CARLOS VARELA: HACER MONOS ES UNA COSA SERIA

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DE VIVA VOZ

“El papel del caricaturista editorial es tocarle el hombro a quienes tienen el poder de decisión que afecta a la comunidad y decirles lo que están haciendo mal”

 

  • Profesionalmente veo a la política como algo folclórico y chistoso, pero personalmente me da mucho coraje, porque de ellos depende nuestro bienestar y por eso estamos como estamos
  • La caricatura editorial es un ejercicio brutal de análisis y de síntesis, porque eres tan editorialista como el que escribe, solamente que con dibujos
  • Independientemente del humor gráfico, lo que se ha perdido y eso sí es de pavor, es el análisis de la noticia
  • La política es como las novelas de Televisa, donde el que ayer era el villano ahora es el héroe y el que antes era el bueno, ahora es el malo

 

 

SALVADOR CANTO

Lo que comenzó como un reto familiar se ha convertido para Carlos Varela en poco más de 35 años de carrera, en su forma de existir: vivir de la caricatura editorial.

Colaborador y fundador de El Despertador de Quintana Roo, del que es parte esencial para la consolidación de este importante medio de comunicación, el “monero”, en una faceta distinta y sin perder su buen sentido del humor para ver las cosas, platicó De Viva Voz cómo ha sido su paso dentro de este noble oficio, las complicaciones y los riesgos por los que ha pasado.

Definido como una persona inconforme profesionalmente, pues reveló que nada le gusta, ya que siempre busca que las cosas tengan otra opción e incluso porque existen otras maneras de hacerlas, describió la caricatura como un ejercicio brutal de análisis y de síntesis, llevado a un segundo nivel de la mano con el humor.

No obstante su  profesión es la de diseñador industrial, carrera que estudió en Guadalajara, Carlos Varela asegura haber sido el alumno que peor dibujaba en el grupo, pero a pesar de ello, “creo que soy la única persona que vive del dibujo”.

Consideró que de no haberse dedicado a monero —labor que le ha dado muchas satisfacciones—, hoy sería psicólogo, carrera que “deseo con todo mi corazón estudiarla en algún momento, pues desde siempre he sido un apasionado del comportamiento humano que es parte de lo que hago en las caricaturas”.

Destacó que aunque en la parte humana el tema de la política es algo que le disgusta por la forma en que hacen las cosas y que se refleja las condiciones actuales en las que se encuentra el país, en lo profesional lo ve como algo folclórico y chistoso, lo que incluso le ha facilitado desarrollar su trabajo en cada uno de los cartones que realiza.

 

—¿De dónde eres originario y cómo llegaste a Cancún?

—Mi familia es de la Ciudad de México y cuando yo nací se fueron a Acapulco, ellos son emigrantes. Finalmente mis papás se quedaron allá y cuando cumplí los 18 años me fui a estudiar a Guadalajara y de ahí a varios lugares de la República y por azares del destino acabé en Cancún. Fue muy vaciado porque mi hermano que es hotelero aquí, me habló para decirme que estaban necesitando un diseñador que además fuera caricaturista, ‘¿por qué no vienes?’, me dijo. Yo mandé mis trabajos por fax a la operadora Anderson, me dijeron que viniera a hacer pruebas y ahí me quedé. En ese mismo lapso entré también al Novedades de Quintana Roo y realmente no es que me quedara en Cancún, sino que nunca me fui.

 

 

—Con el tiempo que llevas aquí te ha tocado presenciar el crecimiento de Cancún, ¿qué recuerdos tienes de hace 34 años?

—Claro que he visto el crecimiento de la ciudad, porque en ese entonces sí podías llegar caminando a cualquier lado, se acababa la ciudad a la mitad de la avenida La Luna. Algo que recuerdo mucho es que conocías a mucha gente y por las condiciones del crecimiento de Cancún era casi imposible conocer a nativos mayores de edad, toda la gente mayor de edad era de otros lados porque la gran mayoría éramos inmigrantes y es muy chistoso vivir en una ciudad que es más joven que uno. Hasta la fecha prefiero por mucho subirme a la combi y es algo bien vaciado porque hace muchos años, cuando me subía al camión, me encantaba porque la gente platicaba de lo que pasaba, pero llegaron los dispositivos de sonido, los Ipod, reproductores de MP3 y la gente dejó de platicar y después de eso empezó la gente a usar el teléfono y ya no te enteras tanto, ahora tienes que estar muy pendiente de las redes. Pero bueno, soy más de ver de qué se está quejando la gente para irme por ese lado o mis propias vivencias del día al día.

 

 

—¿Cómo se define Carlos Varela?

—En lo personal me defino como un inconforme profesional, nada me gusta, siempre busco que las cosas tengan otra opción, siempre veo que hay una manera mejor de hacer las cosas. Sin embargo, también es una manera frustrante de vivir porque sé que las cosas siempre pueden ser mejores, por lo que acepto lo que existe, tal como está y tomo lo mejor de lo que hay. En cambio, como caricaturista, creo que mi trabajo es tocarle el hombro a toda aquella persona que tiene el poder de decisión que afecta a la comunidad y decirle lo que está haciendo mal. Yo critico partidos políticos por igual, de izquierda, derecha, de centro, los que están en un partido, los que se fueron al otro, los que llegaron y están haciendo mal las cosas, así como a las iglesias, asociaciones, empresarios y quien sea necesario porque considero que si me están dando un foro y soy un crítico, mi trabajo es decirle las cosas al que está afectando a la comunidad. Así es como yo me defino, como alguien que señala a quien está haciendo mal las cosas. Quiero decirte además que lo que trato de hacer en la caricatura es no meterme demasiado en estructuras, análisis e ideologías políticas porque entonces te vuelves en un experto de tanto nivel que nadie entiende de qué están hablando.

 

 

—Para ti, ¿qué es la caricatura?

—Un ejercicio brutal de análisis y de síntesis, porque como caricaturista editorial tú eres un editorialista como el que escribe, solamente que yo lo dibujo, es un experto o analista en un tema que da una opinión, entonces, para mí es todo ese análisis, toda esa investigación, mucha o poca, profunda o no, correcta o incorrecta, y ese análisis resumido y sintetizado en tres o cuatro palabras. Por eso digo que es un ejercicio brutal de análisis y de síntesis, pero además, llevado al siguiente nivel porque es humor, entonces es un ejercicio mental delicioso.

 

 

—¿Cómo iniciaste tu carrera en el mundo de la caricatura?

—Por un reto y por azares del destino. Yo soy diseñador industrial, mi habilidad natural no es el dibujo y si la tengo es porque la he practicado y me gusta y es mi pasión, pero no es mi habilidad natural. En la carrera yo era el que peor dibujaba en el grupo y creo que soy la única persona que vive del dibujo, cosas del destino. Comencé porque en una ocasión viviendo con mis papás, cuando yo tenía 22, 23 o 24 años, no sé, vi una caricatura en el periódico y le comenté a mi mamá: ‘qué fea caricatura’ y me respondió: ‘tú la podrías hacer mejor ¿no?’. Le dije que sí, claro y que me dice: ‘a ver si es cierto’, y que me puse a hacerla y nada más por el reto la llevé al periódico Novedades de Acapulco y que me la publican y después de que vi mi trabajo publicado en un diario, mi vida cambió. Desde ese día dije ‘de aquí soy’, porque me encantó verla, luego llevé otra y me la publicaron, llevé otra y esa no me la publicaron y ya empecé a platicar con el director, quien tuvo la paciencia de irme indicando, yo estaba muy joven y él me decía qué era lo correcto y qué era lo incorrecto, de qué se trataba la caricatura y me fue guiando. En resumen, tuve mucha suerte porque comencé a hacer caricatura como profesional, nunca empecé como amateur.

 

 

—¿Cuál es el proceso y cómo te centras para el desarrollo de un cartón?

—Hay un concepto  que se llama “el ojo de monero”: ya que tienes una idea, por ejemplo, alguien que se resbala con una cáscara de plátano se observa ¿en qué momento lo pones?, ¿cuándo la va a pisar?, ¿cuándo se está cayendo?, ¿quién tiró la cáscara?, ¿un chango?, ¿un camión de plátanos? y todos estos detalles que componen la caricatura es el ojo de monero, es un asunto delicado. Yo por ejemplo, lo que cuido mucho en una caricatura, es que trato de que no sea ofensiva necesariamente, hay veces que se tiene que conjugar con cosas populares como lenguajes medio vulgares y las pongo porque son parte del humor, pero trato que no sean ofensivas en exceso por señalarle a alguien que hizo algo malo y ese es un detalle que cuido mucho. A veces ni siquiera hago una crítica al tema, sino que hago una caricatura o un chiste sobre el tema para que la gente se interese en ello y comience a investigar.

 

 

—¿Cómo consideras que te ha ido como monero político?

—Yo creo que he tenido mucha suerte. En una ocasión, hace mucho tiempo tuve una amenaza velada, pero de ahí en fuera, a la gente le da mucho gusto verme y es una maravilla y creo que tiene que ver con eso que cuido de no ser excesivamente corrosivo. No he recibido amenazas directas, a la gente le da mucho gusto verme, ocasionalmente hay quien cuando me conoce se le eriza el lomo porque no le gustó algo que dije, pero en donde he presentado mi trabajo a la gente le gusta y regularmente me contratan, así que en ese aspecto creo que he tenido mucha suerte.

 

 

—¿Qué personaje de la política o vida pública es el que más trabajo te ha costado dibujar y porqué?

—La persona que más trabajo me ha costado como caricatura ha sido Martha Sahagún, la esposa de Vicente Fox, creo yo que por los rasgos, porque hay gente que trae la caricatura puesta, por ejemplo Magaly Achach y ‘Chacho’ (Juan Ignacio García Zalvidea), ya eran unos personajes y Remberto (Estrada) igual, era una maravilla dibujarlos. En cuanto a caricaturizar, analizar y plasmar independientemente del dibujo como personaje, cada uno tiene su dificultad, pero sí recuerdo uno en particular que también era complicado como Francisco Alor, pues por la imagen que daba y por todo lo que lo rodeaba era muy difícil combinar esos elementos.

 

 

—Dices que no te han amenazado directamente, pero ¿hay algún político o funcionario que te haya reclamado o se haya disgustado por tú trabajo y cómo has tomado esa situación?

—En Quintana Roo, yo creo que por las circunstancias, por el estado, por la juventud y otras muchas cosas, la gente es muy civilizada por decirlo de alguna manera y no he tenido reclamos. Una o dos personas se han incomodado, pero a mí directamente no me han dicho nada, una chica que trabajaba con Paul Carrillo me dijo en una ocasión que cuando el expresidente municipal veía su caricatura hacía un berrinche, pero yo no tengo manera de comprobarlo y este es el único del que he sabido, pero en Acapulco en donde crecí y en donde trabajé en el Novedades, una vez sí me dio pavor porque en ese tiempo estaba de gobernador Rubén Figueroa a quien todo mundo conocía por su forma de actuar, él fue quien detuvo a la guerrilla hace 60 o 70 años y era de armas tomar. Ya sabíamos quién era y yo criticaba y criticaba, y el periódico me los publicaba y yo feliz, hasta que una vez en el periódico llegó un reportero muy serio y me dijo: ‘oye, Carlos, vengo de la reunión del gobernador y me llamó y me dijo que te preguntara si ya no eres su amigo o de qué se trata’. Yo en mi vida lo había visto en persona, pero por supuesto que con ese mensaje ya supe de qué se trataba y sabiendo quién era, en ese momento sí me dio bastante miedo y ahí le bajé.

 

 

—¿Cómo “monero”, qué opinas de la política actual en México y en Quintana Roo?

—Es muy chistoso, la veo como en las novelas de Televisa donde el que ayer era el villano ahora es el héroe, el que antes era el malo ahora es el bueno, y el que antes era el bueno, ahora es el malo y además en cada elección y en cada período vemos las mismas estrategias, los mismos argumentos, los mismos diálogos, las mismas maneras de hacer mal las cosas. Llega el punto en que tengo que verlo como algo que no me amargue la vida porque además veo las noticias y les tengo que dar seguimiento todos los días. Ahora, profesionalmente yo veo a la política como algo folclórico y chistoso. Pero personalmente me da mucho coraje, porque de ellos depende nuestro bienestar y por eso estamos como estamos.

 

 

—¿Pero ese folclor te da muchas ideas para las caricaturas?

—Claro que sí, es curioso porque profesionalmente me ha tocado que el personaje se adelanta al chiste y recuerdo que dos o tres veces publiqué de ‘Chacho’ y yo decía, oiga señor, el que hace las caricaturas soy yo, no las haga usted porque en una ocasión llegó al carnaval con una camisa floreada, arremangada como bailarín.

 

 

—¿Consideras que con el surgimiento de nuevas herramientas para expresar la opinión pública, esta profesión que realizas ha ido a la baja?

—Sí  ha ido muchísimo a la baja, cada vez la gente ve menos a los moneros, comparado con lo que había antes y además creo que está bien, porque es parte de una evolución natural sana, pues antes había 20 periódicos, 50 revistas, algunos otros librillos y ahorita todo mundo tiene un foro. Entonces sólo podíamos publicar los elegidos que se consideraban mejores y había otros muy buenos en cuanto a ideas, pero que no podían publicar o no publicaban regularmente y ahora sí pueden. Entonces, tenemos un vendaval de material gráfico-humorístico de excelente calidad, en ocasiones el genio mata el presupuesto, porque muchas veces se ven cosas que están mal dibujadas, mal hechas o mal fotomontadas, pero la mayoría son muy buenos y yo creo que está en esa evolución. Finalmente va a llegar el momento en el que las cosas se tienen que decantar y va haber cierto refinamiento, va a haber gente que busque algo mejor, los muy buenos van tener muchos seguidores y los esporádicos tendrán otros. Pero independientemente del humor gráfico, lo que se ha perdido y eso sí es de pavor, es el análisis de la noticia. Los periódicos están cayendo “cañón” tradicionalmente y están surgiendo los portales y no todos tienen calidad. Aparte de eso, no hay muy buenos reporteros, periodistas y los que hay tienen que estar limitados al medio en el que están y si son independientes no pueden, viven con el temor de que los puedan asesinar; entonces pasan muchas cosas que hacen que el análisis de la noticia esté disminuido y eso sí afecta mucho a la caricatura editorial.

 

 

—Con este panorama, ¿qué hace un monero en estas circunstancias para sobrevivir en medio de una pandemia?

—Se pueden hacer muchas cosas, lo que pasa es que tienes que estarle buscando y buscando en donde brinque la liebre. Por ejemplo, antes de la pandemia yo trabajaba muy bien, estaba en un hotel de arte, era de los artistas residentes y me estaba yendo muy bien, estaba haciendo el área de niños y aparte trabajaba con el Instituto de la Cultura, les hacía yo las efemérides y aparte hacía libros, pero llegó la pandemia y todo esto se redujo, y ahorita no me lo esperaba pero estoy viviendo de vender dibujos personalizados, los ofrecí y la gente me comenzó a pedir y se fue haciendo muy específico. Ahora vendo dibujos de gatos para doctores y eso es lo que me ha funcionado muy bien.

 

 

—Si no hubieras sido monero, ¿a qué se dedicaría Carlos Varela?

—Es una buena pregunta porque no tengo ni idea; además soy diseñador industrial y el diseño industrial es una carrera que está fuera de la realidad nacional, soy un diseñador de objetos y pues México es administrador, no es creador, no produce gran cosa, entonces no creo que yo me hubiese dedicado a eso. Ahorita lo que deseo con todo mi corazón es estudiar psicología, tengo muchas ganas de estudiar la carrera pues desde siempre he sido un apasionado del comportamiento humano que es parte de lo que hago en las caricaturas y respondiendo tu pregunta, creo que sería psicólogo.

 

 

—Como artista, ¿consideras que hace falta más apoyo para la cultura en Cancún?

—Es un punto muy polémico, por ejemplo el actual director de la cultura cuando entró, tenía unas ideas muy buenas de llevar caravanas culturales a las regiones en las que hubiera pequeños sketches de teatro, cuentacuentos, gente que leyera pequeñas historias, varias cosas muy interesantes. Y todo estaba interesante porque de esa manera siembras en la gente la idea de que la cultura puede ser divertida, y ya no tiene que ser algo inalcanzable o “fifi”, para utilizar términos actuales. Sin embargo, hay un dilema en el que no se puede dar apoyo a algo que el pueblo no demanda, no quiere o no le interesa y si bien se dice que hay apoyo a la cultura es porque hay creadores, pero la mayoría de los ciudadanos lo primero que demanda es que primero haya frijolitos en la mesa y la cultura pasa a segundo plano, pues además quién va a ir a ver una obra de teatro cuando las mamás terminan cansadas de atender a sus hijos y los papás se levantan a las cinco o seis de la mañana para ir a trabajar y regresan hasta las 10 y es gente que está exhausta.  Apoyar a la cultura sí se debería dar por supuesto, pero no se trata de conseguir presupuesto para darlo, tiene que ser alguien muy brillante que haga un análisis de la situación y adecuar la propuesta para la situación.  Por ejemplo, sé de gente de teatro que está haciendo cosas interesantes con obras de un profundísimo contenido social y cuando las presentan en colonias, la gente queda impresionada y sí les causa un impacto. Entonces, no sólo es asignar presupuesto, que insisto, sí debería de haber, pero creo que el apoyo esencial es logístico. Pues ese presupuesto, mucho o poco, mal aplicado no sirve para nada, pero bien aplicado puede ser maravilloso. Por eso creo que lo que hace falta es el apoyo bien aplicado.

 

 

—¿Has pensado en dar talleres para enseñar el arte de la caricatura?

—De hecho ya he dado talleres, he trabajado en la Casa de la Cultura, el Instituto de la Cultura, di un taller en la universidad Anáhuac, uno en La Salle, es muy agradable y padre, yo me la he pasado muy bien y disfruto mucho, pero pasa algo muy interesante, cuando la gente ve caricatura piensa que es algo así como para niños o chistoso y por lo tanto no implica un compromiso. He tenido la gran suerte de que mucha gente que va sí está muy comprometida, de hecho en uno de los talleres que di, vinieron dos personas de Playa del Carmen porque eran escenógrafos y les interesaba mucho. Entonces, llega el momento que es pesado dar talleres para poca gente comprometida, sí los he dado, pero no es algo que haga muy seguido y de hecho, no tengo contemplado hacerlo pronto.

 

 

—¿Recuerdas alguna de tus caricaturas favoritas y cuál era el mensaje plasmado?

—Se sacaba de publicar nuevamente una que publiqué hace 25 o 30 años, y a lo largo de todos estos años de caricaturista la he publicado unas 10 veces, la vuelvo a dibujar casi siempre y es una caricatura que dice: ‘no sé qué me da más miedo, los candidatos que dicen cosas que no saben que no pueden cumplir, o los candidatos que dicen cosas que saben que no pueden cumplir’. Esa es una que a lo largo de los años es una constante. Eso refleja que tenemos ignorantes que tienen toda la buena intención, pero no sirve para nada porque solo es buena intención y tenemos pillos que se las saben de todas todas.

 

 

—Como crítico dentro de tus dibujos, ¿qué opinas del presidente de la República?

—Hay algo que me tiene en una extraña ambivalencia, con sabor agridulce, la situación actual en la cual la gente apoya al presidente. Me es muy doloroso que caigan en ser seguidores mesiánicos, en que adoren al salvador y no dudo que el señor esté haciendo cosas buenas, de hecho sí sé que las está haciendo, y muchas cosas están bien intencionadas, pero la gran mayoría de las cosas que hace podrían haberse hecho de una mejor manera, como por ejemplo el tema de los fideicomisos, a menos que te quieras robar el dinero, pues no los cortas. Es como la persona que va al doctor porque le duele un brazo y deciden cortárselo y eso no es así. Me cuesta mucho que la gente esté siguiendo a ciegas al presidente, pero a la vez me da mucho gusto que tengan pasión por la política y eso es lo agradable, gente que antes no se interesaba o nada más se hacía la víctima y ahora está interesada, y eso es un gran paso en cuanto a la sociedad.  Habrá quien diga que las cosas están bien, pero habrá quien cambie de idea y es maravilloso porque es madurez política social.

 

 

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