Alma de soldado

José Juan Cervera

Cada nación forja su historia con sucesos dramáticos y dilemas colectivos, con las prácticas que distinguen los vínculos entre sus ciudadanos y con todo aquello que define la evolución de sus instituciones, aunque algunas veces predomine la sensación de que los retrocesos ganan terreno cuando personajes inequívocamente funestos alcanzan altas investiduras.

La Guerra de Secesión que sacudió a los Estados Unidos de América en los años sesenta del siglo XIX configuró cambios decisivos en su estructura política y marcó su huella en numerosos testimonios documentales, así como en la narrativa literaria. Ambrose Bierce escribió un libro de relatos inspirado en ella. El célebre escritor estadunidense, cuya desaparición física está íntimamente ligada a la Revolución mexicana –tal como lo dejan ver la novela que Carlos Fuentes le dedicó y su versión cinematográfica- plasmó la intensidad del conflicto que dividió a su país entre los estados del sur y del norte, los cuales desplegaron sus banderas en torno al problema de la esclavitud y a la defensa de sus respectivos sistemas productivos.

Durante su juventud, Bierce tomó parte en esa guerra, por lo que conoció de cerca personajes y hechos a los que luego dio nueva vida en sus Cuentos de soldados y civiles (1891), con pasajes que vibran al influjo de la vigorosa pluma de quien asentó, en su Diccionario del diablo, que “el terreno de la paz está sembrado con las semillas de la guerra y favorece su germinación y crecimiento”, aunque hace énfasis en el contexto de las relaciones internacionales y cita un pasaje de Coleridge alusivo a los cantos bélicos que se hacen escuchar inesperadamente en climas de prosperidad.

En su estilo, el autor luce la habilidad de evocar atmósferas opresivas y desesperadas que ponen a prueba la aptitud de sus personajes para responder a circunstancias imprevistas, quienes, mostrando caracteres trazados con efectiva sobriedad, sucumben invariablemente a su destino. Al exponer las fibras emocionales que los mueven, describe cuadros de aflicción absoluta. El aplomo del espía que se supuso condenado a la horca se quiebra al saber que antes del amanecer habrá de pasar ante el pelotón del fusilamiento, imagen que contrasta con la serenidad del general enemigo que lo instaba a deponer su actitud aparentemente despreocupada, cuando toca la última hora casi simultánea para cada uno de ellos.

El paisaje adquiere una importancia singular en el plano narrativo de esta obra, tanto por alojar el campo de los movimientos militares como por contener los elementos con que los personajes construyen su interpretación del mundo ante la urgencia de concebir nuevos medios para defender su precaria sobrevivencia. “No hay ninguna región, por muy salvaje y accidentada que sea, que los hombres no puedan convertir en escenario de guerra”.

El registro subjetivo del entorno es el complemento necesario de los estímulos del ambiente, al grado que pueda proyectar visiones de apariencia sobrenatural, como la percibida a manera del vuelo de un jinete sobre un acantilado, o bien las alucinaciones que fingen una providente salvación en el límite del delirio, y es por ello que el prisionero del puente sobre el río del Búho cree experimentar una conciencia acrecentada que lo lleva a reconocer los más leves estremecimientos de los seres de la naturaleza.

Si bien todo en esta colección de cuentos pareciera reducirse a escenas de combatientes pertrechados de sólidas convicciones y a inéditas experiencias de civiles con alma de soldado cuando no con simple inclinación a la frivolidad, las mujeres constituyen una presencia latente, sea por desencadenar amarguras conyugales o por prodigar desdenes que los afectados prefieren trocar por el aire viciado de la guerra.

Ambrose Bierce, príncipe del sarcasmo y de la ironía, detona la imaginación del lector con historias de intrepidez y abatimiento, disueltas en el regusto atronador y mortífero de la pólvora.

Ambrose Bierce, Cuentos de civiles y soldados. Traducción de Alonso de Ilera. México, Grupo Editorial Multimedios, 1998, 93 pp.