CUBREBOCAS: CUÁNDO CAMBIARLO, CÓMO LAVARLO Y MÁS

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Su rol para evitar el contagio del COVID-19 se volvió fundamental desde hace ya más de año y medio; sin embargo, muchos no utilizan correctamente esta barrera de protección

 

BUENOS AIRES.- A medida que el SARS-CoV-2 continúa su propagación global con cepas más transmisibles y las vacunas no dan abasto para frenar el impacto de nuevas oleadas de la pandemia, es posible que el uso correcto del cubrebocas sea –junto con el distanciamiento social y el correcto lavado de manos– una de las medidas más efectivas para evitar nuevos contagios.

Pero, ¿hay uno mejor que otro para usar durante largas jornadas? ¿Conviene renovarlo a lo largo del día? ¿Cada cuánto tiempo? El jefe del Departamento de Enfermería del Centro Médico Fitz Roy, Jerónimo Wigger, respondió estas preguntas y despejó algunas otras dudas sobre su uso.

“Dentro del ámbito sanitario, hay algunos más técnicos que otros”, explicó: “el quirúrgico, que puede ser de dos o tres capas, es de un solo uso y debe descartarse luego de cuatro o cinco horas o bien cuando se humedece; el N95, que filtra el 95% de las partículas del aire, puede usarse 15 días (o 60 horas) y no requiere lavado; y uno de calidad intermedia denominado KN, que puede usarse 10 días pero no tiene tanta capacidad de filtrado como el N95”.

Un punto clave que aclaró es que la humedad es el factor que determina si debe ser descartado, “pues pierde su capacidad de filtrado, por eso tampoco es recomendable rociarlo con alcohol al retirarlo y lo ideal es guardarlo en una bolsa de papel para que absorba la humedad cuando se va a reutilizar”.

Por otro lado están los cubrebocas de tipo caseros, que son los que usan la gran mayoría de las personas. “Lo más adecuado es que sean de algodón u otra tela lo menos sintética posible, que tengan un espesor suficientemente capaz de frenar las pequeñas secreciones que se expulsan por la boca y la nariz al hablar, estornudar o toser, pero que permitan que se pueda respirar normalmente y que su tamaño tape boca y nariz”.

Agregó que los de tela tipo neopreno o similar no son recomendables porque “atrapan la humedad en la cara y no permiten entrar el aire” y que “no es necesario el papel a modo de filtro entre las capas de tela”.

El concepto a tener en cuenta es el de una barrera que frena lo que se expele al hablar, e hizo hincapié en que “los que tienen válvula facilitan la respiración pero esto no hace del producto algo mejor”.

Apuntó que “es innecesario usar doble cubrebocas”, ya que aporta una falsa sensación de seguridad y, además, “a la persona le va a costar más respirar, se lo va a bajar, se va a tocar más la boca y nariz con las mano contaminadas, lo cual aumenta el riesgo de infección”. Enfatizó que “la razón de una mayor protección no es tanto la adición de capas de tela, sino la eliminación de cualquier espacio o áreas de ajuste inadecuado”.

Sobre cuál es la mejor manera de higienizar los cubrebocas de tela, Wigger recomendó “lavarlos todos los días, a mano o en lavadora y secarlos al sol o al aire”. “Si una vez seco se plancha, se eliminará algún microorganismo que pudiera haber quedado”, agregó.

Para finalizar, dio tres consejos prácticos para quienes pasan muchas horas fuera de casa con el cubrebocas:

  • Si se lleva uno de repuesto, guardarlo dentro de una bolsa de papel, o las de tipo reutilizables.
  • Al momento de comer o tomar alguna infusión en el trabajo, quitarse el cubrebocas, mantenerse siempre en un ambiente ventilado, evitar tener gente cerca y lavarse las manos antes de volver a ponerlo.
  • Al momento de utilizar el transporte público tenerlo permanentemente puesto y evitar tocarse la cara. (Infobae)

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