CHAMANES INUIT

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La Covacha del Aj Men

LA COVACHA DEL AJ MEN

Claudio Obregón Clairin

 

Uno de los rituales de iniciación chamánica consiste en ser desmembrado y luego devorado por un oso o jaguar quien después regurgita al iniciado y, a partir de entonces, será su espíritu protector.

En la obra Les Inuit, Michele Therrien recopiló en Groenlandia oriental el testimonio de una iniciación chamánica —acontecida hace 100 años— que rememora esta tradición de origen paleolítico.

Un joven triste por la muerte de su padre caminaba taciturno por la tundra y escuchó las voces de los habitantes del fondo de la tierra, quienes le indicaron que estaban con él para ayudarlo, contrariado, guardó en secreto el encuentro.

Al año siguiente, él y su familia se desplazaron hacia una región situada al Sur de Groenlandia, ahí encontró a un anciano chamán que era deforme y muy respetado por su comunidad, después de un tiempo, el chamán se percató que el muchacho había sido designado por los espíritus para convertirse en chamán.

En una ocasión el anciano le dijo: “ven conmigo al Este, voy a enseñarte algunos secretos que van a ayudarte” y en el camino, le comentó que lo convertiría en un poderoso chamán; situados a la entrada de una gruta, el anciano se desnudó y entró en ella pidiendo a su alumno que estuviera atento a todo lo que viera, entonces apareció nadando un enorme oso polar quien subió al fiordo y se dirigió directamente a la gruta, apenas ingresó, se precipitó sobre el chamán desgarró su cuerpo y “desmembró” sus extremidades; el oso lo devoró y luego vomitó su cuerpo, el chamán gemía pero logró recuperarse y en el camino de regreso a casa le comentó al joven que cada ocasión que se dejaba devorar por el oso, aumentaban sus poderes sobre sus espíritus auxiliares.

En otro viaje iniciático, el chamán decidió que era el turno del joven aprendiz, lo invitó a desnudarse e ingresar a la gruta, cuando se apareció el oso polar, no tuvo miedo ni tampoco sufrió dolor cuando fueron desmembradas sus articulaciones, sin embargo, en el instante en el que el oso mordió su corazón, cuenta el joven que la experiencia fue terrible y dolorosa.

Después de ser vomitado por el oso polar, el peligro ya no le causaba angustia, se sentía protegido, adquirió nuevos espíritus provenientes del pueblo del fuego (Innersuit) quienes lo protegían durante las violentas tormentas. Sin embargo, cuando decidió convertirse al cristianismo, los espíritus lo abandonaron.

II

Cuenta la Literatura Oral Inuit que los seres humanos nos componemos de 4 elementos esenciales: timi (cuerpo), anirniq (el soplo divino) atiq (el nombre) y tarniq (la parte sombreada o alma), que es representada por una pequeña bola de aire similar a la que los mayas acostumbraban dibujar al frente de los rostros de algunas de sus entidades divinas y dignatarios.

El cuerpo auxiliado por el soplo de vida ocupa un punto en el espacio perceptible y finito, en tanto que el nombre es perenne porque se hereda de un familiar difunto a uno recién nacido. Con el nombre, el infante hace propio el conocimiento adquirido por los ancestros (en las dinastías mayas, los nombres de los ahauob’ —reyes— también se reciclaban a través de las generaciones y con ellos, adquirían el prestigio conquistador del ancestro).

Los inuit consideran que venimos a la Tierra a recordar. Para los inuit todo está relacionado con el espacio y el tiempo, existen tres mundos: el humano, el de los espíritus y el de los difuntos. Los tres interactúan sin barreras pero son percibidos en su totalidad únicamente por los chamanes quienes durante milenios fueron los mediadores y defensores de la comunidad frente a lo inasible.

Para los inuit, en el mundo existen diversas sociedades no-humanas y sus integrantes, al igual que los seres humanos, cuentan con la facultad de hablar y nombrar “al otro”. En el idioma de los espíritus, los seres humanos se llaman Tau, significa “sombra” y hace referencia a la parte invisible del ser. Los difuntos nos dicen Pullaaliken difiriendo a la bola de aire que representa al alma y, los osos polares, nos nombran Kanaaqiarjuk haciendo referencia a nuestras flacas piernas.

Existen igualmente diferentes pueblos no-humanos como los “los ljirait” (los invisibles) que aparecen en forma de Caribú; “los taqriassuit” (los sin-sombra) quienes no dejan huellas y provocan el desvarío de los inuit; los itiqanngittut (los sin-ano) quienes desprovistos de órganos genitales, tienden a friccionar sus cuerpos para reproducirse.

El elenco de no-humanos que convivió con los inuit durante milenios, se distinguen por ser cazadores, cazan humanos, algunos de ellos, como los Kukilingiattiaraaluit, acostumbraban retirar las pieles humanas (tal y como descarnaban los mexicah a sus sacrificados en el ritual dedicado a la divinidad mexicah XipeTotec).

 

III

Es a través de la Palabra que formamos y dibujamos al mundo y al mundo dentro del mundo, la Palabra en el universo inuit -como en el maya- además de procurar la comprensión humana, es un vehículo para comunicarse con las entidades divinas y los ancestros.

Caminando por la tundra o por la nieve, en el mundo inuit era común encontrarse con éstos seres no-humanos y, para evitar algún maleficio al individuo que los veía o a su comunidad, al llegar con los suyos, el testigo reunía a sus congéneres y comentaba detalladamente su encuentro con los no-humanos. Exorcizaba con la Palabra al bizarro contacto energético para evitar la llegada a la comunidad de enfermedades y desgracias.

El imaginario chamánico estuvo presente entre nosotros, los Homo sapiens sapiens, por al menos 70 mil años, los inuit que han resistido al embate de la modernidad en Groenlandia y Nunavut, conservan trazos de esa relación con el más acá.

 

Facebook: Claudio Obregón Clairin / Literatura y Mundo Maya

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