ha significado un pretexto idóneo para el Instituto de Infraestructura Física Educativa del Estado de Quintana Roo (Ifeqroo), cuyo titular Abraham Rodríguez Herrera, no ha hecho hasta la fecha, ni evaluación y ni mucho menos ha destinado recursos para el mantenimiento de las escuelas que si bien se mantienen cerradas debido a que no hay clases presenciales, requieren de atención para evitar mayores complicaciones.

En un recorrido hecho por El Despertador de Quintana Roo, pudo constatarse que diversos planteles educativos de Benito Juárez, además de estar cerrados, llenos de hierba y basura, padecen las consecuencias del paso de las tormentas tropicales y huracanes que pegaron en octubre del año pasado.

Es decir, hasta la fecha tienen bardas caídas a causa de los fuertes vientos, lo que incluso ha facilitado el incremento de robos al interior de los centros educativos.

De acuerdo a las leyes de egresos de Quintana Roo, para el 2017, el Ifeqroo tuvo un presupuesto oficial de 34 millones 304 mil 409 pesos; para el 2018 fue de 42 millones 953 mil 307 pesos; el 2019 ejerció 45 millones 798 mil 559 pesos y el 2020 le asignaron 71 millones 963 mil 616 pesos y si bien gran parte se destina para construcción de nuevas escuelas o ampliación de otras, también se incluye el mantenimiento de las que ya operan.

 

Panorama mundial

En México, Quintana Roo es de los estados que está más lejos de retornar a clases debido a que por su vocación turística los riesgos de contagios son mayores y por ende, es improbable que el semáforo verde se pueda dar pronto en esta entidad.

En ese panorama, Henrietta Fore, directora ejecutiva de la UNICEF, destaca que al entrar en el segundo año de la pandemia de COVID-19 y a medida que los casos continúan aumentando en todo el mundo, no se deben escatimar esfuerzos para mantener las escuelas abiertas o priorizarlas en los planes de reapertura.

Comenta que a pesar de la abrumadora evidencia del impacto del cierre de escuelas en los niños, y a pesar de la creciente evidencia de que las escuelas no son impulsoras de la pandemia, demasiados países han optado por mantener las escuelas cerradas, algunos durante casi un año.

Indica que el costo de cerrar las escuelas, que en el pico de los cierres pandémicos afectó al 90 por ciento de los estudiantes en todo el mundo y dejó a más de un tercio de los escolares sin acceso a la educación a distancia, ha sido devastador.

Por ello, añade que las escuelas deben estar entre las primeras en reabrir una vez que las autoridades comiencen a levantar las restricciones. Se debe dar prioridad a las clases de recuperación para garantizar que los niños que no han podido aprender de forma remota no se queden atrás.

“Si los niños se enfrentan a otro año de cierre de escuelas, los efectos se sentirán en las generaciones venideras”.

 

 

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  • La crisis sanitaria ha dejado a la deriva a millones de estudiantes: los que no tienen internet, los que tuvieron que ponerse a trabajar, a quienes esta experiencia les ha generado demasiada angustia y los que, simplemente, no están aprendiendo nada. Y el sistema parece no ofrecer ninguna respuesta.
  • En Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco, se concentra la mayor cantidad de deserción escolar a medio ciclo del actual.
  • En medio de todo esto, los alumnos del nivel medio superior ya están por concluir su primer semestre y en febrero inicia la segunda fase de inscripción, pero no todos los que iniciaron continuarán.
  • Los robos han sido frecuentes a las escuelas públicas y hasta la fecha, las autoridades reportan más de 60 atracos en todo el Estado, en donde los objetos que principalmente son sustraídos son cableado de cobre, plomería, medidores de luz, equipo de comedor, cómputo, pantallas de televisión, aparatos electrónicos, equipo de laboratorio y didáctico, tanques de gas, así como también papelería y material de limpieza.

 

 

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