Cracken, la voz de la poesía agita los mares

HÉCTOR COBÁ

El fanzine Cracken. Poesía desde el Caribe, cual obra del teatro clásico español, inicia de entrada con un introito, a manera de prólogo, que da cierta explicación al argumento de la publicación y pide indulgencia al público. Presentada a los cancunenses en una librería que ya no existe, La Mancha, el último mes del año 2019.

Hecho que lo distancia kilómetros de las publicaciones irreverentes y cachondas surgidas antes del año 2000, presentes en los tianguis callejeros de revistas culturales independientes que llegaron a las ciudades de Hidalgo, Aguascalientes, Hidalgo, San Luis Potosí y del hoy estado Ciudad de México.

Así con todo en contra, muy distantes de La Guillotina, El Galito Inglés, Zurda, Generación, Dino, el punto siete del citado introito justifica su incursión en el mundo literario de Cancún, de Quintana Roo, de la península de Yucatán, el sureste mexicano y del país mexicano y sus alrededores: “Toda bestia mitológica es una metáfora enferma. Toda metáfora enferma es inaprensible”. Gracias al esfuerzo editorial de Luis Alberto G. Sánchez, Aldo Ravfaulknest y de José Antonio Iñiguez, tras ser avalado y discutido el material publicado por Daniel Medina, Alejandro Acevedo, Drapaudi de Mora, David Anuar y Natalia Gómez.

En este texto se marca, son notables los devaneos con la buena literatura de escritorio, de claustro académico unido con lo estético, pero no cómodo para un lector común que saldría corriendo y tirando la satánica Cracken. Poesía desde el Caribe, al leer tan sólo los títulos: “El himen se ahoga en el toilet”, “Ruido canónico versus poesía” y “Filosofía del fruto podrido” o todo lo contrario. No se trata de negar el esfuerzo de los crackeneros ¿o crackenses? Siempre es loable el esfuerzo de la aparición de una nueva publicación cultural, literaria, de poesía, más si combina textos poéticos con ensayos, traducciones, gráficos y algo de narrativa, todo lleno de la fuerza de la juventud.

De Cracken, la poeta y crítico literario Ángel Nimbé dice: me llamó la atención la edad de los escritores reunidos, algunos nacidos bien entrados los 90s, cerca, incluso, de los dos mil, que experimentan con temas tan variados como la odisea de un fotógrafo que pareciera emular el destino de Ken Oosterbroek, asesinado en Sudáfrica apenas 10 días antes de las célebres elecciones de 1994, que consolidaron el término del apartheid, o los últimos instantes del tristemente célebre George Kelly Barnes, el joven ladrón más buscado de California y San Francisco, muerto de un infarto en la penitenciaría Leavenworth, el 18 de julio de 1954.

Señala que páginas más adelante se topa con Daniel Medina, de trayectoria considerable, a sus 23, quien retoma el simbolismo fantástico, extravagante, místico y contreras de Odilón Redon. No conocía a David Pimentel, poeta chetumaleño nacido de Interfaz, que a pesar de su cuarto de siglo ya le canta al Chetumal de antaño, el de casitas a la usanza inglesa, el que no sobrevivió al fatídico 27 de septiembre de 1955, cuando Janet tocó tierra con vientos de 280 kilómetros por hora.

Acaso todo lo que pueda decirse sea esto:

un arrastrado caracol en ruina

que trajo la tormenta en la destrucción.

Luego halla la “poesía paella” de Thaís Espaillat: Este poema tiene nombre de gato, que conjuga dos de sus amores, el océano y los mixos con los únicos seres que merecen morir en este mundo pero que van a sobrevivirnos, las cucarachas.

Las cucarachas han secuestrado el mar.

Lo puedo oír pidiendo ayuda

debajo de la calle de mi casa

mientras me parqueo…

“Poesía paella” es un término muy personal y está relacionado con este platillo, extravagante, con muchos elementos, que a simple vista podría parecer incluso poco atractivo, pero que al desmenuzarlo funciona. Desconocía a esta chica, que es consciente de las luchas titánicas de este siglo, y al mismo tiempo de su pequeñez y finitud personal, pero que, aunque sabe que la batalla está perdida (o casi) y se enfrenta a ella con desesperanza, no deja de creer en un final feliz y en una especie de héroe, en este caso otro gato, añade.

Dice que Noel Alonso Ginoris, cubano, de 24 años, en el poema VIII, hace reminiscencia a Béla Bartók, cuyos arpegios, ilustra el poema para los que somos poco duchos en música, están ligados a las leyes de la Proporción Áurea.

Ella, en la presentación, autora del poemario Danza de la serpiente, no habla de todos los autores, o las obras plasmadas en el fanzine, crítica, ensayo y arte visual. Se limitó a reseñar a los nacidos después de los 90s, poetas todos.

Por otra parte, el ejidatario literario de la parcela ClanDestino, autor del poemario Cartas acuáticas y Cartas fantasma, fresco presentador Gustavo Orozco, incandescente como él solo denuncia: hemos sido perseguidos por los nuestros, juzgados por las academias, despeinados por los críticos, asustados por los jefes. Hablan por estas letras los lectores que desmigajamos los poemas en busca de un pedazo de pan. Los que juntamos de a 10 para pagar el agua cantándole a los chopos de cristal mientras la sangre enciende. Los que llegamos porque nos invitaron a las chelas del final.

Los que día a día en sus notas se arriesgan a beber del universo. Los fans de la poesía. Los que guardan la palabra en el pantalón o la sienten vibrar puños adentro. Los que creemos que la poesía es un ejercicio de libertad. Una revolución. Un salto de fe. Los que creemos que la poesía es la voz de la diferencia. La fascinación, la invención, el gran descubrimiento del mundo.

A todos nos llenó de algarabía saber que por fin habría de haber un material que diera a los cientos de millones de fanáticos de la poesía lo que tanto y por tantísimos años habían esperado: un fanzine. Celebramos dando vueltas y saltitos en nuestros culturales y lejanos recintos.

Para hacer frente al reto que implicaba dar cuenta al mundo de tan alto esfuerzo literario y creativo: al editor-presentador lo enviamos a los mejores festivales, lo sometimos a las lecturas más densas, luego lo abandonamos a su suerte en el Caribe mexicano. Los resultados de su examen fueron previamente analizados por un comité. Se tomaron como referencia todas las publicaciones de poesía que existen a lo largo y ancho de la república mexicana. El comportamiento histórico de la vanguardia y la retaguardia literaria. Los libros más representativos de la década reciente. Los chismes más picantes de las estrellas de la literatura nacional. Las necesidades específicas de lectores consuetudinarios de poesía. El rigor académico. El discurso lírico. La modernidad. El pegue. Si traía o no dibujitos. En esta ocasión no se pudo hacer un balance de género porque esta edición sólo incluyó a cuatro autoras, de lo que se concluye que el número 1 de Cracken es macho. Se contrató la labor de 25 correctores de estilo y una maestra de educación física, dos veladores y una tía que es maestra de español en cuernavaca. Y tras un reconcentrado y pormenorizado análisis que dejó a nuestro editor al borde del colapso… llegamos a una conclusión:

Cracken es una publicación única en su género. Los editores, creadores, diseñadores, artistas que hacen posible que las palabras de los poetas lleguen a los abiertos ojos hipnotizados de aquestos pobres lectores, ávidos de leer poesía, amontonados en las puertas de nuestras presentaciones y que agotan los libros antes de que siquiera salgan.

Su importancia radica en el lugar que ocupa. Sus posibilidades se extienden como tentáculos. Al no ser una revista oficial, no le debe nada a nadie, no tiene que seguir un guión, no tiene censura, no tiene que quedar bien con nadie y eso especialmente le otorga un lugar en la historia de la literatura actual: el hecho de tener una posibilidad crítica, nacida de su marcada diferencia.

La voz de la poesía que se levanta y se extiende y que agita y sacude los mares para traernos de vuelta siempre a un lugar en el que podamos encontrarnos. Así, como si fuéramos personas. (Fotos: Facebook / Facebook: Héctor Cobá / Twitter: @HctorCob / hectorcobácc@gmail.com)

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