CANCÚN, CRIMINAL ABANDONO Y DESIGUALDAD

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Lejos de atender la abismal diferencia social entre las zonas hotelera y urbana de Cancún, las autoridades se han desatendido de la problemática durante sus cinco décadas de existencia, lo que mantiene a miles de familias entre carencias que se acrecientan cada día

 

SALVADOR CANTO

 

La gran brecha de desigualdad que existe desde el nacimiento de Cancún entre la zona hotelera y la zona urbana ha pasado a convertirse en un auténtico acantilado, porque a lo largo de sus cinco décadas de existencia, ninguna autoridad le ha dado la atención adecuada.

Por el contrario, han permitido y hasta fomentado una disparidad que en cada proceso electoral es retomada como parte del mismo discurso político de siempre, en donde anuncian programas para atender dicha situación, pero jamás se ha cumplido, pues para los actores políticos el tema representa un jugoso botín de campaña.

Desde su fundación, los roces entre grupos locales, estatales y federales por la conducción de Cancún han sido constantes y el resultado ha sido un destino turístico fragmentado, con grandes desigualdades entre la zona hotelera en donde todo es lujo, y la mancha urbana en donde predomina el rezago constante.

A la fecha, el área urbana de Benito Juárez ha cuadruplicado su crecimiento con respecto al polígono original planificado por el entonces Fondo de Promoción de Infraestructura Turística (Infratur) en lo que fue el proyecto Cancún y del que nunca se imaginaron que tendría el éxito que hoy posee.

Pero lo peor es que gobiernos van y gobiernos vienen, y a 51 años de distancia ese crecimiento desproporcional entre la zona hotelera y la parte urbana es abismal, pues el área turística recibe todo tipo de inversión pública y privada; en tanto, la urbe mantiene un permanente rezago y complicaciones en su infraestructura y servicios que se traduce en problemas permanentes para miles de familias.

Parte de esta problemática procede del incremento imparable de asentamientos irregulares como consecuencia de incesantes invasiones, un lentísimo proceso de regularización de la tenencia de la tierra y un claro faltante de servicios básicos como agua potable, drenaje, recolección de basura, alumbrado público y pavimentación de calles.

A esto se le suma el crecimiento desproporcional y el caos que han provocado fraccionamientos con construcciones verticales que en lugar de hacer viviendas cómodas, edifican “cajones” que propician el hacinamiento en regiones como las denominadas “favelas de Cancún”, donde prevalecen la violencia e inseguridad.

 

Cancún, “ciudad de orillas”

Al igual que otras ciudades turísticas, Cancún se ha convertido en una “ciudad de orillas”, caracterizada por la polarización entre un centro impoluto, elegante y globalizado en la gran zona hotelera, y por otro lado una zona urbana que padece el abandono y el desinterés de las autoridades para atender esa desigualdad.

Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) del año 2016 coloca a Cancún como un modelo y paradigma del desarrollo, esto es, de la reconfiguración del país como un México Resort: un modelo que genera “ciudades de orillas” que cuentan con un centro elegante e intercomunicado globalmente, con servicios y tiendas de prestigio internacional, rodeado de cinturones de miseria donde se alojan los trabajadores precarizados.

Como se sabe desde su origen, Cancún se concibió como un lugar integrado por una zona hotelera y una zona urbana.

La oferta de empleo para su edificación hizo de Cancún un lugar de gran atracción para cientos de migrantes de origen rural que se contrataron inicialmente en la construcción y posteriormente en la hotelería como hasta hoy, en donde decenas de personas continúan llegando procedentes de Yucatán, Tabasco, Campeche, Guerrero, Distrito Federal y otras entidades federativas.

La llegada de miles de personas en busca de trabajo generó una creciente demanda de vivienda y ante la saturación de las primeras casas en pleno centro de la ciudad se comenzó el traslado hacia lo que hoy son Corales, Tabachines e incluso Puerto Juárez, Donceles 28 y la Lombardo Toledano, para dar pie posteriormente a los asentamientos irregulares e invasiones en donde nacieron las “regiones” localizadas en la periferia de la ciudad.

Con este modelo, los asentamientos urbanos pauperizados tuvieron un crecimiento desmesurado y desordenado. La urbanización se dio por la vía de la autoconstrucción en predios invadidos, otros baldíos que carecían de servicios y muchos incluso, hasta la fecha siguen en las mismas condiciones.

Es de mencionar que la carencia de servicios básicos, de recreación y de áreas de esparcimiento obedece, entre otras cosas, a que el crecimiento demográfico no ha tenido una respuesta en la inversión pública para el desarrollo social.

 

De la opulencia a la pobreza

La realidad cotidiana para miles de personas que trabajan en la zona hotelera de Cancún oscila entre dos mundos diametralmente distintos, pues su periodo laboral transcurre en verdaderos palacios, en donde todo es lujo y opulencia en hoteles de tres, cuatro y hasta cinco estrellas, cuyo prestigio es lo que buscan los turistas que llegan al destino.

Mientras tanto, los trabajadores anhelan lo que ven y se frustran con la realidad. Ahí, se desviven por dar un buen servicio a cambio de una remuneración económica que reciben quincenalmente y que dadas las circunstancias actuales de la pandemia y las modificaciones hacendarias hacia las empresas, se ha visto reducida considerablemente, al grado que hoy en día no alcanza en muchos casos ni siquiera para la adquisición de una canasta básica.

Al salir de su trabajo, los empleados retornan a su verdadera realidad: a sufrir con un deficiente transporte público, con el riesgo de la inseguridad; llegar a su casa en muchos casos resulta una “pesadilla” porque de pasar horas en un hotel de lujo arriban a un espacio reducido, en construcciones en mal estado, algunas incluso de material endeble, en medio de incontables carencias, que es lo que realmente marca la gran brecha de desigualdad.

En la opinión de Eduardo Estrada, trabajador de un hotel de Punta Cancún, a los gobiernos ni siquiera les interesa que la zona urbana esté bien, pues ellos sólo piensan en la parte turística, incluso en lo que se conoce como el primer cuadro de la ciudad.

“Yo vivo en la región 239 desde hace 17 años y hasta la fecha no tenemos calles pavimentadas, el servicio de energía eléctrica y agua potable es deficiente, y ni qué decir del inexistente alumbrado público”, explicó.

Comentó que a duras penas el salario que percibe le alcanza para comprar despensa y hacer pagos pendientes de artículos adquiridos mediante créditos, por lo que “trabajar en un hotel de lujo, no es miel sobre hojuelas”.

En la periferia de la ciudad, principalmente la zona que abarca toda la Franja Ejidal, es evidente que el cinturón de miseria no sólo no se ha reducido sino que, por el contrario, se sigue extendiendo con decenas de asentamientos irregulares carentes de certeza jurídica y por ende, de servicios básicos.

Por eso, hoy Cancún no sólo debe enfrentar los problemas de la crisis económica originada por la pandemia de COVID-19, sino también los derivados del auge y la falta de atención de las autoridades de los tres niveles de gobierno para poner orden.

 

 

Yo no veo brecha, pero falta atención: Carlos Cardín

Para el exdirector de Fonatur en 1988 y expresidente municipal de Benito Juárez en el periodo de 1993-1995, Carlos Cardín Pérez, no existe una brecha de desigualdad entre la zona hotelera y la zona urbana, sino una zona de amortiguamiento que requiere atención.

“Brecha brecha no la veo, hay una zona de amortiguamiento pero planeada desde su concepción como polo de desarrollo turístico; claro, cada campaña (política) hacen planteamiento los candidatos, abren expectativas muchas veces de más porque hacen promesas que saben que no podrán cumplir, porque una ciudad es cambiante”, explicó.

Y agregó: “desde mi punto de vista lo que se necesita es un cambio en la zona centro con construcciones verticales como se está dando en las orillas de Puerto Cancún con edificios de 12 y 14 pisos y hacia lo que se conoce como el primer cuadro de la ciudad, van a tener que tener mayores alturas porque ya se quedaron muy chaparras”.

Mencionó que el hecho de que no haya acciones concretas ha provocado que la ciudad envejezca tanto en población como en el centro, por lo que “ahora viene la renovación que se ha venido anunciando desde 1993 cuando estuve en la presidencia municipal, cuando teníamos 23 años y ahora tenemos 51 y si bien se han hecho algunos planes y se ha avanzado, pero ninguno se ha concluido, por lo que hay que buscar un plan que sea adecuado y que le den continuidad, no que cada presidente municipal que llegue se invente un plan y luego lo dejan a medias”.

Finalmente, coincidió en que la atención debe darse correctamente porque “coincido, siempre se ha politizado este tema y todos se echan la bolita, pero hay que entender que desde su nacimiento, antes de que se creara el Plan Maestro de Cancún de la Zona Hotelera, se planificó una zona urbana, pero hoy el crecimiento es muy alto”.

 

 

Cancún vs Benito Juárez

En una declaración que constituye un verdadero disparate y que en realidad no abona en nada para reducir la abismal brecha por la desigualdad social entre la zona hotelera y la parte urbana, algunos hoteleros se han pronunciado para que los medios de comunicación distingan bien en cada una de sus notas lo que ocurre en la zona hotelera de Cancún y lo que pasa en la urbe.

De hecho, Roberto Cintrón Gómez, actual presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres, sostiene que “para evitar afectaciones al destino turístico” por temas de inseguridad, los medios de comunicación deben dejar en claro que los hechos delictivos ocurren en la zona urbana de Benito Juárez, lejos del área turística.

Señala que en estos casos el nombre de Cancún incluso se debe omitir porque “una nota roja que sale con el nombre de Cancún, nos afecta a todos, pues los turistas no saben diferenciar que el hecho ocurrió en una región de la ciudad que realmente está lejos del área de playas”.

En contraste, el actual gobierno municipal que encabeza Mara Espinosa anunció al inicio de su gestión que buscaría cambiar el nombre del municipio para llamarlo sólo Cancún.

En su momento, dijo que presentaría una iniciativa que permita a todos los cancunenses aprovechar el valor que ha acumulado la gran marca Cancún, conocida en todo el mundo y “que hemos acuñado todos nosotros, y por ello propondré cambiarle de nombre a nuestro municipio Benito Juárez para llamarse como se le conoce: Cancún”, dijo.

Aseguró que ya existen muchos municipios “que honrosamente llevan este nombre (Benito Juárez) mucho antes que nosotros”, y agregó que con este cambio se aprovecharán al máximo todos los beneficios que genera esta marca de renombre internacional, el cual además no tendrá ningún costo, “pero va a representar mucho beneficio para nuestro beneficio”.

Este tema, que causó revuelo, no ha vuelto a ser tocado porque existen muchos intereses detrás de ello y que reflejan claramente la enorme disparidad entre el Cancún de la zona hotelera y el Benito Juárez de la zona urbana envuelto en múltiples carencias.

 

 

Autoridades han abonado a la desigualdad

No obstante que los tiempos son distintos, desde la administración municipal que encabezó Joaquín González Castro (1984-1987) se veía venir la problemática que conllevaba el crecimiento desmedido de la ciudad, que ya presentaba sus primeros indicios por el éxito que comenzaba a tener Cancún como destino turístico.

Sin embargo, los gobiernos subsecuentes fueron excesivamente tolerantes a esta situación que generó un aumento desmedido de colonias irregulares, e incluso fomentaron invasiones por intereses políticos, como sucedió desde el periodo de Magaly Achach y se continuó con Juan Ignacio García Zalvidea, Francisco Alor, Gregorio Sánchez, Julián Ricalde, Paul Carrillo y Remberto Estrada.

Ninguno de ellos hizo nada para reducir la brecha de desigualdad y se abocaron al éxito de Cancún como destino turístico, pero la parte urbana se siguió rezagando como hasta ahora, pese a que en esta área viven quienes son la fortaleza del destino turístico.

Esto se refleja además por la ausencia de obras públicas de gran relevancia y de beneficio para la ciudad, pues además los gobiernos estatales y federales también han puesto su “granito de arena” para marcar esta gran desigualdad, ya que han optado por hacer obras de relumbrón que han terminado en ‘elefantes blancos’, en el más completo abandono.

Ejemplo de ello son el Auditorio del Bienestar, que hizo la administración de Roberto Borge cerca de Bonfil y en cuya cercanía está también el Poliforum Benito Juárez, que fue otorgado al equipo de basquetbol Pioneros de Cancún y hoy se cae a pedazos.

Otro muestra es la base de la Policía Federal en las cercanías de Leona Vicario, construida desde la administración de Felipe Calderón y que hoy está abandonada y sin uso alguno, cuando todo ese recurso se pudo haberse aplicado para atender la desigualdad entre las zonas hotelera y urbana de Cancún.

En reciente entrevista, Celina Izquierdo Sánchez, exsecretaria técnica del Observatorio de Violencia Social y de Género en el municipio de Benito Juárez, lamentó que pese a ser Quintana Roo un estado turístico que atrae muchísimo dinero, producto de la inversión de diversos tipos, se caracterice la bipolaridad en su desarrollo como entidad federativa.

Dijo que al generarse oportunidades de progreso y al mismo tiempo actos de desposesión a un sector de la población, se culmina siempre en violencia, porque existe un ambiente completamente distinto entre la zona turística y la zona urbana.

 

Pobreza evidencia la disparidad

El perfil de desarrollo de Cancún ha estado caracterizado por una migración constante y una construcción continua porque no toda la gente que ha llegado al centro turístico ha contado con recursos para adquirir vivienda pronto, sino que lo hacen con el paso de los años mediante el apoyo del Infonavit.

Sin embargo, hay quienes carecen de esa prestación y optan por los asentamientos irregulares, un tema que ha sido desatendido por las autoridades y mantiene entre carencias a cientos de familias.

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), Quintana Roo y Baja California Sur fueron las dos entidades que registraron una mayor alza porcentual en la evolución de la pobreza durante el periodo 2018-2020.

En dicho informe dado a conocer la semana pasada, se estableció que con base en los resultados de la ‘Medición multidimensional de la pobreza en México 2018-2020′, en 2018 había 51.9 millones de personas en situación de pobreza, mientras que en 2020, año de la pandemia de COVID-19, dicha cifra incrementó a 55.7 millones.

En ese sentido, Quintana Roo tuvo un crecimiento porcentual de 63.4 por ciento, lo cual significa 346.5 mil personas más en situación de pobreza.

Se explicó que Quintana Roo antes tenía a un tercio de su población en pobreza laboral, pero ahora se encuentra en esa situación más de la mitad de la ciudadanía, con alrededor del 52%.

Ante todo esto, recientemente el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, anunció que dentro del presupuesto del 2022 habrá un programa de desarrollo urbano para diversos destinos turísticos del país, entre ellos Cancún, para moderar los contrastes que existen de las zonas turísticas con hoteles de buena calidad y la situación de las colonias populares.

 

 

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Puntos que reflejan la disparidad entre los “dos Cancunes”

  • El desinterés y engaño permanente de las autoridades para atender la situación
  • Inseguridad que se mantiene a la alza
  • Viviendas inadecuadas, invasiones toleradas por las autoridades que provocan problemas de inseguridad y hacinamiento como en las “favelas”.
  • Infraestructura sanitaria deficiente o nula, que provoca grave contaminación al manto freático y otros
  • Servicios y transporte insuficientes y deficientes
  • Falta de certeza jurídica en el patrimonio familiar
  • El cinturón de miseria cada sigue en aumento
  • La obra pública es limitada o inexistente
  • Debido a las concesiones de todos los servicios, el gobierno se ha convertido en un mero instrumento de recaudación fiscal
  • Posiblemente en materia de trabajo los cancunenses sí están mejor que en sus lugares de origen, pero eso no garantiza una buena calidad de vida
  • Existen más de 100 asentamientos irregulares, así como más de una docena de fraccionamientos que no han cumplido con la municipalización, es decir, la entrega de los conjuntos habitacionales para que el gobierno cumpla con los servicios públicos

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