LA COVACHA DEL AJ MEN

CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN

En el marco de la mesa redonda Olmeca, balance y perspectivas celebrada en 2005 en la ciudad de México, Peter T. Furst, investigador del Laboratory of Antrhopology Museum of Indian Arts and Culture, Santa Fe, Nuevo México, presentó el ensayo Éxtasis y Transformación visionarios: el caso de la psicofarmacología olmeca en el que propuso que lo que llamamos religión olmeca “fue una (práctica) chamánica y compartía algunas suposiciones básicas tanto en la cima como en la base de la pirámide social como un cosmos estratificado o con múltiples niveles a través de los cuales sólo un tipo selecto de individuos, o sea, los chamanes, podían pasar en viajes de desprendimiento del cuerpo; un entorno en el que todo fenómeno, incluyendo aquellos que catalogaríamos como “inanimados”, tiene vida y percepción sensorial y está dotado, al igual que los seres humanos, con una fuerza de vida esencial o “alma”; una equivalencia cualitativa entre seres humanos y animales, y la realidad de la transformación…”

Peter T. Furst relacionó al trance extático-visionario con la interpretación chamánica del hombre-jaguar, su hipótesis ha recibido críticas y argumentos focalizados en la carencia de contextos arqueológicos que la sustenten (aunque contamos con decenas de ejemplos de Terantropía —capacidad de cambiar de forma de humano a animal y viceversa—, en la estatutaria, cerámica y talla de jade olmeca).

Coincido plenamente con los fundamentos de la propuesta chamánica olmeca del maestro Furst, aunque difiero cuando explica: “En todo caso, sin importar de qué modo experimentaban los chamanes olmecas, o sacerdotes-chamanes, el éxtasis y el trance, este estado constituye la piedra angular del chamanismo y de la vocación del chamán” ya que precisamente el tipo de psicotrópico que se utiliza, ofrece una calidad diferente de transe estático, por lo que “sí es sustancial el modo por el que se experimenta” ya que una Planta de Poder, es el fruto del entorno energético que habita y son muy disímbolas las experiencias energéticas y sensoriales que develan la mezcalina, la psylosibina o la bufotenina.

Por otra parte, el universo estratificado de mundo chamánico no es exclusivo de los chamanes, también es accesible para quienes se atreven a experimentarlo; la diferencia con el camino del chamán histórico, es que la mayoría de los modernos viajeros arribistas vegetan en su viaje, algunos se percatan de soslayo de su trascendencia y contados son los que comulgan; éstos últimos, cuando entablan relación con la otredad, inmediatamente después prescinden para siempre de las Plantas de Poder ya que al igual que los chamanes históricos, aprenden a “ver”.

 

¿Cuáles fueron las Plantas de Poder de los olmecas?

Contamos con la referencia de prácticas psicotrópicas de otras civilizaciones mesoamericanas pero sabemos muy poco de los olmecas. El tabaco (Nicotina rustica) pudo ser utilizada en rituales pero aún carecemos de pruebas contundentes. Peter T. Furst se ha focalizado en el chamanismo suramericano y caribeño para encontrar a las probables Plantas de Poder que utilizaron los olmecas y propone que al igual que los chamanes caribeños y amazónicos, los chamanes olmecas utilizaban las semillas (tostadas) vueltas polvo de la planta Anandenanthera peregrina muy difundida en los trópicos americanos, de hecho, abunda aquí en la Península de Yucatán, se le conoce también como “yopo, nopo, parica, cohoba o mopo”.

Como referencia regional, en el segundo viaje que realizó Cristóbal Colón a la actual República Dominicana, en 1494, lo acompañó el fraile Román Pané quien en poco tiempo aprendió el idioma arahuaco que hablaban los habitantes tainos de las islas caribeñas y relató en sus reportes que además de fumar tabaco, los autóctonos inhalaban un polvo que rápidamente los dejaba “sin sentido” y les permitía conversar con los espíritus, el fraile Román comentó que para tal efecto, utilizaban unas cañas que medían medio brazo de largo, colocaban un extremo en su nariz y el otro en el polvo, también hay registro fotográfico que evidencia cómo un individuo yanoman sopla en un extremo de la caña para que ingrese el “polvo” en la nariz del receptor. Los tainos contaban además con pequeñas pipas o inhaladores para la nariz que elaboraban con los huesos de los manatíes.

Las semillas de Anandenanthera peregrina contienen el compuesto (5-hidroxy-N,N-dimetiltriptamina) y aunque fue el primer evento chamánico que observaron los castellanos y aragoneses en todas las islas del Caribe, curiosamente, en Mesoamérica, no hay registro histórico de su consumo. Peter T Furst sugiere que las llamadas cucharas olmecas (pendientes de jade con una concavidad poco profunda al centro) pudieran servir como receptáculos del polvo de las semillas Anadenanthera peregrina aunque habría que explicar por qué se dejaron de inhalar antes de la llegada de los peninsulares o quizá las fumaban mezcladas con el tabaco, lo cierto es que no hay prueba de su consumo, únicamente testimoniamos su presencia.

Sabemos que el sapo gigante (Bufo marinus) contiene en su piel pequeñas dosis del mismo alcaloide de la Anandenanthera peregrina junto a un potente veneno que torna inmune al Bufo marinus de los ataques de sus posibles predadores. El fraile dominicano de origen inglés, Thomas Gage, visitó Guatemala a mediados del siglo XVII y reportó que los mayas pokomanes añadían además de tabaco, sapos vivos a la bebida alcohólica que genéricamente se nombra chicha.

Quizá ésta sea la explicación –comenta Peter T. Furst—“de los numerosos huesos de Bufo marinus encontrados por Richard A. Diehl y Michael D. Coe en las excavaciones en el sitio de San Lorenzo, Veracruz, entre 1965 y 1967, ya que al contrario de las ranas, los sapos contienen muy poca carne y los olmecas de San Lorenzo contaban con una amplia diversidad de fuentes de proteína cárnica.

Aún hoy en día, en Veracruz, los curanderos extraen el veneno del Bufo y lo procesan en el fuego para eliminar su toxicidad y obtener sanadoras pastillas y visionarios brebajes con un procedimiento que han heredado de sus ancestros.

Es posible también que los chamanes olmecas se sirvieran de las semillas de la flor de la maravilla nombrada Ololiuhqui en el Altiplano (Turbina corymbosa) o de sus parientes cercanas Ipomea violacea e Ipomea tricolor, cuyas flores en Oaxaca se nombran Bahdo Negro y en Yucatán, Xtabentún (que no tiene que ver con la bebida alcohólica del mismo nombre)”.

 

Facebook: Claudio Obregón Clairin / Investigador, Guía y Promotor Cultural

 

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