AQUEL TESORO DE LAS AGUAS PROFUNDAS

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ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

De aquella promesa de “administrar la abundancia” que le hiciera a los mexicanos el Presidente López Portillo, al anuncio de la prosperidad que se obtendría con el “tesoro de las aguas profundas” que anunció el Presidente Calderón, había transcurrido más de un cuarto de siglo. Según algunos, suficiente tiempo para que el nuevo espejismo permitiera conseguir el verdadero objetivo: la privatización de los recursos energéticos del país.

La publicidad en los medios de información fue abrumadora, el potencial de reservas de petróleo en las aguas profundas nos volvería a ubicar como grandes exportadores de crudo; el ocupante de Los Pinos anunciaba que después de cuatro años de iniciada la reforma petrolera, los resultados estaban a la vista: se había encontrado un “campo” con reservas estimadas en 400 mil barriles. La conclusión era obvia, necesitábamos la inversión privada para explotar el nuevo “tesoro” y así evitar la tendencia decreciente de producción que Pemex venía sufriendo.

Pero no solo fue el gasto en publicidad la que le costó a la nación.  La empresa petrolera del Estado invirtió durante un período de 15 años en  exploración en dichas aguas, la cantidad de 241 mil millones de pesos y los resultados están a la vista. Según nos reporta el actual director de Pemex, no se obtuvo ni siquiera un barril de aceite o un solo pie cúbico de gas de aquel costoso proyecto. Desde luego que el objetivo era dejar los campos potenciales de tierra firme y de aguas someras, a empresas privadas en las que participaba en diversas formas la gente del poder.

Pero para que la comparación se pueda hacer y refleje la realidad basta señalar algunas cifras. En dos años de gobierno del Presidente López Obrador, la empresa estatal invirtió 80 mil millones de pesos en exploración en donde  había petrolero; la producción adicional diaria ha sido de 186 mil barriles de crudo y 415 mil pies cúbicos de gas. Por lo que respecta a las empresas privadas su meta para el año 2021 es de 50 mil barriles diarios, cantidad bastante lejana a lo que estimaban los privatizadores neoliberales.

Pero esta historia tuvo una segunda parte. Si bien el “tesoro de las aguas profundas” fue una quimera, un distractor para imponer políticas contrarias al interés nacional, los contemporáneos “piratas de cuello blanco” encontraron en las arcas de Pemex lo que “Barba Negra”, “Pata de Palo” y el “Olonés”, entre otros muchos depredadores del pasado, buscaban en los galeones españoles: riqueza en abundancia, mal habida pero bien disfrutada.

La relación de “hazañas” de los filibusteros neoliberales es muy amplia y los sobornos de Odebrecht son apenas la “punta de la madeja”. Podemos citar el sobreprecio en la compra de las plantas de fertilizantes, en el caso de Agronitrogenados 216 millones de dólares y en el de Fertimex 194 millones de la moneda americana. El contrato con la empresa Barsken Idesa para surtirle 66 mil barriles diarios de gas etano, con un precio 30 % por debajo del internacional. La venta a particulares de dos plantas de hidrógeno, ubicadas en las mismas instalaciones de las refinerías de Tula y Cadereyta,  con el compromiso de comprarles el producto a precios alzados. Todos estos, junto con los que omitimos o desconocemos, son apenas unos “botones de muestra” de una forma de transferir riqueza pública a las manos de traficantes de influencias.

Después de enterarnos de todo esto, queda muy claro la causa de la cuantiosa deuda que Pemex arrastra, pero nos queda la esperanza de que las cosas sean ahora distintas y que esta empresa deje de ser botín de piratas como lo fue hasta hace no mucho tiempo. Eso sí, también esperamos que en los casos mencionados no haya ni perdón, ni olvido.

 

 

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