Black Mirror, el ‘Espejo Negro’ de la tecnología drogodependiente

En su primer capítulo, ‘El Himno Nacional’, destapó los ‘quereres gorrinos’ de James Cameron, el exmandatario conservador británico y ‘artífice’ del referéndum ‘Brexit’ que propició la salida del ‘Reino DesUnido’ de la Unión Europea…

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Black Mirror, una de las series más populares de las que se incluyen en el catálogo de Netflix, estrenó su quinta temporada, generando expectación por saber qué nos depararán los nuevos episodios de una de las producciones más polémicas por su contexto y contenido. La serie británica, ideada por Charlie Brooker, fue estrenada en el 2011 con ‘El Himno Nacional’. Un terrorista, quien es un artista reconocido, exige que el primer ministro británico haga el amor en televisión con una cerda, si quiere evitar la muerte de la infanta de la Familiar Real, adicta a las redes sociales y militante medio ambientalista… James Cameron, en sus tiempos universitarios, prefería a las gorrinas. Pura zoofilia, pero eso sí muy ‘british’… “Mierda. Ahora resulta que Black Mirror se ha convertido en una serie documental”, comentaba su creador. Black Mirror es una distopía que nos ofrece un futuro cercano en el que los elementos tecnológicos imperan, siendo en algunos casos bastante dramáticos. Desde lentillas que nos permiten rebobinar en el tiempo para confirmar hechos, hasta producciones energéticas en base al esfuerzo o incluso una sociedad que se base en los likes de las redes sociales para permitirnos o no coger un vuelo.

Los tres nuevos episodios pretenden seguir la misma línea, con historias que nos hagan reflexionar sobre la tecnología y sus usos. Con un punto de vista dramático en algunos casos, pero verosímil en otros. Las tres nuevas tramas de Black Mirror, producción exclusiva de Netflix, están surgidas de la mente de Charlie Brooker y la productora ejecutiva Annabel Jones. Estas son las sinopsis y los títulos de cada nuevo episodio… ‘Añicos’ nos narra como un taxista, con un plan secreto, se convierte en el centro de atención en un día en el que todo se descontrola. ‘Rachel, Jack y Ashley, too’. Una adolescente solitaria sueña con conectar con su estrella pop favorita, una artista cuya existencia no es tan bonita como parece… ‘Striking Vipers’. Dos antiguos amigos de la universidad se reencuentran y viven una serie de acontecimientos que podría alterar sus vidas para siempre. “¿Tecnofobia? El villano de la función en Black Mirror no es la tecnología, sino las personas”, puntualiza Charlie Brooker, creador de la serie que recorre el lado más oscuro de la era digital y nuestra dependencia de una multiplicidad de ingenios que llegan a convertirnos en rehenes. Producción inclasificable visto su incansable tránsito por géneros y formatos, la quinta temporada presenta tan sólo una trilogía de episodios, con tonos muy dispares y un reparto estelar que incluye a la ex estrella pop Miley Cyrus.

La serie se estrenó con un episodio demoledor sobre un primer ministro británico forzado a practicar el sexo con un cerdo a cambio de la liberación de una popular princesa secuestrada. Aquel título, ‘El Himno Nacional’, es curiosamente el que ha suscitado mayor división entre los espectadores a lo largo de toda la singladura de Black Mirror, recuerda Brooker con orgullo. Su principal ambición -por encima de la tiranía de las audiencias- sigue siendo la capacidad que tiene su serie de generar debate sobre las incertidumbres de la sociedad tecnológica. ‘El himno nacional’ era el título del primer episodio, emitido en el 2011. La miniserie produjo tan solo siete episodios: ‘The National Anthem’ (El Himno Nacional), 4 de diciembre de 2011; ‘Fifteen Million Merits’ (15 millones de méritos), 11 de diciembre de 2011; ‘The Entire History of You’ (Tu historia completa), 18 de diciembre de 2011; ‘Be Right Back’ (Ahora mismo vuelvo), 11 de febrero de 2013; ‘White Bear’ (Oso blanco), 18 de febrero de 2013; ‘The Waldo Moment’ (El momento Waldo), 25 de febrero de 2013; y el especial ‘White Christmas’(Blanca Navidad), 16 de diciembre de 2014. La aclamadísima ficción que nos llega desde Europa regresó con unas esperadas tercera y cuarta temporada, aunque ahora de la mano de Netflix, con nuevas historias increíbles sobre las nuevas tecnologías y su impacto en la sociedad. Hoy estamos ante su quinta temporada…

La televisión, gracias a sus nuevas ‘teleseries’, está viviendo un momento importante ‘enganchando’ a millones de ciudadanos. Hace poco más de un año, unos amigos vinieron al Hospital Galenia de Cancún a compartir unos momentos con nuestra familia tras el nacimiento de mi quinto nieto, Mauro, tras Amaia, Lucas, Telmo y Marcelo. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Nos explicaron los porqués de su ‘desaparición’: “Estamos siguiendo varias series estadounidenses a la vez…”. Hablamos, como no de Black Mirror y ‘El Himno Nacional’ donde es secuestrada una princesa de la familia real inglesa. El terrorista, quien es un artista reconocido, exige que el primer ministro británico haga el amor en televisión con una cerda… Mientras esto ocurría en nuestra ciudad de Quintana Roo, en Londres, unos días antes, se revelaba que el actual premier, David Cameron realizó, en sus años de universitario, actos sexuales con la cabeza de un cerdo. Así que llevaba algún tiempo dándole vueltas a cómo colar, un año después de su último capítulo, una reflexión actualizada sobre Black Mirror. La a realidad real, esa de ahí fuera, ha venido a echarme una mano. Porque Black Mirror, como sabemos sus seguidores más fieles, no es una serie distópica, ni mucho menos un intento de predicción futura: es una ficción retro, un relato que habla en pretérito. De hecho, el propio Charlie Brooker, asombrado por las semejanzas entre el testimonio de lord Ashcroft (quien destapó la excentricidad de Cameron) y el primer capítulo de su serie, tuiteó: “Mierda. Ahora resulta que Black Mirror es una serie documental”. Y es que ya saben el argumento de aquel ‘National Anthem’: el primer ministro británico copula con una cerda en ‘prime time’ para, siguiendo las instrucciones del terrorista, salvar a una princesa secuestrada.

Black Mirror pertenece a una ilustre genealogía a la que un reciente programa de BBC Radio 4, ‘Very British Dystopias’, otorgaba carta de naturaleza como un género tan idiosincrático como la mismísima reina o el té de las cinco. Aunque son muchos quienes han avanzado teorías sobre el origen de esta inclinación nacional por la imaginación apocalíptica, es a Robert Lee Martínez a quien debemos la aproximación más iluminadora sobre el asunto. Según cuenta en su ‘No future: The Realist Impulse in Dystopian Fictions in Britain, 1973-1987’, a la II Guerra Mundial y la amenaza de los sistemas autoritarios, catalizadores de las más clásicas distopías (que podríamos remontar al ‘Brave New World’ de Aldous Huxley o al ‘1984’ de George Orwell), les sucede en Gran Bretaña un periodo donde el optimismo de posguerra pronto se verá traicionado por repetidas crisis económicas y políticas liberalizadoras que harán concebir el presente como un tiempo distópico. La Guerra Fría y la era atómica ofrecerán el decorado a una programación que, en clave local, se llena de huelgas masivas, atentados del IRA, represión estatal, acciones de grupos paramilitares, conflictos armados y hooliganismo, todo ello en medio de la dramática desarticulación de la clase obrera. Esta es la salsa en la que, tras la crisis del petróleo del 73 y el ascenso de Margaret Thatcher al poder (1979-90), se cuecen las principales estéticas del desencanto, una new wave que traduce musicalmente el malestar del día a día (Sex Pistols, The Clash, Joy Division, The Cure) y que en otros órdenes artísticos contempla la aparición de algunos de los últimos grandes narradores de ciencia ficción (J. G. Ballard, Arthur C. Clarke, A. Burgess), los grandes gurús del cómic distópico (Alan Moore, Grant Morrison) y los directores más celebrados del cine futurista con sello de autor (Stanley Kubrick, Terry Gilliam, Ridley Scott). Hablamos del periodo que sienta las bases éticas y estéticas de estas distopías tan británicas en las que se incluye Black Mirror y de las que podríamos trazar un pequeño (e inexacto) recorrido cinematográfico en cuatro fases… La posguerra mundial y la era atómica dan lugar a la llamada ‘época paranoica’ y sus relatos ubicados en un futuro de regímenes totalitarios, apocalipsis nucleares o invasiones extraterrestres, entre los que destacan programas televisivos como ‘The Quatermass Experiment’, ‘1984’ (la primera versión cinematográfica y la adaptación televisiva), ‘Dr Wo’…

Las crisis de los años setenta y ochenta sitúan la crítica social en el centro de la imaginación distópica, con representaciones que exploran un presente alternativo donde se extreman las dinámicas cotidianas (no en vano, la segunda adaptación cinematográfica de ‘1984’ se estrena en 1984). ‘Fahrenheit 451’ (de producción británica), ‘La naranja mecánica’ o ‘Brazil’ integrarían este ilustre conjunto. Los años noventa y la primera década de los 2000 privilegian, por su parte, los efectos del cambio climático y los avances en la ingeniería genética. Recordemos que la oveja Dolly nace en 1996 y que en 2003 se presenta la secuencia completa del genoma humano, lo que motiva películas como ‘Doce monos’, ‘Veintiocho días después’, ‘Resident Evil’ o ‘Hijos de los hombres’. El último giro se produce tras la revolución de las tecnologías de la comunicación y sus repercusiones sobre la identidad personal (reaparece el cyborg), así como la crisis económica de 2008, que vuelve los ojos hacia la gobernabilidad económica y social. Aquí destacan ‘V de vendetta’ (la película), ‘Black Mirror’, ‘Ex-Machina’ o ‘Humans’ (que camina por su primera temporada), mientras podríamos preguntarnos cuántas dosis de retrodistopía política contiene ‘Juego de tronos’.

No quería escribir sobre Black Mirror para no convertir mis columnas contra Black Mirror en una tradición como las columnas antitaurinas de San Isidro de Manuel Vicent, pero he cometido el error de empezar a ver la nueva temporada y he descubierto al fin lo que tanto me irrita de la serie. Hasta ahora creía que lo terrible de Black Mirror era su moralismo tecnófobo, que hacía de su mensaje una simplonería del estilo: “Dejad quietas las pantallitas, que os van a sorber el seso”. Pero eso, con ser pesado, no es lo peor. En sus historias percibo un aroma pulp muy agradable y cada vez más fuerte que recuerda a dos monumentos de la tele clásica: The Twilight Zone e Historias de la cripta, dos homenajes a la era de los tebeos y la literatura de terror de quiosco. Los capítulos de Black Mirror son cuentecillos de miedo más o menos explícito con la tecnología como monstruo, pero están narrados con tanta pretensión, tantísima autoconciencia y tanta falsa voluntad de estilo, que resultan engoladísimos. A mí me empachan como una tarta de merengue. La brillantez de The Twilight Zone y de su primo bastardo, Historias de la cripta, consistía en que no solo se concebían como narraciones inspiradas en la estética de la pulp fiction, sino que eran ellas mismas pulp fictions. Estaban escritas para dar miedo y risa, por eso eran gamberras y se burlaban de cualquier solemnidad de una manera inteligentísima y refrescante. El guardián de la cripta enunciaba moralejas como “la mejor forma de llegar al corazón de un hombre es a través de su caja torácica”, después de un cuento donde una señora evisceraba a un señor. Black Mirror viene a ser el reverso tenebroso de esa actitud, con la gracia del tipo que cuenta un chiste que ya te sabes y, encima, te lo explica.

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